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La enfermedad cardiovascular y la polipíldora

Las premisas de que “el uso de una sola píldora podría estimular a los pacientes a adherirse al tratamiento y también a reducir condiderablemente el costo de estos medicamentos”, son totalmente válidas| Por: Francisco Kerdel Vegas

Dos muy antiguas profesiones pueden ser consideradas como archiconservadoras, la de los maestros o educadores y la de los médicos, y con buenas razones para ello.  Cualquier cambio equivocado en la educación de niños y adolescentes no podrá ser detectado sino muchos años más tarde, juzgando  los resultados producidos en los entonces alumnos.  En el caso de los médicos es evidente que lo que entra en juego es la salud y bienestar del paciente, y en casos extremos hasta su propia vida, de allí que el principio hipocrático de “Primum non nocere” (lo primero es no hacer daño) sigue vigente después de dos mil cuatrocientos años.

Por ello cuando se trata de prescribir fármacos a seres humanos, de manera permanente o por largos lapsos, sea necesario evaluar cuidadosamente los efectos secundarios y los riesgos que ello implica. Es sin duda uno de los factores importantes que ha frenado (hay otros de carácter económico) la utilización generalizada de la llamada polipíldora (“polypill” en inglés), una combinación de medicaciones cardiovasculares que contiene aspirina  y fármacos para reducir la presión arterial  y el colesterol, mientras se acumulaba más información sobre no solo su efectividad -que parece bien demostrada-, sino también su inocuidad, o mejor dicho, su relativa ausencia de efectos secundarios severos.

La publicación en www.plosone.org el 25 de mayo de 2011 es posiblemente una respuesta importante a esas razonables dudas y abre las puertas a la más amplia utilización de la polipíldora en un gran número de adultos con riesgo de enfermedad coronaria y accidentes cerebro-vasculares. Desde el año 2001 dos instituciones internacionales de gran influencia y reconocida competencia y seriedad, la Organización Mundial de la Salud (oficial y pública, basada en Ginebra) y el Wellcome Trust (fundación privada, basada en Londres) se han dado a la tarea de estudiar colaborativamente la idea de que la polipíldora es una estrategia válida para combatir las enfermedades coronarias y cerebrovasculares.

El trabajo que aquí comentamos es fruto de esa notable iniciativa. Las premisas de que “el uso de una sola píldora podría estimular a los pacientes a adherirse al tratamiento y también a reducir condiderablemente el costo de estos medicamentos”, son totalmente válidas.

La polipíldora, que contiene aspirina (75 mg), lisinopril (10 mg), hidroclorotiazida (12,5 mg) y simvastatin 20 mg), demostró en 378 pacientes una disminución considerable de la tensión arterial y del colesterol de baja densidad, dos factores responsables de las enfermedades cardiovasculares, causando efectos secundarios menores en uno de cada seis pacientes. Se estima que su utilización disminuyó a la mitad la incidencia de enfermedad coronaria y accidentes cerebro-vasculares.

Esta investigación científica de carácter clínico demuestra, una vez más, el valor de esta nueva estrategia de medicina preventiva para disminuir la frecuencia de las enfermedades cardiovasculares, primera causa de muerte a nivel mundial.

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Acerca de Francisco Kerdel Vegas, dermatólogo

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

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