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Estudian transfundir sangre joven como terapia para rejuvenecer

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Un grupo de personas buscarán dar validez científica a un mito tan viejo como la Humanidad: el poder rejuvenecedor de la sangre joven. Nadie en la literatura lo ha reflejado tan bien como Bram Stoker y su “Drácula”, que succionaba la sangre de otros para rejuvenecer, fortalecerse y contagiar a otros sus ansias vampíricas. Ahora, una “startup” de California tratará de emular al personaje inmortal con un ensayo clínico rodeado de polémica.

La compañía se llama Ambrosia, y detrás de ella está Jesse Karmazin, un joven de 31 años que acabó sus estudios en la facultad de medicina de la Universidad de Stanford hace solo 2 años. Durante la carrera, Karmazin desarrolló mucho interés en la investigación sobre envejecimiento a través de células madre. También se interesó por la experiencia de un doctor ruso, Alexander Bogdanov, que en la década de 1920 se administró transfusiones de sangre joven y aseguró que incrementó su energía y rejuveneció su apariencia.

El mismo año de la graduación de Karmazin, un estudio realizado con ratones por científicos de Stanford y Harvard mostraba que la transfusión de sangre de animales jóvenes era capaz de rejuvenecer algunas de las funciones cognitiva y motoras de animales más viejos. Una de las técnicas utilizadas fue la parabiosis, en la que se cosía la piel del ratón joven y del viejo para unir su sistema circulatorio. La práctica, conocida desde finales del siglo XIX, y el mito del rejuvenecimiento a través de sangre volvieron a llamar la atención de la comunidad científica.

“Este es el comienzo de un nuevo campo para la ciencia”, asegura Karmazin a ABC desde Monterrey (California), donde su «startup» tiene la sede. Su ensayo clínico no coserá ninguna piel humana, sino que ejecutará transfusiones de sangre joven periódicas a los pacientes. Los científicos, sin embargo, no coinciden en el poder rejuvenecedor de la sangre joven. Varios estudios (uno de la farmacéutica Novartis, otro de su competidora Glaxo Smith Kline y otro de la Universidad de Minnesota) contradijeron los resultados de la investigación de 2014.

Para Karmazin, “hay más de una docena de estudios, tanto en humanos como en ratones que muestran efectos benéficos. Y hay un ensayo clínico en Standford que publicará resultados positivos en el tratamiento del Alzheimer este año”.

El estudio al que se refiere lo lidera la neurocientífico Tony Wyss-Corey, que también participó en la investigación original de 2014. Wyss-Corey criticó en «Science» que “no hay evidencias científicas” de que el tratamiento que propone Karmazin sea beneficioso y que es “abusar de la confianza del público”.

El investigador se refiere aquí a uno de los aspectos más polémicos del ensayo clínico de Karmazin: los participantes pagarán 8.000 dólares por persona para ser parte del proyecto. Ambrosia planea realizar las transfusiones en 600 participantes, cuyo único requerimiento (además de tener esa cantidad en la cuenta del banco) es ser mayor de 35 años y no sufrir alergias.

Normalmente, los participantes en ensayos clínicos reciben una compensación económica por ser conejillos de india de una nueva terapia. Karmazin replica que están ofreciendo «el precio más bajo posible» y que la tasa de 8.000 dólares cubre «el trabajo clínico, el plasma, y los estudios científicos con biomarcadores, que son muy caros».

Pero no es la única crítica que ha recibido el proyecto. Matt Kaeberlein, de la Universidad de Washington, aseguró que el estudio no será «informativo o convincente de ninguna manera», que será difícil constatar los efectos beneficiosos porque los participantes no son necesariamente de edad avanzada y que no hay biomarcadores de envejecimiento aceptados completamente por la comunidad científica. Otros han criticado que el estudio no tiene un grupo de participantes a los que se les administra placebo, lo que dificultará extraer conclusiones.

“No sabemos todavía si el tratamiento funcionará mejor en pacientes jóvenes o mayores”, se defiende Karmazin, que reconoce que no puede esperar que los participantes paguen esa cantidad de dinero si tienen la posibilidad de que se les administre placebo.

Cada participante en el ensayo recibirá 1,5 litros de plasma de una persona de entre 16 y 25 años en un periodo de 2 días.

Ambrosia evaluará su sangre 1 mes antes de la transfusión y 1 mes después y buscará los efectos en más de 100 biomarcadores de envejecimiento y de progreso de enfermedades. Se evaluarán los niveles de inflamación, de proliferación de células madre, de coagulación sanguínea y de funciones inmunes, entre otros.

Los resultados del ensayo se publicarán en ClinicalTrials, una plataforma que también ha sembrado polémica. Leigh Turner, experto en bioética de la Universidad de Minnesota, advirtió en «Science» de la proliferación de ensayos de poca validez científica, sobre todo en investigación con células madres en clínicas privadas, a los que la plataforma da una «legitimidad que no merecen». Dentro de unos meses, los resultados del proyecto de Karmazin dirán si su terapia tiene validez médica o es otro cuento de Drácula.

Fuente: ABC.ES

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