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Inhibición de la conducta

“Nuestro deber es actuar como que si los límites de nuestras capacidades no existen”.

Teilhard de Chardin

En cuanto a la inhibición de la conducta se refiere -léase apatía- cabe advertir que no es un “ente misterioso”: se presenta luego de largos episodios de preocupación ansiosa que luego automáticamente suprimen la capacidad para responder, toda vez que no se logran las expectativas  esperadas.

La inhibición de la conducta es un sistema de defensa frente a hechos que castigan, frente a las intensas emociones desagradables y ante novedades extremas que evocan los miedos innatos, hasta el extremo de reaccionar a la presentación de individuos iracundos temerarios.

Limitar la atención (por ejemplo cuando se habla de un solo tema o una sola persona), incrementar el análisis de los sucesos adversos que obligan a mantenerse alerta y preparar el sistema nervioso para las acciones inmediatas y rápidas, son manifestaciones de una inhibición de la conducta. Podemos agregar que cuando nos inclinamos hacia los razonamientos negativos es mayor la zozobra y aumentan las respuestas de evitación y huida.

Si la prioridad es un patrón de evasiones y huidas, el día a día es limitado y el miedo es el protagonista. Pareciera que no existen opciones de salida a ese círculo vicioso. Como corolario se agrega que profundiza aún más la sensación de inutilidad dado que el acto de eludir exacerba la ansiedad y merma la confianza para llevar a cabo cualquier acto.

Interpretar los acontecimientos diarios con una inhibición de la conducta, pesimismo y desesperanza tiene secuelas psicológicas: reduce la autoestima, interrumpe la concentración, aumenta la culpa y socava el encuentro social.

Este modo de sentir y pensar puede traer consecuencias físicas: patrones desorganizados en el sueño, agitación o lentitud, inapetencia. En espiral descendente, dichos síntomas cristalizan en creencias sobre la propia  debilidad e ineficacia.

Por suerte los juicios cargados de peligros y amenazas son  sensibles a la regulación emocional y a la activación de la conducta. Como antídoto se ha encontrado que las personas que tienen la percepción de que pueden ejercer el control sobre las potenciales alarmas y retos, no conjuran las calamidades y el dolor.  Se  diferencian de aquellas otras personas quienes en su dificultad para la adaptación, mantienen la preocupación ansiosa y magnifican las intimidaciones.

Cada uno de nosotros está entrelazado a sus propios espacios y al menos que se tenga la creencia de poder producir con las propias acciones los efectos deseados, será poco el incentivo. Es más complicado de lo que parece. Más allá de la vulnerabilidad genética y el mundo de las frases internas, de lo que uno se dice a sí mismo,  no se puede olvidar que el contexto también alimenta la historia  y el medio social.

Las investigaciones recomiendan darle prioridad a la acción antes que a los estados de ánimo. En otras palabras: proceder a pesar de los sentimientos negativos. Lo esencial es alcanzar un objetivo de corto plazo, luego vendría un segundo, un tercero y todos los demás.

Bajo esta perspectiva resistir a la adversidad depende de la pericia personal, como lo señala Teilhard de Chardin (filósofo francés): “nuestro deber es actuar como que si los límites de nuestras capacidades no existen”.

A fin de cuentas el científico de la conducta no espera  que la determinación aparezca, sino que interviene desde  afuera hacia adentro estableciendo un compromiso para  la acción aquí y ahora.

Acerca de Felicitas Kort, psicóloga clínica

Licenciada en Psicología Magna Cum Laude de la Universidad Católica Andrés Bello. Post-Grado en Psicología Clínica. Especialización en Psicoterapia Conductual, realizada en la Universidad de Temple, Eastern Pennsylvania Psychiatric Institute, Filadelfia, Estados Unidos. Fue profesora de la cátedra de Psicología Clínica de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesora de Psicoterapia Conductual en el Postgrado de Psiquiatría y Psicología Clínica, Hospital Psiquiátrico de Caracas, Universidad Central de Venezuela. Recibió la condecoración "Honor al Mérito" por la Federación de Psicólogos de Venezuela.

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