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Hipocondría: el enfermo imaginario

Luego de descartar que las enfermedades no sean reales, se considera que una persona que tenga el convencimiento de estar padeciendo de al menos dos enfermedades físicas importantes es hipocondríaca/Por Doris González

La hipocondría es una enfermedad psicóloga en la cual una persona cree tener, sin base objetiva, síntomas de varias enfermedades. “El enfermo imaginario”, lo llaman algunos.

Las causas de este trastorno son diversas. En algunos casos, por ejemplo, se han registrado pacientes hipocondríacos que de niños fueron sobreprotegidos o cuidados con mucha preocupación por la salud.

Ocurre también en sujetos depresivos o pesimistas, que no solo ven el mundo oscuro de la enfermedad, sino que tienen una concepción catastrófica de la vida. ¿Otro motivo? Poca satisfacción de la vida personal.

Familia y amigos: ayuda clave

Para obtener un diagnóstico de hipocondría es fundamental contar con la colaboración de la familia o amigos cercanos, ya que es muy difícil para este paciente aceptar que sus enfermedades son imaginarias y que la preocupación por su salud es exagerada. Por supuesto, si se cuenta con un médico aliado que contribuya a la  aceptación del tratamiento psicológico, mejor aún.

Así pues, es importante contar con el apoyo familiar para que la persona  acepte que su tratamiento no es médico, sino psicológico.

Se considera que una persona que tenga el convencimiento de estar padeciendo de al menos dos enfermedades físicas importantes es hipocondríaca; luego de descartar que las enfermedades no sean reales.

Síntomas más frecuentes de la hipocondría:

-Preocupación y ansiedad exagerada por la salud

-Vocabulario similar al de un especialista: describe enfermedades y síntomas con  propiedad, conoce sobre descubrimientos de nuevas enfermedades o tratamientos

-Consumo excesivo de medicamentos (muchos automedicados), visitas a diferentes especialistas

-Ante cualquier síntoma, por leve que sea,  siente miedo de padecer una enfermedad grave o terminal

Consecuencias

Una de las consecuencias más  frecuentes es el cambio del estado de ánimo: el paciente se vuelve fatalista, ansioso e incluso puede padecer depresión.

Si está muy avanzado el trastorno, trae alteraciones en la dinámica familiar, bien por concentrar la atención en la persona o, por el contrario, se rechaza. Igualmente, pueden producirse altibajos en la vida laboral del sujeto, ya que destinan tanto tiempo en ocuparse de su salud que descuidan otras áreas de su vida.

Cómo tratarla

En el tratamiento hay que explorar la existencia de una enfermedad física, una vez  descartada esa posibilidad,  se requiere buscar la ayuda de un profesional de la psicología o psiquiatría. Es importante que los familiares y amigos no se “enganchen” con el paciente a hablar de enfermedades.

En muchos países de América Latina existen grupos de apoyo que contribuyen a salir de ese cuadro.

Algunos especialistas prescriben fármacos, yo especialmente considero que el consumo de medicamentos refuerza la idea en la persona de que está enferma; pero naturalmente este recurso se debe aplicar cuando es necesario.

Una terapia cognitivo conductual conectará al paciente con la vida, con la riqueza de utilizar su tiempo en actividades gratificantes, a diferenciar síntomas reales de imaginarios, a vincular su cuerpo al placer, no al sufrimiento, a perder su temor a la muerte, que en definitiva es un temor a vivir. Es la esencia de la psicología: curar con el poder de la palabra.

Es importante ocupar el tiempo en actividades que sean satisfactorias, conectándonos con el placer, cuando esto no es así y si no se tiene un norte definido en la vida, la enfermedad puede empezar a tener un espacio importante, casi una compañía, una sensación de estarse ocupando de algo que parece vital; es tener el tiempo ocupado y probablemente atraer la atención de los otros.

La mejor medicina de todas sigue siendo: el amor

Acerca de Psic. Doris González

Psicólogo egresada de la Universidad Central de Venezuela, UCV (1985). Postgrado en Psicoterapia Humanista (1987). Postgrado en Dinámica de Grupos. Universidad Central de Venezuela, UCV (1994). Entrenamiento en terapia Gestalt, análisis transaccional, psicología profunda, liderazgo situacional y dinámicas de grupo. Asesora en el área de Recursos Humanos. Articulista de la sección Salud del diario El Nacional y de la Revista Dominical.

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