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Un hasta luego al amigo Francisco Fantes Mijares

Rafael Muci-Mendoza

Se fue Francisco y nos dejó cegados y confundidos… como un relámpago en un cielo claro. Le recordaremos como un hombre pausado, meditativo, de paso lento y firme, de ideas claras y de espíritu dispuesto. Detrás de su aparente tranquilidad bullía un alma inquieta, un investigador acucioso de su propia herencia llegando hasta desentrañar los vericuetos de la ruta de sus ascendientes como un tributo a la sangre; pero además, una disposición de médico bueno y bondadoso, de esos que pocos quedan. Esa sangre turbulenta le obligó a ser mejor, a aprender en demasía y a dar a los demás como el dador feliz de la Sagrada Biblia, dando y más dando a todos sin excepción y sin esperar ningún retorno de lo dado…

Él a menudo repetía en los Cursos,  que en sus días de estudiante no sabía que ruta de especialista debía tomar y que una vez oyó una clase de fondo del ojo que yo les dicté a un grupo de médicos y estudiantes, para que su decisión de ser oftalmólogo fuera tomada. Qué tributo mayor, que tamaño homenaje a un simple profesor de medicina que ni oftalmólogo era… Igual, él a su vez, me iluminó e iluminó a muchos que tuvieron la dicha de pasar a su vera y aquellos muchos otros a quienes convencía por su humildad, sapiencia y bonhomía. ¡Cómo me gustaría ser como él! Repetíamos…

Ya el ¨Curso¨ nunca más será igual. Algo le faltará… Era Francisco la argamasa, el sostén y el brillo alrededor del cual gravitábamos todos los profesores invitados, y también, los estudiantes provenientes de todos los confines de Hispanoamérica. Su grito entusiasta de fin de jornada, ¡Y ahora… Rifaaa!, nos hacía sonreír agradecidos de tener un cercano amigo que además era un showman, un presentador con alma de vendedor de ilusiones para que las transformáramos en hechos. Los que le conocimos, supimos además, que era un hombre de verdad, pues siempre hacía de ella artículo de fe y tenía ganada fama de ser ciudadano veraz y auténtico, un hombre honrado sin dolo ni artificio.

No quiero que este, mi homenaje, en forma tediosa y fría enumere de sus numerosos méritos ni hable de su personalidad diamantina, de facetas brillosas y multicolores, como investigador, profesor universitario y como oftalmólogo y glaucomatólogo de elevada postura. Tarea sencilla sería repetir los jalones que fue alcanzando en su vida médica, pero creo que es un error reducir una vida a fríos hechos, que si bien importantes, impiden mirar y aprender del sujeto que ha estado tras bastidores; quedaría excluida el aura de fulgurante humanidad que le envolvió, rezumando, y contagiando a quienes cerca de él estuvimos, y que por cierto no fue un regalo o don que le otorgaron los dioses, sino una intención consciente preñada de un vehemente deseo de trascender más allá de las pequeñeces y vanidades que enturbian el entendimiento.

Tantas veces el fatum se nos antoja injusto y la mortificación del sujeto por la enfermedad parece desproporcionado, particularmente cuando toma como sujeto almas justas, productivas y necesarias. Tánatos, que agazapado y artero espera su momento, ese que sabemos vendrá en forma indefectible, le atrapó en plena edad productiva y efervescente bajo su sombra negrísima.

Hijas y servidoras del Destino, hijo ciego del Dios Caos y de la Noche, que tiene bajo sus pies el globo de la tierra y en las manos una urna en la que está la suerte de todos y cada uno de los mortales, personificación del destino de cada humano que ni los dioses pueden modificar; están presentes en los dos momentos cumbres de la existencia, asistiendo al nacimiento y la muerte de cada individuo, hilan su destino y predican su futuro, son las Parcas, Fatos o Moiras: Cloto (Nona), “la que hila”, la que teje diariamente, de día y de noche los acontecimientos de la vida cotidiana de cada persona; Láquesis (Décima), “la que asigna el destino”, encargándose de que todos los acontecimientos de la vida de las personas ocurran de manera fortuita, arbitraria y desconectados unos de otros, deparándoles suertes y desgracias; y en fin, Átropos (Morta), “la inflexible”, responsable de que las vicisitudes de la existencia sean inexorables a pesar de su aparente casualidad y arbitrariedad. Con fuerza ineluctable corta el hilo de la vida…

Y así se fue nuestro amigo: Viviendo intensamente, y a través de la vida y los pacientes, aprendiendo cómo morir.

Espero que en esa vida después de la muerte que sin duda existe, pueda algún día reunirse con Lourdes, un viejo amor que nunca olvidará y como los grandes amores, trascenderá la vida mortal para compartir de nuevo, momentos felices en ausencia de penas y mezquindades… Y sobre el epitafio de la memoria de nuestro amigo Francisco, donde su cuerpo goza el descanso eterno, único y genuino adecuado a la fatiga de la vida, un sincero hasta luego, y un sentido en cualquier momento nos vemos… Por ahora amigo, descansa en paz…

Mi emocionada palabra de aliento para sus hijos y demás familiares…

Francisco Fantes Mijares (06.03.1954-11.05.2012)

Tu sincero amigo, Rafael

En Caracas, el martes 15 de mayo de 2012

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