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Envejecer bien: prioridad global

La población mundial se está haciendo más vieja cada año que pasa. Por primera vez en la historia, dentro de apenas un lustro los habitantes del planeta con más de 65 años superarán en número a los niños menores de 5 años/Por Francisco Kerdel-Vegas

El título de este escrito es el del editorial correspondiente al 7 de abril de 2012 de una de las más antiguas y prestigiosas revistas médicas a nivel mundial: me refiero a la revista británica “The Lancet”.

Las razones argumentadas para que esta famosa revista se comprometa a lanzar toda una serie de artículos sobre el tema del envejecimiento a fines del presente año son bien conocidas, pero bien vale la pena revisarlas y actualizarlas, cotejándolas con las más recientes estadísticas.

En primer lugar se trata de un fenómeno demográfico global: la población del mundo entero se está haciendo más vieja cada año que pasa. Dentro de apenas un lustro –por vez primera en la historia- los habitantes del planeta con más de 65 años superarán en número a los niños menores de 5 años.  Las causas de esta inversión de las proporciones son múltiples, pero entre ellas hay que destacar los avances de la medicina, el desarrollo socio-económico y la disminución de la fertilidad, muy entrelazados entre sí.

Frente a esta realidad demográfica determinante es natural y lógico que todos los países intenten -mediante las más diversas estrategias- adaptarse al fenómeno y tratar de cambiarlo “de manera positiva e incluyente”.

La realidad no es alentadora, ya que en general se interpreta a la vejez –llamada eufemísticamente entre nosotros “tercera edad”, para así evitar el término de  viejo, o peor aún, el de anciano–  llenos de connotaciones muy negativas. Tal vez no sabemos apreciar en todo lo que significa el valor de la experiencia, aunque sabemos que la especie humana (y quizás en algunos simios antropoides) es la única que valoriza la experiencia adquirida por los mayores, y es evidente que en ciertas culturas –como la japonesa- el respeto por esa sabiduría que solo dan los años es mayor que en otras.

Disponer de ese recurso humano de mayor edad, con sus aspectos positivos de experiencia y conocimientos acumulados, significa que debemos cuidarlo y sacarle el mayor provecho posible, lo que a su vez tiene implicaciones médicas obvias pues sabemos que es una población donde las enfermedades degenerativas no comunicables tienen una mayor incidencia.

Sabemos, por ejemplo, que en las personas mayores de 60 años  aumentan las posibilidades de accidentes cerebro-vasculares y las enfermedades isquémicas del corazón.  Y tal como nos señala el ya mencionado editorial, existe evidencia de que tan solo entre el 4 y el 14% de esa población vetusta –al menos en los países de bajos y medianos ingresos- recibe adecuado tratamiento para la hipertensión arterial, lo que ayudaría sustancialmente a reducir esas enfermedades incapacitantes y de elevada mortalidad.

También podemos actuar preventivamente frente a otras enfermedades comunes de la edad provecta –que afectan y producen incapacidades moderadas o severas  a una población estimada de 250 millones de personas- tales como disminución de la visión y de la audición, demencia y osteoartritis.  Y cabe agregar que entre 28 y 35% de los viejos sufren diversos traumatismos por caídas cada año que transcurre. Con razón se decía antiguamente que los viejos morían a causa de las tres “C”: catarro, caída y curso (diarrea).

En resumen, si queremos sacar provecho de esa nueva longevidad humana, es hora de ocuparnos inteligentemente de prolongar también su buena salud, para lo cual disponemos de efectivos medios si los sabemos utilizar adecuadamente.

Acerca de Francisco Kerdel Vegas, dermatólogo

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

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