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Usan por primera vez con éxito un corazón artificial portátil

Un equipo de la Fundación Favaloro le implantó un corazón artificial portátil al paciente argentino Carlos Santillán, después de estar al borde de la muerte por una insuficiencia cardíaca que le había provocado hipertensión pulmonar, falla renal y hepática, desnutrición y pérdida de masa muscular.

“Estaba muy mal, ya no podía caminar, tenía mucha retención de líquidos y dependía de drogas que hacían latir su corazón -explica el doctor Roberto Favaloro, quien lideró la intervención-. Pero, además, como tenía hipertensión pulmonar, no era candidato para un trasplante, porque los corazones de donantes no están preparados para bombear sangre con presión alta.”

Según el especialista, había dos alternativas: o se intentaba un trasplante cardiopulmonar en block (para el que no abundan los órganos)… o se lo mandaba a la casa con lo que se conoce como “tratamiento compasivo”.

A Carlos, que actualmente tiene 32 años, la insuficiencia cardíaca le había aparecido por causa desconocida, y desde hace cuatro años empezó a notar que se cansaba más de la cuenta.

Su condición era una miocardiopatía idiopática [sin causa conocida], que se presenta con más frecuencia en pacientes de entre 15 y 45 años -explica Favaloro-. Y ya había informes de otros centros de que al descomprimir el ventrículo izquierdo con el tiempo baja la presión pulmonar.

El dispositivo mecánico, de origen alemán, opera como una bomba que impulsa la sangre del ventrículo izquierdo a la aorta. Al caer la presión “de llenado” del corazón, baja también la presión en el circuito pulmonar.

“Es lo que ocurrió en este caso -dice el doctor Alejandro Bertolotti-: ya está prácticamente en valores normales. Así, abrimos la posibilidad de que sea candidato para un trasplante. Ahora sí podemos ofrecerle un tratamiento definitivo”.

En plena rehabilitación Carlos puede deambular por el barrio, hacer las compras, e incluso trasladarse a visitar a familiares o amigos, gracias a que el dispositivo tiene una autonomía de seis horas.

Pero si esta tecnología desconcierta, pronto, anticipan los especialistas, llegarán dispositivos totalmente implantables. “Esto es el futuro -afirma Favaloro-. Porque nos da la ventaja de que podemos esperar. Y en lugar de trasplantar un corazón «limítrofe», nos da tiempo para aguardar el mejor órgano”.

Fuente:

  • LaNacion.com.ar

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