Home | Áreas de salud | Otros | La Esencia de Vivir | La Esencia de Vivir – Capítulo 3

La Esencia de Vivir – Capítulo 3

Liberación del Secuestro

            El vuelo aéreo después del secuestro con los cautivos a bordo duró más de lo que Juanjo había previsto. No había manera de hacerse una idea sobre el rumbo, ni siquiera precisar si nos desplazábamos sobre la superficie terrestre o sobre el mar.

-Ya llegamos.- Anunció el cabecilla en un tono confiado.- Si se mantienen tranquilos no pasará nada. Bajaremos despacio y con los maletines en la mano. Nada de movimientos bruscos…….puede ser peligroso.

Al descender del último escalón resultaba claro que aún estábamos en tierras tropicales. Era de día y el ambiente bastante cálido y húmedo. Nada podía indicarnos en dónde nos encontrábamos.

-Mi amor, esto va en serio.- Quien sabe cuánto tiempo tendremos que estar en estas condiciones, terció Juanjo visiblemente preocupado.

Al rato se presentó el cabecilla para hacernos saber que era el momento de facilitar la manera de establecer contacto con los familiares. Avisarles, dijo imperativamente, que si notifican algo a la policía estaréis muertos. El individuo salió del refugio y supuestamente habló sobre las condiciones del rescate.

A los pocos días y a media noche los levantaron para decirles que muy temprano por la mañana nos llevarían en un vehículo a un pequeño poblado. Allí, se efectuaría una especie de cambio de captores (equivalente a un cambio de guardia), desde donde sería más fácil comunicarse con nuestra familia por radiofrecuencia.

El cabecilla se dirigió a nosotros en los siguientes términos: -bueno doctor ahí los dejo en buenas manos.- Ya saben, es cuestión de portarse bien si quieren llegar a casa vivos.  Esto lo hacemos nosotros en nombre del pueblo oprimido y esperaremos hasta que las cosas mejoren para incorporarnos a la sociedad.

El viaje duró alrededor de un par de horas interminables. Por fin, llegamos a un pequeño caserío con el olor a humo propio de la leña quemada. La primera señal de vida estuvo a cargo de la chiquillería celebrando la llegada del vehículo.

-Me dijeron los muchachos que el señor es un doctor,- advirtió uno de los nuevos guardianes. La señora es su esposa y no le gusta demasiado hablar.

-Madre de Dios, pensó para sus adentros Juanjo.- Es que no se ha soltado. Ya verán….no hay forma de pararla. En efecto tan pronto tuvo oportunidad de conversar con la campesina que nos recibió, parecía otra. De alguna forma percibió el cambio de régimen de vigilancia.

Una vez instalados en el cuarto y sentados en la cama, Juanjo comenzó  a reflexionar sobre lo que estaba ocurriendo. Desde luego que no daba la impresión de que la vigilancia tuviese nada que ver con lo que habían vivido durante los últimos días.

Pasaron los días y no había noticias sobre posibles contactos con nuestros familiares. Magali intimó con Dionisia y se hicieron amigas. Yo me encargué de ver algunos enfermos con afecciones menores que se aliviaron con terapias caseras.

Una tarde lluviosa se recibieron noticias de que no se había llegado a ningún acuerdo sobre el monto del rescate y que se solicitaban pruebas de que estábamos con vida. -Desde luego Magali, todo esto va a durar mucho a no ser que se precipiten acontecimientos negativos en contra nuestra, comentaba Juanjo con preocupación. –Yo no veo salida.

De pronto se acercaron varios adultos dando gritos y con el niño Gabriel en brazos. Se nos muere doctor, se atracó comiéndose  un pedazo de plátano verde. De pronto perdió el conocimiento y se “pasmó”.

-Mi doctorcito, haga algo, se nos muere. Virgen santísima se nos muere, expresó delirante Dionisia.

Juanjo se movilizó dando un salto, ordenó que lo mantuvieran en posición de pie y le abrazó el pecho desde atrás, en el límite con la boca de estómago, apretándole bruscamente de forma tal que le obligó a sacar el aire de sus pulmones. Súbitamente y en una arcada, Gabriel se liberó del trozo de plátano que le obstruía sus vías respiratorias y comenzó a respirar irregularmente. La ventilación pulmonar recuperó su ritmo normal y comenzaron a proferirse gritos de ¡Milagro, Milagro!

El salvamento coincidió con la llegada de dos de los tres secuestradores originales. Venían en tono beligerante a reclamar por el estancamiento de las negociaciones.

-Pero bueno, esto se acabó. Al doctorcito y a su señora hay que devolverlos a su casa. Se lo merecen y encima no perdonarles es gafe. ¡No jo…..! Y si quedamos empavados, por acá no hay brujos. ¡Ay Gabi querido! qué suerte. El niño totalmente recuperado no entendía bien lo que había pasado.

Al reanudarse los contactos se tomaron las previsiones para entregarnos en una población de la costa atlántica de Colombia. Un hermano y una hermana de Magali, llegaron a bordo de una avioneta alquilada y nos rescataron.

Modelo de avioneta utilizada para el vuelo de regreso

Modelo de avioneta utilizada para el vuelo de regreso

Acerca de Dr. Pedro J. Grases

Médico Patólogo con más de 50 años de experiencia. Formado en los EE.UU. (Michigan y Armed Forces Institute of Pathology), dedicado a la docencia, a escribir e investigar. Ha trabajado en diversas universidades de Europa (en Friburgo y en Oxford) y en los EE.UU. (U.de California del Sur). A partir de 1990 estuvo al frente del Servicio de Anatomía Patológica de USP Institut Universitari Dexeus en Barcelona. Retirado a partir de 2007, se dedica ahora a escribir, a dar conferencias en su condición de cronista de la Ciencia y a cultivar con más esmero su afición por la fotografía.

Deje su comentario

Venezuela Colombia USA