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El Entorno y su relación con cada quien – 4ª y 5ª Parte

AMIGOS ADMIRADOS POR MI PADRE

A continuación voy a referirme a un grupo de destacados personajes con quienes, en su gran mayoría, tuve un contacto esporádico aunque suficiente para poder afirmar que les conocí. Al margen de que pude contactarles personalmente visitandonos en casa, también acudí en visitas diversas acompañando a mi padre, quien solía respetarles y elogiarlos justamente. Yo quedaba a la espera satisfecho de que se me brindara esa oportunidad, ya que había oído hablar de ellos y al ser hombres públicos, tenía referencias a través de los medios de comunicación social.

Todos los que figuran a continuación aparecen en el Vol. 7 de las Obras Completas de Pedro Grases, lo cual me ha servido de referencia para redactar esta parte del escrito. Advertir que a algunos los conocí desde temprana edad y otros se cruzaron en mi camino siendo estudiante, durante el desempeño de mi profesión y también estando ya jubilado. La verdad es que la experiencia abarca un amplio espectro de mi vida. Hago constar que no están todos, he escogido a aquellos con quienes tuve más contacto.


Pedro Grases González (1909-2004)      Junto a mi madre: Asunción Galofré

De mi padre he dicho públicamente en una Conferencia que di hace un par de años en la Universidad Metropolitana de Caracas, lo siguiente:

Desde que tuve uso de razón conocí al hombre…….

  • En el papel de esposo, padre, abuelo y bisabuelo;
  • Como custodio de su familia en su país natal (Cataluña, España);
  • Como devoto amigo de sus amigos;
  • Como docente en sus diversas facetas – dentro y fuera de Venezuela;
  • Como consejero, como ferviente bibliófilo, acucioso investigador, incansable lector y con muy buena pluma;
  • Como anfitrión de una deliciosa tertulia todos los sábados por la mañana.
  • Y siempre destacándose en muchas otras facetas del quehacer humano.

En síntesis, un ser humano genuinamente excepcional.

 

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Manuel Segundo Sánchez (1868-1945)

Historiador y bibliófilo. “Un ejemplo único en el mundo hispanoamericano por la extraordinaria finura y exactitud con que comenta el valor de una obra y la importancia de un impreso. Don Manuel hacía gala de su bigote y barba a la vieja usanza. Le conocí siendo niño y me impresionó, para no decir otra cosa.

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Ramón J. Velasquez (1916-2014)

Don Ramón era el más tempranero de la tertulia de los sábados. Gran conversador y conocedor como muy pocos de la historia pequeña de Venezuela. Fue político, jurista, hombre de letras, ávido lector y relacionado con los militares de alto rango.

Estuvo encarcelado durante varios años durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y al ser liberado se dedicó al periodismo, llegando a ser director del Diario El Nacional. Siendo miembro del Partido Acción Democrática ocupó varios cargos de responsabilidad. Llegó a ser nombrado Presidente del gobierno de transición al ser destituido Carlos Andrés Pérez (1993-1994).

Buen amigo y admirador de mi padre, daba gusto verle hablar sobre lo terrenal y lo divino, siempre con anécdotas vividas muy de cerca, representativas de la genuina picardía del típico venezolano. Tuve oportunidad de asistir a alguna de las tertulias y era una delicia escucharle.

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Vicente Lecuna (1870-1954)

Conocí a Don Vicente Lecuna en su residencia del Country Club de Caracas, acompañando a mi padre de madrugada. Se reunían al despuntar el alba. Charlaban sobre libros e historia con énfasis en la valiosa aportación que hizo Don Vicente al conocimiento de la Obras del Libertador Simón Bolívar. Recuerdo que en torno a las siete, pedía un paréntesis para firmar documentos vinculados a su cargo como Presidente del Banco de Venezuela. Mi padre, a través de Lecuna, amplió sus vínculos con la flor y nata de los historiadores y bibliófilos del país.

Se graduó de Ingeniero, aunque como ya he señalado, ejerció de banquero y además fue educador, político, parlamentario e incansable restaurador, organizador y conservador del Archivo de Simón Bolívar y reconstructor de su Casa Natal en el centro de Caracas.

