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La edad como factor pronóstico de la obesidad

Se han determinado periodos de vida vulnerables para el desarrollo de la obesidad. El prenatal es uno de los tres momentos junto con el periodo de rebote adiposo y la adolescencia

El comienzo precoz de la obesidad (durante la infancia) es un factor de mal pronóstico. Como precisan varios organismos mundiales de salud, la prevalencia de la obesidad ha aumentado en los niños y adolescentes, una realidad que puede perdurar a lo largo de la vida en un alto porcentaje de los casos. Por eso, la importancia de la prevención como medida terapéutica eficaz.

El ritmo de vida de muchos niños y las formas de educación de algunos padres favorecen los hábitos irregulares de alimentación desde temprana edad.

Otro problema que presenta esta enfermedad es la dificultad del diagnóstico en edades tempranas: no existe un consenso internacional sobre parámetros para diagnosticar la obesidad infantil. A los niños se les considera obesos cuando sobrepasan en un 20% el peso correspondiente a la edad y a la talla.

El curso clínico de la obesidad suele ser de tipo crónico, con tendencia a la ganancia continuada de peso cuando el individuo no se trata. La obesidad crónica es un factor de riesgo altamente significativo para sufrir enfermedades y para que surjan complicaciones de tipo emocional derivados del rechazo social que sufre el paciente y los sentimientos de inferioridad, e incluso de invalidez, que experimenta el individuo de su propia imagen corporal.

La obesidad se asocia desde la niñez con otras co-morbilidades, es decir, está vinculada con numerosas enfermedades crónicas. Está claramente documentado que la obesidad aumenta la vulnerabilidad para sufrir enfermedades coronarias, angina de pecho, arritmias ventriculares, hipertensión, diabetes, problemas biliares, apnea del sueño, diabetes mellitus, trombosis renales, osteoartritis y algunos tipos de cáncer sensibles a las hormonas sexuales.

El rechazo y discriminación social que suele interiorizarse ya durante la infancia puede perdurar toda la vida. El paciente nota como la sociedad lo designa como “diferente” y lo aparta de los “normales”. Frente a este escenario, la obesidad se convierte en el centro de las preocupaciones del obeso y en el punto de referencia de su sistema de valores, de tal forma que otras cualidades pasan a un segundo plano.

Este tipo de distorsión es más frecuente en las obesidades que se inician en la infancia, en las que el niño, y después el joven, no ha contado con el apoyo personal, la aceptación y la ayuda de padres y amigos y sí con las burlas y el desprecio de quienes los rodean.

Diversos estudios que han evaluado la morbilidad y la mortalidad a largo plazo en relación con el peso durante la infancia y la adolescencia, han mostrado que la obesidad infantojuvenil se asocia a un exceso de mortalidad en la edad adulta.

Incluso se han determinado periodos de vida vulnerables para el desarrollo de la obesidad. El periodo prenatal es uno de los tres momentos junto con el periodo de rebote adiposo y la adolescencia. La exposición al hambre durante el embarazo o en edades tempranas y en niños con madres diabéticas influye en el desarrollo de obesidad posterior.

El segundo periodo de aparición de obesidad se sitúa entre los 5 y los 7 años, llamado rebote adiposo. Un rebote a edad temprana, menor a los 5 años, aumenta significativamente el riesgo posterior de padecer obesidad. Y finalmente la pubertad, una edad proclive para el inicio de la obesidad, en especial en el sexo femenino.

En conclusión, no es recomendable subestimar la importancia de la obesidad en cualquier etapa de la vida, pero menos aun en nuestros niños y adolescentes. Cuanto antes se tomen medidas para modificar las condiciones y conductas que están ocasionando dicha condición, mayor probabilidades de éxito.

Mi recomendación: aumenta tu calidad de vida y la de tu familia y acude al médico nutrólogo.

Acerca de Ana Adames

Es Médico Cirujano de la Escuela Luis Razetti, Universidad Central de Venezuela. Hizo una especialización en Nutrición Clínica en la Universidad Simón Bolívar. Realizó pasantías Clínicas de Soporte Nutricional en el Hospital Universitario de Caracas, en el Hospital Domingo Luciani y en el Hospital Dr. José María Vargas. Trabajó, además, en el Hospital Clínico Universitario en la Unidad de Soporte Nutricional y Metabólico. Actualmente realiza su práctica profesional en un consultorio médico para control metabólico de paciente diabético, renal, obeso mórbido, embarazada de alto riesgo, desnutrición, trastornos de la conducta alimentaria y alteraciones congénitas del metabolismo.

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