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La Universidad de Padua: forjadora del pensamiento médico y científico moderno

Hace más de veinte años tuve el inmenso placer de leer una obra titulada ‘Storia della Medicina’ de Sherwin Nuland, que despertaría mi curiosidad e inquietud para profundizar sobre las personalidades impactantes que estuvieron en la Universidad de Padua. Los títulos de los temas eran por demás elocuentes sobre la trascendencia del personaje tratado, como por ejemplo: ‘El despertar: Andrea Vesalio y el Renacimiento de la Medicina’; ‘La naturaleza por si misma debe ser nuestra consejera: William Harvey y el descubrimiento de la circulación de la sangre’; ‘La nueva Medicina: La concepción anatómica de Giovanni Morgagni’.

Esto fue la semilla de la inquietud para descubrir más y quedar asombrado por más de un centenar de hombres de alcance descomunal en sus concepciones y en sus determinantes aportes en cada campo que les tocó desarrollar. Era tal el volumen de acontecimientos ‘progresistas’ que se sucedían dentro de la Casa de Estudios Paduana que, sin duda, le cabe el honor de haber sido reconocida como la cuna de la revolución científica en el mundo occidental (Butterfield 1958).

Libros como ‘De humani corporis fabrica’ (1543) de Vesalio, ‘De revolutionibus orbium coelestium’(1543) de Copérnico; ‘De sedibus et causis morborum per anatomen indagatis’ (1761) de Morgagni; ‘Exercitatio Anatomica de Motu Cordis et Sanguinis in Animalibus’ (1628) de Harvey; y ‘Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo Ptolemaico e Copernicano’ (1632) y ‘Discorsi e Dimostrazioni Matematiche, intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & I movimenti locali’ (1638) de Galileo Galilei, modificaron para siempre el pensamiento del hombre e hicieron que la Medicina y la Ciencia en general tuvieran un progreso sin precedentes.

Nunca antes había sucedido que en un mismo claustro universitario, tantas mentes brillantes se congregaran y potenciaran para producir obras de tanta trascendencia en el pensamiento científico en general. Y particularmente en la rama médica, estos trabajos, fueron las piedras angulares del desarrollo del pensamiento médico moderno occidental.

Aparte de los que fueron profesores, la Universidad de Padua contó entre sus alumnos a personalidades de todas las áreas de las ciencias como lo veremos en el curso de éste ensayo histórico. Su alcance no se quedó solo en el ámbito médico, sino que en todas las ramas del saber en las diferentes épocas tuvo figuras prominentes que dictaron cátedra no sólo en el territorio italiano sino en todo el continente europeo. Hombres de leyes, físicos, matemáticos, filósofos, teólogos, astrónomos, geólogos, botánicos, médicos, hicieron de la Universidad una institución con renombre mundial buscada por todo aquel que quisiera destacarse en la rama de estudio escogida.

La pléyade de personalidades destacadas del mundo de las ciencias con que contaba la Universidad paduana, unida a la política del gobierno veneciano hacia la Universidad, crearon un clima favorable para la creatividad mental y para la flexibilidad, aceptabilidad y comprensión de ideas innovadoras, en un momento en que la Iglesia Católica?Cristiana Romana, impedía y prohibía todo indicio de ‘separación’ del pensamiento ortodoxo religioso?filosófico?científico que ella poseía. De hacerlo se colocaban en contra de su ‘verdad teológica’ y por ende eran ‘atacables’ desde todo punto de vista. Esto nunca sería aceptado por la Republica de Venecia ni por sus dependencias como era la parte educativa?universitaria, y la parte eclesiástica. Eran particularmente `regionalistas’ y esto a la postre resultaría provechoso para las ciencias en general.

Uno de los secretos del éxito de la Casa de Estudios Paduana, lo conformaban las ‘Instituciones’ a través de las cuales la República de Venecia ejercía el gobierno sobre la Universidad de Padua. La más importante de estas ‘Instituciones’ fue un cuerpo elegido desde 1517 entre los senadores de la Republica llamado ‘Reformadores del Estudio de Padua’. Los Reformadores estaban siempre atentos en mantener el progreso de los estudios de importancia de la Universidad paduana como parte de su función y como complemento de lo que se enseñaba en las aulas de su Casa de Estudios.

Su competencia no se limitaba al ordenamiento exterior de la Universidad, sino también a los métodos de enseñanza que se debían seguir por parte de los docentes. Establecían el número de cátedras y su calidad, las horas de enseñanza, nombraban a los docentes y prohibían la enseñanza privada. Todas las escuelas públicas y privadas del estado veneciano, al igual que las Academias de Ciencias, Artes y Letras (a excepción de los seminarios sujetos a la dirección eclesiástica, y los Colegios Militares sujetos a las dependencias militares), dependían de los Reformadores.

Tenían autoridad para censurar libros e impedir la introducción de libros prohibidos, que estuvieran contrarios al diseño de instrucción que habían planeado para la Universidad. Nunca la Institución de los Reformadores Paduanos, sería tocada en su ‘independencia y autonomía de ejercicio’ por los distintos gobiernos que se sucedieron en la historia de la región y de la Universidad, desde 1222 hasta finales del siglo XIX.