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Prof. Augusto Pi Sunyer (1879-1965)

Formó parte de la pléyade de personalidades que la Guerra Civil Española dispersó a partir del año 1939. Vino a Venezuela contratado por el Ministerio de Educación para orientar los estudios médicos y en particular la fisiología. Le conocí siendo Director del Instituto de Medicina Experimental de la U.C.V. y atendí sus extraordinarias clases de fisiología siendo estudiante. Su apariencia era impresionante: fornido, abundante cabello blanco y ondulado, bigote también blanco y una voz ronca y subyugante. Hablaba el castellano con un levísimo acento catalán y su experiencia vivida en las Europas y en innumerables Congresos en todo el mundo, le convertía en un erudito muy conocedor de su materia.

Don Augusto y su familia eran muy amigos de mis padres y era asiduo asistente a las reuniones de la colonia catalana que tenían lugar en casa. Años después conocí a su hijo, un destacado economista que también estuvo en Caracas.

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Pablo Vila (1881-1965)

Padre de un Barcelonés quien durante mucho tiempo formó parte de la colonia de catalanes que mantuvo un estrecho contacto con la familia Grases en Caracas……su hijo Marco Aurelio, junto a su esposa Josefina y sus hijos.

Era un destacado geógrafo y llego al país procedente de Colombia. Con más de noventa años estuvo siempre dispuesto a acudir a los más apartados lugares. De vuelta a España, un grupo de estudiantes universitarios le preguntó sobre detalles de la región de la Cerdanya en el norte de la provincia de Girona, limitando con la frontera del sur de Francia. Para contestar con propiedad, les respondió, estoy dispuesto a acompañarles. Y así fue como provisto de su bastón, ascendió la montaña con vigor renovado, para señalarles con precisión, los puntos que les interesaban.

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Julio Planchart (1885-1945)

A Julio Planchart le conocí siendo miembro de la Comisión Editorial de las Obras Completas de Andrés Bello. Mi padre era el Secretario de la misma, con sede en su Biblioteca-Despacho de su casa en la Castellana. Con el correr de los años tuve la suerte de conocer a dos de sus hijos, destacados profesionales de la medicina y de la abogacía.

Era un hombre afable. El expresidente Rómulo Gallegos, escribió estas líneas sobre él (Cito texto en el Vol. 7 de Maestros y Amigos, de las Obras de Pedro Grases). “Julio Planchart cultivó el dolor de patria, que es forma sacrificada de amor, sin vehemencias desnaturalizadoras, hizo derechamente camino recto desde el principio hasta el fin de su ejercicio de letras, de creación y de crítica, dejándonos un admirable ejemplo de dignidad intelectual”.

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Cristóbal Mendoza (1885-1978)

Don Cristóbal Mendoza, a quien tuvimos de vecino cercano en las Lomas del Club Hípico de Caracas, fue un destacado hombre público vinculado a la Academia Nacional de la Historia. Participó en numerosas iniciativas culturales con pasión y fue autor de obras sobre temas históricos diversos. Recuerdo la regia casona en donde vivía con su familia y su magnífica biblioteca. Fue amable conmigo y nuestros hijos, al permitirnos el acceso a su espléndida piscina en los jardines de la residencia.

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Carlos Pi Sunyer (1888-1971)

Según afirmaba mi padre “fue hombre probo de gran inteligencia, fino y sensible para las cosas bellas y de sosegada paz interior”. Le conocía bien, fue su secretario privado cuando este ejercía de Alcalde de la Ciudad de Barcelona. Personaje de un porte impresionante, había que verlo dando un vibrante discurso divulgando su pensamiento político. Llego a presidir el partido Izquierda Republicana. Era hermano de Don Augusto, a quien ya hemos reseñado.

Vino a parar a Caracas por insistencia de mi padre y ocupó varios cargos en su condición de economista, en especial el vinculado con el Banco Central de Venezuela. Fue en ese momento cuando tuve el privilegio de conocerle. Terminar diciendo que mi padre dedicó todos sus esfuerzos para enaltecer su jefe durante un tiempo en Barcelona.

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Jorge Guillén (1893-1984)

Le conocí junto a mi padre en una disertación que ofreció sobre los personajes de una Novela de Cervantes. Tuvo lugar en el Centro Principal de los Estudios Universitarios de Harvard, en el Junt Hill y recuerdo que coincidió con mi cumpleaños (14 de febrero).

