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La Esencia de Vivir – Capítulo 1

En Bitácora Médica nos complace compartir un excelente trabajo trabajo del Dr. Pedro J. Grases  donde el autor aprovecha el discurrir del guión para valorar situaciones diversas con la pretensión de que el lector comparta, discrepe o matice lo que considera propio en su forma de ver las cosas.

Los personajes (con nombres cambiados – relato novelado) se mueven dentro del marco de realidades que son interpretables de una forma diferente por cada lector, pero que en cualquier caso, están vinculadas mayormente a situaciones humanas que tienen lugar en el mundo occidental contemporáneo.

Una pareja es secuestrada en un apartado paraje de la costa caribeña, en donde fueron a parar por insistencia de Juanjo, un profesional de la medicina jubilado que había idealizado su retiro en una vivienda construida con sus propias manos, bajo la premisa de poder prescindir de todo aquello que considerase superfluo. Se inicia con su captura junto a su esposa y luego se adentra en el recuerdo de situaciones diversas en las cuales ellos han sido protagonistas para dar paso a la resolución del rapto y sus consecuencias.

Comienzo con final incierto

        Segunda década del nuevo siglo en medio de un día cualquiera del mes de Mayo, en un lugar innominado del litoral caribeño, rodeado de la frondosidad propia del trópico y después de un chaparrón mayúsculo, de los que estremecen a todo aquello que encuentra a su paso. Los protagonistas de esta historia: Juanjo Laurencio y Magali Briceño, voluntariamente apartados del mundanal ruido de la vida urbana.

Al lugar se accede desde un pequeño caserío de la costa, poblado por representantes de una etnia mestiza; no son blancos como los que conquistaron la zona, ni negros como los esclavos de procedencia africana.

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Viviendas rurales en un lugar innominado del territorio Colombo-venezolano

Un buen día, inesperadamente, tres individuos con pinta facinerosa, que habían descendido de dos todoterreno de color negro, conminaron a la pareja a  quedarse quietos y con las manos en alto.

Al cabo de una eternidad y a través de un camino campo traviesa, polvoriento y lleno de baches detuvieron el vehículo y los hicieron bajar, esta vez con los ojos vendados y un bozal improvisado con cinta pegante. Hablaron con alguien sin mencionar su nombre, preguntándole si todo estaba listo. Poco después, despegaron en una avioneta, presumiendo por el ruido del motor que se trataba de un monomotor, por tanto el viaje no sería demasiado largo.


La ilusión de Juanjo de retirarse con su esposa a un apartado lugar de algún punto de la ribera caribeña, constituía un ambicioso y temerario proyecto que encontraba explicación en su  nostalgia por el trópico durante su permanencia en las Europas.

Hacía falta resolver asuntos de cierto calado. Lo primero, ponderar en qué medida podía afectar el equilibrio familiar. Ahí estaba el meollo del asunto. ¿Cómo lo verían los miembros de su entorno más cercano, sus hijos, sus nietos, sus amigos, sus colegas? En los sondeos preliminares hubo pocas señales de apoyo. Un señor en plena madurez avanzada (eufemismo para no decir, ya viejo), convencido de que vivir en un “cajón con comodidad” no se correspondía con la forma en que los seres humanos fueron diseñados, no tenía por qué llevarlo a esos extremos.

Magali, la inseparable compañera de Juanjo, compartía en buena medida estas argumentaciones, pero difería radicalmente de la solución que proponía su marido. Juanjo mientras tanto continuaba soñando y ya se veía entusiasmado y sudando, en medio de una parcela con el trazado de la planta de la vivienda y averiguando cuáles eran los principios generales para construir las fundaciones.

Resultaba evidente que la alternativa de dejar España para vivir en el Trópico, tenía ventajas y desventajas, como ocurre siempre en las decisiones __ de relevantes. A fin de cuentas, el miedo es una emoción que juega un papel importante en la vida de la gente, de las personas. Si se acepta su significado más atrevido, es decir, que la felicidad consiste en la falta de miedo, cómo no va a ser importante la percepción de esa perturbación angustiosa del ánimo.

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Cocotero en el trópico

En conclusión, lo del miedo es un tema complejo aunque desde luego que debe considerarse como una emoción primaria. Tanto es así que no está reservado a los humanos, sino que también lo padecen los animales. Por una parte permite al individuo responder ante situaciones adversas con prontitud y con el vigor necesario. Se puede modular y se hace necesario para la adaptación del individuo al medio en que vive. Lo verdaderamente increíble y abominable es que los regímenes supuestamente democráticos sin serlo, utilicen el miedo como instrumento coercitivo.

No podrá ser distinto hasta que no se solucionen las tremendas diferencias entre clases pobres y privilegiadas. Buena parte de lo expresado está fundamentado en el miedo. Pánico a represalias, convicción de que en  las consultas hay fraude, temor a circular por el riesgo de un secuestro y la certeza de que el miedo conduce a una profunda tristeza y rabia por haber sido tolerante (y por tanto cómplice) de esa situación.

Lea muy pronto en Bitácora Médica el próximo capítulo de esta interesante historia.

Fuente: Dr. Pedro J. Grases

Acerca de Dr. Pedro J. Grases

Médico Patólogo con más de 50 años de experiencia. Formado en los EE.UU. (Michigan y Armed Forces Institute of Pathology), dedicado a la docencia, a escribir e investigar. Ha trabajado en diversas universidades de Europa (en Friburgo y en Oxford) y en los EE.UU. (U.de California del Sur). A partir de 1990 estuvo al frente del Servicio de Anatomía Patológica de USP Institut Universitari Dexeus en Barcelona. Retirado a partir de 2007, se dedica ahora a escribir, a dar conferencias en su condición de cronista de la Ciencia y a cultivar con más esmero su afición por la fotografía.

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