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El Ello freudiano

Ello constituye  el aspecto funcional primario, filogenético con  su  mayor  contenido  inconsciente y consiste fundamentalmente en la expresión psíquica de las pulsiones y deseos. Dicho de otro modo, la totalidad  de  los instintos tienen su residencia en el tallo cerebral y constituyen  la mayor parte  del Ello  y del cual  derivan el Yo y Superyó.

El Yo, instancia  psíquica actuante que aparece como mediadora entre las otras dos  y pone en contacto al ello con el mundo exterior y  su realidad,  lamentablemente no siempre captable por el ser humano en la proporción adecuada. Intenta conciliar las exigencias normativas y punitivas del Superyó, como asimismo las demandas de la realidad con los intereses del Ello por satisfacer deseos inconscientes. Es la instancia encargada de desarrollar mecanismos que permitan obtener el mayor placer posible, pero dentro de los marcos que la realidad permita. Es, además, la entidad psíquica encargada de la defensa y gran parte de su contenido es inconsciente.

El Superyó: instancia moral, enjuiciadora de la actividad yoica. El Superyó es para Freud una instancia que surge como resultado de la resolución del complejo de Edipo y constituye la internalización de las normas, reglas y prohibiciones de los padres.

El “Superego” que representa las exigencias del entorno cultural,  señala castigos y  gratificaciones para lograr cierta “perfección” de comportamiento. Su objetivo es que el autocontrol sustituya al control paterno y  esto pone  al “Yo”  en tensión.

La cultura es  la consecuencia de la  represión del Ello, de la «líbido» que motiva la vida en su amplitud.

Por consiguiente, la cultura es un principio represivo de realidad, moldeando así al Yo y a la líbido sublimada, esto es, el Superyó.  Es decir,  que la cultura  actúa como un  verdadero freno y regulador, domina la peligrosa inclinación agresiva  que potencialmente tiene todo individuo  que lleva  a  conflictos personales y  colectivos.

Comentarios

Ello, Yo y Superyó, son conceptos fundamentales en la teoría del psicoanálisis con la que Sigmund Freud intentó explicar el funcionamiento psíquico humano, postulando la existencia de un “aparato” psíquico que tiene una estructura particular.

Sostuvo que este aparato está dividido, a grandes rasgos, en tres instancias, el Ello, el Yo y el Superyó, que sin embargo comparten funciones y no se encuentran separadas físicamente. A su vez, gran parte de los contenidos y mecanismos psíquicos que operan en cada una de estas entidades son inconscientes.

Ello, Yo y Superyó, los tres conceptos en los que se basa Freud,  tienen cierta  correspondencia, con la estructura ternaria del alma que ya en el siglo IV a. C. hizo Platón. Esto es: el alma vegetativa o deseo, se corresponde con el Ello, y  a su vez con el «principio de placer»; el Yo,  a lo que llamó la  razón,  es la fachada del Ello o la punta del iceberg que  se exterioriza desde la profundidad  del océano del inconsciente; y, por último,  el espíritu  que  se  corresponde con  el  Superyó  o «ideal del yo», así como la «conciencia moral»  y  orienta con lo que se debe hacer.

Para Platón la salud espiritual o mental, se logra cuando todas estas partes están en un equilibrio armónico entre sí, ejerciendo cada una su propia parte en el todo.  También la estructura trimembre de la que nos habla Lucrecio en su De rerum natura puede corresponderse sin identificarse con la de Freud, pues el corpus es el «principio del placer», esto es, el Ello; el ánima es el Yo; y el animus es el Superyó.

Y, siguiendo con las analogías, con las tres «capas de producción» del materialismo cultural de Marvin Harris, pues la «capa básica» estaría en relación con el Ello, la «capa social estructural» lo estaría con el Yo, y la «capa supraestructural» lo estaría con el Superyó.

Acerca de Dr. Abraham Krivoy

Neurocirujano. Fundador y Ex Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Neurocirugía y de la Sociedad Venezolana de Neurocirugía. Miembro Honorario de la Sociedad Venezolana de Neuropsicología; Profesor Titular de Neurocirugía, Universidad Central de Venezuela. Miembro Fundador de la Sociedad Venezolana de Neurocirugía Pediátrica (2004), Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina y de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, entre otros reconocimientos.

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