Su hijo Claudio, también aficionado a las letras, vino a Cambridge a visitar a su padre al concluir su incursión en África como voluntario de las Fuerzas del General De Gaulle. Culminó sus estudios y presentó su tesis en Harvard. A diferencia de su padre, no presentaba rasgos castellanos tan pronunciados (nacido en Valladolid). Gente entrañable y con gran estimación por mi padre, a quien admiraban.

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Enrique Planchart (1894-1953)

Mi padre conoció a Don Enrique por ser asiduo lector de la Biblioteca Nacional que este dirigía. Se hicieron entrañables amigos y por su intermedio mi padre entró a formar parte de un selecto círculo de intelectuales, en parte distinto al que había logrado de la mano de Vicente Lecuna. Los Planchart vivían en una hermosa casa colonial en el centro de Caracas y sus dos hijos eran compañeros nuestros en el Colegio América: Alejandro, el mayor es un destacado musicólogo residente en Estados Unidos desde hace muchos años. El menor, Enrique, se formó como matemático y es actualmente Rector de la prestigiosa Universidad Simón Bolívar, en donde ejercía como profesor.

Uno de los más gratos recuerdos que atesoro de esa época eran las fiestas con repostería criolla en la casa de los Chorros, en donde vivían padres e hijos rodeados por un hermoso jardín lleno de árboles y vegetación tropical. Típico hogar tradicional de la clase media alta, amantes de la cultura.

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Gustavo H Machado (1897-1968)

Hombre excepcional en la Venezuela de sus tiempos, se especializó en Pediatría en Paris. Vivía en la urbanización el Paraíso en las afueras de Caracas, en una calle que llevaba el nombre de Callejón Machado. Allí mi padre ejercía el oficio de promotor de la cultura en el domicilio de varios vecinos. Yo conocí a los hijos de Don Gustavo, en especial a su hijo Gustavo Enrique, quien ejercía la medicina interna con singular competencia y con un talante de brillantez excepcional. También conocí y he tenido trato con sus dos hijas: Clemy y Yolanda.

En Costa Rica viven desde hace años un hijo de Clemy, Alfredo Acedo con su esposa Rosa María González. Pareja encantadora con quienes hemos departido en varias ocasiones desde nuestra llegada al país (hace ya cinco años).  Por cierto, su nieto Alfredo tiene rasgos muy parecidos a los de su abuelo Don Gustavo. Sin duda usaron el mismo molde.

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Augusto Mijares (1897-1979)

Le conocí por ser un entrañable amigo de mi padre. Lo que escribió sobre él resume las virtudes más destacables del personaje: “Provisto de un excepcional dominio de cuanto ha acontecido en el suceder Venezolano desde los días coloniales hasta el momento actual, Mijares ha acometido largos años, a través de sus libros, ensayos y artículos, a la revisión de las virtudes públicas de que no ha carecido Venezuela, con el designio de formar un corpus de principios que deben sentar tradición”

Conocí a su hija, persona dotada de reconocidas virtudes y casada con un hombre público de la sociedad venezolana.

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Guillermo Feliú Cruz (1900-1973)

El maestro chileno Feliú Cruz fue autor de una labor polígrafa extraordinaria. Le conocí en visita a Caracas en una de las Tertulias de los Sábados que promovía mi padre. Era un hombre de apariencia áspera, aunque según aquellos que le conocían, escondía un carácter de delicada fineza.

Citando a mi padre, quién mantuvo una estrecha relación con él, le calificó “de un sabio riguroso, infatigable en el trabajo, noble en la amistad, severo en sus convicciones, cualidades que no perturbaron su fina actividad poética y que supo ver que en el léxico castellano falta la palabra ennietecerse (condición de abuelo).

Fue considerado como uno de los más importantes historiadores y bibliófilos de la cultura hispanoamericana de todos los tiempos.

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Félix Cardona i Puig (1903-1982)

Nacido en Cataluña, el capitán de barco Félix Cardona llegó a Venezuela para radicarse con su familia, habiendo descubierto en viajes previos el Auyantepuy en la Guayana al sur del país. Es sin duda el explorador que mejor conoció esa zona y se le acredita como el primer hombre blanco que logró reconocer el Salto Ángel.

