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Superar un trauma

En ocasiones, una experiencia traumática es tan abrumadora, inesperada e incontrolable que golpea de manera intensa nuestra seguridad y autoconfianza / Por Liana Pérez

Ante la vivencia de una experiencia traumática (como los accidentes, agresiones sexuales, secuestros, catástrofes naturales), es normal sentirse ansioso, triste y vulnerable. Esta es una reacción adaptativa que tiene como finalidad asimilar los acontecimientos.  Con el tiempo estos síntomas comienzan a desvanecerse.

En ocasiones la experiencia es tan abrumadora, inesperada e incontrolable que golpea de manera intensa nuestra seguridad y autoconfianza dando lugar a intensas y crónicas reacciones de vulnerabilidad y temor hacia el entorno.

Aunque no se quiera y se hagan esfuerzos por evitarla,  frente  a estas situaciones es posible re-experimentar el acontecimiento vivido a través de imágenes, pensamientos y pesadillas que hacen referencia al suceso. También es posible que surjan problemas de atención y memoria, e incluso que se sienta raro: no ha tenido tiempo para aprender a manejar todas estas emociones.

Entre otros síntomas aparecen dificultades para concentrarse, irritabilidad o ira, insomnio, respuesta generalizada de sobresalto, aislamiento social, dificultades en las relaciones interpersonales, reducción del interés en actividades que anteriormente disfrutaba y conflictos familiares.

La evitación de todo aquello que nos recuerde de alguna manera el evento, es una reacción normal, ya que evitar estas situaciones alivia y nos hace sentir mejor, pero a largo plazo puede limitar nuestra vida y agravar el malestar.

Cuando los síntomas afectan nuestra vida en general, estamos ante la presencia del Estrés Postraumático, un trastorno que incluso puede aparecer tardíamente: entre el acontecimiento traumático y el inicio de los síntomas pueden pasar como mínimo seis meses.

Nadie nos ha enseñado cómo reaccionar frente a estos sucesos. A continuación mencionamos algunas sugerencias:

1.- Aceptar nuestras emociones y ser pacientes: Las reacciones y emociones difieren de persona a persona, trate de no juzgarse. Es importante darse tiempo para sanar y llorar las pérdidas, evite forzar y acelerar el proceso de recuperación.

2.- Buscar apoyo social: Trate de pasar más tiempo en compañía de otras personas que le muestren cariño y solidaridad, y con quienes pueda hablar de sus miedos.

3.- Aprenda técnicas de reducción del estrés: El descanso y la relajación le ayudarán a reencontrar el equilibrio necesario. Por ejemplo, técnicas como la respiración, relajación, meditación, escuchar música suave, visualizar un lugar placentero. También, programe  tiempo para disfrutar una buena comida, un baño relajante o dar un agradable paseo.

4.- Realice actividades que le hagan sentir útil: Como la situación traumática deja una sensación de vulnerabilidad, es importante volver a retomar las fortalezas y habilidades. Brinde apoyo a alguien cercano que lo necesite, ofrezca su tiempo libre a alguna organización sin fines de lucro.

5.- No intente buscar explicaciones lógicas a lo ocurrido: Estos sucesos son llamados accidentes (mucho de ellos inesperados), por lo cual su ocurrencia es debido al azar y pueden ocurrirle a cualquiera. Evite la culpa.

6.- Trate de retomar su rutina: Intente organizar las actividades para los días próximos. De esta manera disminuye la energía que le presta a la situación traumática, incluso, trate de regularizar los horarios para comer y dormir.

7.- Programe pequeñas metas a corto plazo: Intente planificar sus logros en el día a día, preocuparse por el futuro aumentará su ansiedad. La mayoría de la gente aprende a superar estas situaciones.

Algunas personas pueden necesitar ayuda para elaborar estas situaciones.   Solicitar asistencia a un profesional de la salud no supone tener menos habilidades, el apoyo de alguien especializado le ayudará a identificar sus recursos y fomentar un afrontamiento más efectivo y personalizado.

Acerca de Liana Pérez, psicóloga

Licenciada en Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello. Magister Scientiarum en Psicooncología, mención de Excelencia en la Universidad Complutense de Madrid. Experiencia en atención a pacientes oncológicos hospitalizados así como a sus familiares, en centros de salud públicos y privados en España y Venezuela, con el enfoque cognitivo-conductual y del modelo de counselling. Docente en el 1er. Diplomado Avanzado en Psico-oncología en la Universidad Metropolitana. Miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Psicooncología.

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