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Preocupante ausencia de las universidades latinoamericanas en un ranking mundial

Hay unanimidad de criterios respecto a la importancia de la educación terciaria (la universitaria es la más importante de este grupo), porque no solo son las universidades los hitos culturales de las naciones que las albergan y sustentan, sino verdaderos pilares de su sostenibilidad y progreso, por la significación que tienen en cualquier estrategia de desarrollo integral.

Por ello es relevante leer el libro del economista marroquí Jamil Salmi, “El Desafío de Establecer Universidades de Clase-Mundial”, publicado por el Banco Mundial en el año 2009 (accesible gratuitamente por Internet). En el prólogo se nos informa claramente que “ya los países no se sienten confortables con el desarrollo de sistemas de educación terciaria que sirvan a sus comunidades locales y nacionales.

En su lugar, los indicadores globales comparativos han ganado significación en el desarrollo local de las universidades. Esas universidades de clase-mundial son ahora algo más que instituciones culturales y educativas – son puntos de orgullo y comparación entre las naciones que determinan su propio estatus en relación con otras naciones.”

Y no podría ser de otra manera, ya que estamos en plena era de “la sociedad del conocimiento” y dentro del sistema de la educación terciaria, son las universidades de investigación (aquellas que por su orientación tienen los recursos humanos y económicos que les permiten no solo hacer docencia, sino investigar, es decir, crear nuevos conocimientos) las que juegan un papel crítico en la formación de profesionales, especialistas de más alto nivel, científicos e investigadores, necesitados por la economía y así generar nuevos conocimientos y dar soporte apropiado a los sistemas de innovación de sus respectivos países.

La feroz carrera que se está dando actualmente entre las naciones que aspiran a desarrollarse toma lugar en este sector y se focaliza en cómo establecer, o fortalecer instituciones ya existentes, para llegar a ocupar un puesto en ese liderazgo mundial por la excelencia universitaria.

Hay acuerdo unánime acerca del valor de la educación terciaria o universitaria, como instrumento idóneo para el desarrollo y la disminución de la pobreza, dos de los objetivos que todos los gobiernos de todos los Estados soberanos de los países en vías de desarrollo persiguen sin distinción de ideologías, de allí la importancia de estos estudios comparativos.

En el mundo globalizado en que nos ha tocado vivir, la competitividad es decisiva para poder destacar y progresar. Por ello es necesario enterarnos continuamente de los estudios de clasificación (en inglés “ranking”, voz aceptada por la RAE, que significa, clasificación de mayor a menor, útil para establecer criterios de valoración) de las universidades a nivel mundial.

Está claro, y todo el mundo así lo reconoce, que estas investigaciones tienen limitaciones e incluso defectos, pero no es descalificándolas e ignorando el desolador mensaje para nuestra región que llevan implícito, como vamos a salir del atasco en que nos encontramos.

La medicina no escapa a esas evaluaciones y empíricamente es fácil establecer un paralelismo entre la excelencia de la universidad como un todo y su respectiva Facultad de Medicina, como importante parte integrante de la primera. En otras palabras, los mejores médicos son los que egresan de las universidades de investigación más calificadas.

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Acerca de Francisco Kerdel Vegas, dermatólogo

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

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