Un hombre sencillo y no poco huraño, que solo le bastaba una barrita de chocolate en cada bolsillo para salir caminando a recorrer la vasta geografía de la Guayana venezolana. Nadie aguantaba ese trote y por tanto no disfrutó de demasiada compañía.

Llegó a aprender diversos dialectos de los indígenas nativos y se entendía bien con la población autóctona. En referencia al Salto Ángel, ocurría que los indígenas lo tomaban como un salto embrujado que no debía ni verse, sin correr el riesgo de morir sin remedio. Sin duda fue Cardona quien escaló el Auyantepuy, de donde brota ese espléndido chorro de agua hasta caer casi un kilómetro en el cauce del río Churún.

Por razones inexplicables se otorgó al piloto americano Jimmy Ángel ser honrado con denominar el salto con su nombre. Cierto es que James Crawford aterrizó en ese tepuy desoyendo las indicaciones de Cardona. Con las ruedas metidas en el fango quedó inmovilizado y fue Cardona quién ascendió para darle asistencia. Tuvo suerte ya que estaba completamente desamparado. Pues bien, ya Cardona conocía el salto y había transitado sus vías de acceso.

A Cardona le visité varias veces en su casa de los Chorros en compañía de su esposa alemana y su numerosa prole (algunos con rasgos nórdicos).  Luego le reencontré muchos años después en Barcelona (España). Aceptó dar una charla sobre sus aventuras en la sede de una institución cultural del Ayuntamiento. Se creó gran expectativa ya que no era dado ni a entrevistas ni a presentaciones.

Un periodista indagó sobre lo más extraordinario que recordaba de la selva. Explicó con detalles la siguiente vivencia: En una tarde-noche de un día sin lluvia, después de caminar incesantemente todo el día, colgó el chinchorro, se quitó las botas de cuero, las dejó en el suelo y se dispuso a pasar la noche descansando. En la madrugada al irse a calzar, encontró residuos de las botas, incluidos algunos clavos dispersos, como consecuencia del apetito voraz de las termitas. Con ese relato concluyó la disertación para el legítimo asombro de la audiencia.

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Eugenio Mendoza

Don Eugenio fue un extraordinario empresario, hábil creador de centros de producción que contribuyeron significativamente al desarrollo de Venezuela durante la segunda mitad del Siglo XX. Tuvo además una particular y reiterada dedicación a la creación altruista de obras de bien público instaurando una Fundación que promovió la creación de Centros dedicados a la investigación de la cría y agricultura del país. Era un entrañable amigo de mi padre y se veían con frecuencia. Por ello, al margen de hubiese conversado con él en más de una ocasión, existía una armónica relación familiar.

Muy especialmente prestó ayuda y asistencia a la infancia venezolana, así como particular impulso a obras y servicios de índole cultural. Con la Fundación que lleva su nombre y se mantiene activa, impulsó obras sociales y benéficas con resultados extraordinarios.

Era un caballero de estampa impecable, y su personalidad como forjador de riqueza para su gente y para su patria, hizo que en una caminata, acompañado de mi padre en la antigua hacienda de La Urbina del municipio de Petare, llegaran a una especie de pacto….”Yo pienso fundar en éste gran lote de terreno una Universidad Privada” enfatizó Don Eugenio. Y mi padre le replicó….”Si es así, yo dono mi Biblioteca (para ese entonces más de 80.000 volúmenes), para beneficio de la colectividad universitaria. Esa semilla germinó con singular vigor. Ahí está construida y funcionando y con el soporte de La Fundación Metropolitana (FUNDAMET), que lleva con especial acierto su yerno Dr. Pablo Pulido. Gracias al empeño de FUNDAMET y el soporte del presidente Luis Herrera Campins, hay libros por todos lados, está pletórica de estudiantes, con una sala de lectura sorpresivamente silenciosa y en la fachada se destaca: “Biblioteca Pedro Grases”. Mi padre se sintió siempre orgulloso por esa aportación a su segunda patria, en el sentido más amplio.