Desde el siglo XIII, la Universidad de Padua comenzó su crecimiento y desarrollo, primero bajo el dominio de la Familia Carrara, y luego adquiriría renombre europeo y el máximo de su gloria durante los cuatrocientos años de administración y cuidado de la Republica ‘Serenissima’ de Venecia.

La universidad es un producto del ‘Renacimiento del siglo XII’, en el cual confluyeron circunstancias como las Cruzadas, el desarrollo tecnológico, el impulso del comercio, la penetración de la cultura del Islam, y el apoyo de clérigos de gran renombre y con pensamiento de avanzada, que hicieron posible el despertar cultural de Europa. Estos fueron los promotores de la escuela urbana del siglo XII y los que muestran su vocación en las Guildas o corporaciones de comerciantes medievales, equivalente a los gremios de artesanos. Eran los pensadores que transmitían sus ideas y pensamientos a través de la enseñanza.

El historiador dominico H. S. Denifle distingue dos tipos de universidades: las de formación espontánea y las universidades establecidas por un acto de fundación. Estas últimas, a su vez, las separa en dos: la universidad de fundación pontificia y la universidad de fundación imperial.

Es importante hacer notar que como ‘empresas intelectuales’, las universidades no se crearon, emergieron por necesidades sociales y culturales. Fue un desenlace natural de la actividad de enseñanza superior que sucedía debido no sólo por las necesidades de conocimiento del hombre, sino por un escenario social, político, religioso que lo hicieron necesario. Sólo gradualmente recibieron el reconocimiento y comenzaron a funcionar como una corporación independiente.

La fundación ‘oficial’ de las Universidades, pontificias o imperiales, podría generar la equívoca idea de un establecimiento ‘ex nunc’ (desde ahora) y no fue así. En general, los documentos a los cuales se atribuye la fundación de una universidad son en realidad, los instrumentos por los cuales se conceden los privilegios específicos de que gozarían maestros y estudiantes. La corporación universitaria podía haber sido una entidad moral legítima, por ejemplo una ‘societas’ teniendo una ‘affectio societatis lícita’. Sólo los privilegios de sus miembros y la ‘licentia doncendi’ requerían de un otorgamiento público y de un reconocimiento de la autoridad.

Los éxodos sucesivos de alumnos y profesores, disputas internas de docentes, así como condiciones apropiadas para su instalación y florecimiento permitieron una verdadera “escalada” universitaria. Rashdall refiere que la mitad de las universidades de Europa se originaron de esta manera, Jacques Verger llama a estas universidades: “Universidades de migración”. Ejemplos de este tipo de universidad fueron Padua y Oxford.

La ‘Universitas patavina’ se fundó entonces en 1222 como consecuencia del “desmembramiento” de la Universidad de Bolonia. El éxodo de profesores y estudiantes desde la ciudad de Bolonia se debió, cito textualmente: ‘a las grandes ofensas recibidas a la libertad académica y por la inobservancia de los privilegios solemnemente garantizados a docentes y discípulos’. Fue en éste aspecto un sólido bastión para las otras universidades que vendrían después.

Pocas veces se ha visto que en un determinado ámbito universitario se hayan congregado tantas mentes preclaras y emancipadas, que dieron lustre a la Casa de Estudios patavina, en momentos disímiles en la historia de la evolución del pensamiento humano tanto científico, como teológico?religioso y filosófico. Tuvieron que luchar no sólo contra las adversidades personales, familiares y regionales, sino que además tuvieron que luchar denodadamente para que sus ideas se escucharan fuera de los ámbitos de la regionalidad dada por las envidias y adversidades de las autoridades eclesiásticas de los siglos XII, XIII, XIV, XV y XVI, poseedoras de la verdad absoluta para entonces y de las autoridades de ciudades?estados vecinos y se hicieran continentales y universales como el caso de Galileo, de Copérnico, de Da Monte, de Morgagni, de Vesalio, de Harvey, Cerato, Poleni, Toaldo y de muchos otros que han sido descritos brevemente en éste ensayo.

Espero que este ensayo sea acogido de la mejor manera posible, entendiendo que se ha hecho el esfuerzo de unificar datos, comentarios, ensayos y fotografías que estaban dispersos y sin hilación. Ojalá su lectura sea instructiva y deje provecho para los que tengan a bien leerla.

Acerca de Julio Potenziani, urólogo

Cirujano-Urólogo con subespecialidad de cáncer urológico, incontinencia urinaria femenina, enfermedades prostáticas, enfermedades neuro-urológicas, deficiencia androgénica del hombre maduro y temas históricos de la medicina. Miembro de diferentes sociedades urológicas nacionales e internacionales, tales como: Sociedad Venezolana de Urología, American Urological Association (AUA), European Assiciation of Urology, Confederación Americana de Urología Internacional, Society of Sexual Medicine, Sociedad Médica del Centro Médico de Caracas, de la ISSM (International Society for Sexual Medicine), Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, Academia Nacional de Medicina de Venezuela, Oficina de historia de la Confederación Americana de Urología.

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