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El poder de la información (1/2)

Es difícil resumir en pocas palabras cómo ha variado el ejercicio de la medicina en los sesenta años de graduado que mi promoción cumplirá este año 2011, pero no abrigo dudas de que el cambio más importante -entre muchos y muy significativos, sobre todo en las modernas tecnologías diagnósticas y en el campo de la terapéutica-, es el de la relación médico/paciente, gracias a los progresos tecnológicos determinados por la computadora, Internet y la “Web”.

De una relación paternalista o dependiente (parcialmente justificable en el campo de la pediatría, y tan sólo “parcial” ya que existe el canal de comunicaciones vicariante, pero vital con la madre del niño), hemos pasado, gracias al poder de la información a otro nivel de relación más equilibrado, societario o fraternal, en la cual el médico, con todos sus conocimientos y experiencia informa al paciente sobre su enfermedad (diagnóstico, pronóstico, evolución, tratamiento), evalúa la complejidad de cada situación -junto y con la activa participación del paciente-, y deja la decisión final en sus manos.

Para que esa secuencia se cumpla en forma lógica y racional y se traduzca en beneficios efectivos para el paciente -que es la esencia del acto médico desde los tiempos de Hipócrates 400 años A.C.- es indispensable cierto grado de cultura médica por parte del paciente. Esa “educación médica”, antes una entelequia, es ahora una posibilidad real, accesible a todos los bolsillos y en cualquier parte del mundo, gracias a Internet. La curiosidad innata de los humanos, se potencia cuando de salud y medicina se trata, hecho comprobable cuando observamos el espacio que le dedican al sector, periódicos y revistas de índole general. La única barrera todavía existente es la del lenguaje, y es relativa, dado el progreso en materia de traducción automática.

A lo largo de la historia ha habido siempre el problema de la disponibilidad de la información (alojada en grandes, remotas y costosísimas bibliotecas, un lujo que solo los países más ricos y poderosos del planeta podían darse); ahora -con los medios digitales a nuestra disposición-, confrontamos paradójicamente un exceso de información. Los conocimientos -y entre ellos los de salud- crecen en proporciones inimaginables hace pocos años, lo mismo que el número y variedad de los medios de difusión, impresos (libros, revistas, periódicos), radio, televisión, y más recientemente Internet.

La información médica en la “Web” es sencillamente inmensa, y es difícil imaginar algo que no podamos averiguar casi instantáneamente y de manera gratuita. Es problemático retrotraernos en el tiempo y tratar de explicar a los jóvenes todas las limitaciones y las dificultades de todo género para obtener la información necesaria para trabajar e investigar en países en vías de desarrollo, hasta el arribo de Internet.

El problema es actualmente de diferente naturaleza. Se trata ahora de identificar dentro de esa enorme, compleja e intrincada “jungla” de información, fácilmente accesible, aquella que es relevante, seria, creíble, confiable, inteligible, expresada por profesionales y científicos con autoridad, que a su vez está basada en una sólida formación y experiencia.

Acerca de Francisco Kerdel Vegas, dermatólogo

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

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