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Sobre la paternidad de los descubrimientos científicos

Es pertinente recordar que muchas veces el crédito de un determinado descubrimiento lo capitaliza una sola persona, cuando en verdad, con toda justicia, pertenece a más de una

odonPor: Francisco Kerdel-Vegas, médico fundador de Bitácora Médica

Es pertinente recordar que muchas veces el crédito de un determinado descubrimiento lo capitaliza una sola persona, cuando en verdad, con toda justicia, pertenece a más de una.

Un caso bien documentado  de paternidad compartida de un descubrimiento, es el de la anestesia por dos dentistas de Nueva Inglaterra (Estados Unidos), William Thomas Green Morton (1819-1868) y Horace Wells (1815-1848) quienes utilizando las propiedades ya conocidas del éter sulfúrico, “ponían a dormir” a sus pacientes para extraerles los dientes y muelas sin dolor.

Sin embargo, la fecha oficial del descubrimiento fue el día 16 de octubre de 1846, en que Morton anestesió con todo éxito al joven Gilbert Abbott de 20 años de edad, para ser operado de un tumor en la mandíbula, en el gran anfiteatro del Massachussets General Hospital de Boston (desde entonces conocido como “Ether Dome”) por el cirujano John Collins Warren (1778-1856), fundador del famoso hospital en 1811.

La pequeña historia es bastante más compleja, ya que el químico y geólogo Charles Thomas Jackson (1805-1880) declaró que había sugerido el éter a Morton, y exigió parte de la patente, y años más tarde Crawford Williamson Long (1815-1878) anunció que había venido usando anestesia con éter desde marzo de 1842.

Dos meses más tarde de la famosa primera anestesia general en Boston, el cirujano inglés Robert Liston (1794-1847) amputaba una pierna en el University College Hospital de Londres, a un paciente anestesiado con éter.

El final de esta saga es bastante trágico ya que Wells se suicidó en prisión y Morton murió 20 años más tarde arruinado y amargado.

Nuevamente acerca de esa paternidad múltiple (es de notar que el éxito produce esa paternidad plural y el fracaso, singular orfandad), siempre se recuerda el caso de la penicilina, un descubrimiento inicial de Alexander Fleming (1881-1955)3 en 1929, que pasó desapercibido durante muchos años y fue puesto al servicio de la humanidad por el trabajo dedicado en la Universidad de Oxford de Howard Florey (1898-1968)4 y Ernst Boris Chain (1906-1979)5 en 1941, quienes compartieron, con entera justicia, el premio Nobel de Fisiología y Medicina del año 1945. Sin embargo, la opinión pública generalmente asocia el descubrimiento de la penicilina tan solo al nombre de Fleming.

MÁS CASOS

Otro tanto ocurrió con el descubrimiento de la estructura en doble hélice del ácido desoxirribonucleico (ADN) por James D. Watson (estadounidense, 1928- ) y Francis Crick (inglés, 1916-2004) en la Universidad de Cambridge, por una parte, y Maurice Wilkins (de origen neozelandés, 1916-2004) en el King’s College de la Universidad de Londres, por la otra, reconocido así por el jurado del premio Nobel (1962), cuando —como en el caso de la penicilina— lo dividió en tres partes iguales y con ello el crédito correspondiente, de uno de los más importantes descubrimientos científicos de todos los tiempos.

Faltaba allí una investigadora notablemente ausente, Rosalind Franklin (inglesa, 1920-1958, también del King’s College, Londres,) pues ya había fallecido cuatro años antes a la singular distinción. Sin embargo, se puede afirmar, que en general, tal justa repartición de los méritos correspondientes, no filtra a partir de ciertos niveles, y es desconocida por el público en general.

Ya lo dijo elocuentemente sir William Osler (1849-1919) cuando afirmó: “En las ciencias, el crédito va al hombre que convence al mundo, no al hombre a quien se le ocurrió inicialmente la idea”.

@kerdel_vegas

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Texto extraído del libro: “Paradojas médicas: Contradicciones de la medicina actual”, escrito por Francisco Kerdel-Vegas, médico fundador de BITÁCORA MÉDICA. Para más información pulse aquí

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Acerca de Francisco Kerdel Vegas, dermatólogo

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

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