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El empoderamiento de la ciudadanía

La conducta sí importa: lo que cada quien hace, el modo como cada quien actúa es más que sus palabras.   En el escenario psicológico, autoeficacia es una reflexión para regular las motivaciones, los modos de pensar y los estados emocionales. En estos tiempos el miedo mismo que paraliza, avergüenza y convierte el retiro en un atraso, en una indiferencia.

Considerando la presión que se teje para el futuro próximo, poco nos podemos permitir la inmovilización mutua y la apatía pública. Cuando las iniciativas sociales se aplican a una población entera se construye una eficacia colectiva,  es decir,  la creencia compartida que el todo es más que las partes, que la sociedad  como un conjunto es capaz de organizar y ejecutar acciones que van a producir resultados visibles para un  país.

Nada de misterioso hay en esta forma de comportarse para obtener un resultado realista, sujeto a  la  práctica y a la persistencia. Lo difícil es que  la ciudadanía participe activamente y se perciba competente en la construcción de su país, lo difícil es que comprenda que con ello va a modificar directamente el sistema social en el cual está inmersa.

No responder,  abstenerse, rendirse  ante los acontecimientos y las consecuencias negativas se conoce como desesperanza aprendida,  la ineficacia está  en  “no saber hacer”.

Como  antídoto  al desaliento se contrapone la autoeficacia,  es decir, la creencia de que uno actúa para el presente y para el mañana tomando una decisión sobre lo que se va a hacer, poniendo esfuerzo en ese propósito (mientras menos propósitos mayor eficacia en los resultados) persistiendo al enfrentar un fracaso y regularizando las emociones que se producen durante el proceso.

Una explicación sencilla sobre lo que es autoeficacia es que las personas acostumbran a medir  los efectos de su actuación: si la interpretan como exitosa ello contribuye a aumentar la eficacia, si la interpretan como un fracaso se reduce el esfuerzo.  A esto se añade la característica única y exclusiva del ser humano  para poder modificar el destino y el  ambiente en el cual habita gracias a  su  flexibilidad y su autodeterminación.

Cuando se trata del colectivo, en algunos países denominan empoderamiento al proceso de preparación y resistencia ante las desilusiones y fracasos. Consiste en una intensa responsabilidad compartida y en un alto nivel de participación en  el cambio social.

Empoderamiento es la firme creencia de que  se puede producir un resultado acelerado  por medio de la acción colectiva, bien  sujeta a una metodología a fin de evitar  lo contrario, es decir,  la incapacidad para ejercer influencia en el acontecer de las cosas.  Allí comienzan la aprehensión, la apatía y la desesperanza afectando así  la vida de la ciudadanía.

Se puede concluir entonces que las barreras psicológicas generadas por las creencias de impotencia colectiva parecen auténticas  y son aun más perniciosas que los propios impedimentos externos.

De hecho, por ejemplo,  el objetivo de las recientes políticas públicas consisten en fortalecer las creencias en las acciones colectivas y fomentar ambientes resistentes a la incertidumbre, la violencia,  al crimen y a los impactos de las desventajas socioeconómicas.

Eficacia colectiva  y empoderamiento apuntan  hacia  a un propósito,  una situación específica, un objetivo  acompañado de la resiliencia, léase resistencia a la fatalidad; es un esfuerzo mancomunado para desalojar prácticas prejuiciosas que van en detrimento del colectivo.

Hace falta  comprender que cuando se presenta el empoderamiento,   el  tejido   del compromiso de un grupo humano  o de una nación requiere estar entrelazado para hacer más fácil la movilización y la influencia sobre el colectivo; ciertamente ello no ocurre  cuando  el sistema social está fragmentado.

Basándose siempre en el lema del poeta romano Virgilio: “Pueden, los que piensan que pueden”,  es responsabilidad de cada quien la autogestión  y la dirección del colectivo.

Acerca de Felicitas Kort, psicóloga clínica

Licenciada en Psicología Magna Cum Laude de la Universidad Católica Andrés Bello. Post-Grado en Psicología Clínica. Especialización en Psicoterapia Conductual, realizada en la Universidad de Temple, Eastern Pennsylvania Psychiatric Institute, Filadelfia, Estados Unidos. Fue profesora de la cátedra de Psicología Clínica de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesora de Psicoterapia Conductual en el Postgrado de Psiquiatría y Psicología Clínica, Hospital Psiquiátrico de Caracas, Universidad Central de Venezuela. Recibió la condecoración "Honor al Mérito" por la Federación de Psicólogos de Venezuela.

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