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Miguel Batllori (1909-1979)

Batllori, notable historiador español, fue compañero de estudios de Filosofía y Letras de mi padre, en la antigua Universidad de Barcelona. Era una pulcritud de persona, un dechado de elegancia y muy aficionado a leer y escribir. Su vocación lo llevó a ingresar en el noviciado de Gandía (Valencia) para hacerse jesuita. Fue escogido para oficiar la ceremonia religiosa del matrimonio de nuestro hijo menor, Pablo, en el milenario monasterio de Sant Cugat del Valles (Provincia de Barcelona). Ciertamente un encanto de persona.

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Abel Vallmitjana (1910-1974)

Cuando mis padres llegaron a Caracas, a mediados de la década de los treinta del siglo pasado, resolvieron vivir bajo un mismo techo con la familia Vallmitjana –Alemany: Abel, Pepis y su hija Marta. Fue una experiencia que duró varias décadas y terminó ampliándose con la llegada de su hermano David y su familia, una experiencia inususal que tuvo éxito gracias a un excepcional respeto y espíritu de convivencia.

Ya mencioné en el escrito sobre Sergiu Celibidache, la sensibilidad artística de Abel. Reconocido escultor y pintor. Era un buen conocedor de la historia del arte y además disfrutaba de la música clásica. Su hermano David ejercía en España el oficio de orfebre y cuando llegó instaló su taller con singular éxito en la última vivienda que compartieron los Grases-Vallmitjana. Mi padre tomó la decisión de comprar un lote de terreno al este de Caracas (La Castellana) y ahí construyó una casa-biblioteca, en donde vivieron hasta que recibieron la llamada del más allá y nos dejaron con un legado de rectitud inquebrantable.

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Luis Alberto Machado (1932-2016)

Destacado intelectual conocido en Venezuela por haberle dado importancia al desarrollo de la inteligencia. Fue una aportación original que le permitió, después de haber sido Secretario del Despacho de la Presidencia, crear un Ministerio para lograr esos objetivos. El ocupó la cartera durante 5 años y tuvo el mérito de divulgar esa iniciativa en varios países del mundo.

Siendo muy buen amigo de mi padre, tuve ocasión de departir con él en numerosas ocasiones. Cuando estuvo una temporada en un apartamento de los Grases en Barcelona (España), para rematar su libro sobre el tema, fue mi hermana Mª Asunción quien le propuso el título “La revolución de la inteligencia”. Una aportación bien acogida por los venezolanos que seguían sus planteamientos.

Si tuviese que resumir las virtudes del personaje, destacaría su discreción, su fina inteligencia y exquisitos modales.

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Manuel Pérez Vila (1922-1991)

Cito lo escrito por mi padre:

“Un hombre modesto, sencillo, entusiasta por los temas de dilucidación histórica, quien llevó a cabo una contribución única en los predios de las creaciones archivistas venezolanas, estudioso, capaz, agudo, gran lector y terco hasta ver clara la verdad, como debe ser.” Continúa mi padre diciendo: “Ha alcanzado una excepcional madurez y dominio de los temas, condiciones óptimas para rendir una obra provechosísima en cuanto atañe a la documentación histórica venezolana”

Oriundo de Girona (Cataluña, España) llegó a Venezuela a los 26 años. Yo tuve el privilegio de disfrutar de una estrecha relación con él por ser asiduo colaborador de mi padre. Además tenía una hija que estudió medicina, se graduó en Venezuela y se trasladó a los Estados Unidos para completar su formación con un postgrado de Pediatría. Tuve el privilegio de servirle de consejero.

Mi padre concluye afirmando: “Pérez Vila y yo hemos andado juntos muchos caminos desde nuestro encuentro en 1948. Me honra disfrutar de su amistad”.

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FIN DEL ESCRITO

Acerca de Dr. Pedro J. Grases

Médico Patólogo con más de 50 años de experiencia. Formado en los EE.UU. (Michigan y Armed Forces Institute of Pathology), dedicado a la docencia, a escribir e investigar. Ha trabajado en diversas universidades de Europa (en Friburgo y en Oxford) y en los EE.UU. (U.de California del Sur). A partir de 1990 estuvo al frente del Servicio de Anatomía Patológica de USP Institut Universitari Dexeus en Barcelona. Retirado a partir de 2007, se dedica ahora a escribir, a dar conferencias en su condición de cronista de la Ciencia y a cultivar con más esmero su afición por la fotografía.
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