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Neurología y conciencia

Para desentrañar el misterio de la conciencia la primera pregunta que debemos plantearnos es, ¿qué es la conciencia?

La conciencia se entiende como la capacidad de valorar el presente. Se propone que podemos ser conscientes gracias a que la información que poseemos está altamente integrada y postula que “la cantidad de información integrada que una entidad posee se corresponde con su nivel de conciencia”. La versión científica del panpsiquismo, la antigua y difundida creencia de que toda la materia, animada o inanimada, es consciente en alguna medida.

Para desentrañar el misterio de la conciencia la primera pregunta que debemos plantearnos es, ¿qué es la conciencia? A San Agustín, cuando le preguntaban ¿qué es el tiempo? respondía: “Si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si quisiera explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”.

Todos sabemos lo que es ser conscientes pero no sabemos muy bien cómo explicarlo. Gerald Edelman propone una explicación sencilla: conciencia es lo que usted tiene si está despierto y lo que usted pierde en el sueño profundo bajo anestesia y recupera de nuevo al despertar.

Uno de los problemas que entraña el estudio de la conciencia se encuentra en que ésta puede estudiarse tomando como referencia diferentes procesos que afectan a la propia conciencia, como la atención, la memoria o la percepción.  De modo que es posible que se estudien estos procesos, y se llegue a saber mucho sobre ellos, pero no se llegue a saber nada sobre la conciencia en sí. Lo primero que habrá que saber es cómo y en qué medida cada uno de estos procesos afecta a la conciencia.

La conciencia emocional es ante todo conciencia del mundo, es estar volcado sobre el mundo y, remitiéndonos al ejemplo anterior, es ser esos vergonzosos celos que me constituían. La conducta es irreflexiva. No es inconsciente. Es consciente de sí misma porque se trasciende y aprehende el mundo. La conciencia se trasforma a sí misma para trasformar el mundo. “La conciencia –señala el filósofo Jean Paul-Sartre– no se limita a proyectar significaciones afectivas sobre el mundo que le rodea: vive en el mundo que acaba de crear.”

Revisemos algunos de los ejemplos que nos proporciona Sartre:

Es evidente que el hombre que tiene miedo, tiene miedo de algo, aún tratándose de una de esas angustias imprecisas que suelen experimentarse en la oscuridad en un pasadizo siniestro. Aquí, tiende a describirse erróneamente la huida con miedo como si tal huida no fuera ante todo una huida ante cierto objeto como si el objeto del que se huye no permaneciera constantemente presente en la misma huida como su tema, su razón de ser, como aquello ante lo cual se huye.

En una palabra, el sujeto emocionado y el objeto emocionante se hallan unidos en una síntesis indisoluble. La emoción es una determinada manera de aprehender el  mundo, una manera en que el mundo se me presenta, aunque también puede ser un intento –o un modo– de modificarlo.

Aquí cabe una paradoja ya que si en los intentos de modificar o transformar el mundo se fracasa,  es posible y natural irritarse, de donde se puede colegir que la irritación es también una manera en que se nos aparece o presenta el mundo. Lo que aquí cabe precisar es que aún en esta operación sobre el mundo para modificarlo,  el sujeto no abandona el plano irreflexivo.

Aquí debemos notar que lo que está en juego en estos ejemplos es la tesis fundamental de que la emoción constituye un intento de modificación del mundo. En palabras de Sartre que “en la emoción el cuerpo, dirigido por la conciencia, transforma sus relaciones con el mundo para que el mundo cambie sus cualidades”.

A efectos prácticos, la conciencia se refiere a la capacidad que nos indica qué está bien o mal. Estas valoraciones del instante que acontece, permiten al individuo percibirse a sí mismo como alguien capaz de modificar su entorno o por el contrario como alguien sujeto a unas restricciones que le superan. Tenemos conciencia cuando sabemos lo que está aconteciendo en nuestro Yo y otorgarle un concepto, ya en lo que es propio de nuestro mundo interior, ya en lo que es el mundo exterior que en él se refleja.

Comentarios

Los autores de Gestalt Therapy: Excitement and Growth in the Human Personality, Paul Goodman y Ralph Hefferline (a partir de un manuscrito de Fritz Perls), al explorar los fundamentos teóricos para la práctica de la terapia Gestalt, concibieron la conciencia como un fluir dinámico, por lo cual desecharon, al igual que otros autores humanistas, el concepto psicoanalítico de consciente/inconsciente, el cual resulta ser excesivamente rígido e inadecuado para describir y trabajar con los fenómenos que se observan en la clínica.

Los términos consistentemente utilizados son “aware”, “be aware” y “awareness”, que se han traducido al español como “darse cuenta”, denominación que, al ser un verbo, expresa esa idea de fluidez y dinamismo.

Aún desde los trabajos experimentales de la escuela alemana de psicología Gestalt, la relación entre figura y fondo, lo que se percibe y lo que no, es decir, lo que el individuo se da cuenta versus lo que no forma parte de su campo de conciencia, es siempre fluido y dinámicamente interrelacionado. En la clínica actual, el proceso de darse cuenta, es decir, de la formación de Gestalt en  la percepción del sujeto, es el punto primario, aunque no exclusivo, sobre lo que se trabaja en el proceso de terapia.

Acerca de Dr. Abraham Krivoy

Neurocirujano. Fundador y Ex Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Neurocirugía y de la Sociedad Venezolana de Neurocirugía. Miembro Honorario de la Sociedad Venezolana de Neuropsicología; Profesor Titular de Neurocirugía, Universidad Central de Venezuela. Miembro Fundador de la Sociedad Venezolana de Neurocirugía Pediátrica (2004), Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina y de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, entre otros reconocimientos.

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