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Efecto rebote: ¿cómo y por qué se recupera el peso perdido?

Cuando se cumple una dieta desbalanceada (en cuyo caso se suprime un nutriente o se consume un número muy bajo de calorías), ocasiona que, al cabo de una semana, el cuerpo sienta que no tiene los insumos necesarios para funcionar adecuadamente / Por Ana Adames

El efecto rebote significa recuperar el peso que alguien con sobrepeso u obesidad ha perdido después de haber realizado una dieta. Registros clínicos reportan –en pacientes- ganancias de más del 20%  sobre el peso inicial.

Este efecto puede presentarse desde la primera semana hasta dos años luego de haber finalizado la dieta, y puede llegar a ser devastador emocionalmente: la persona no se da cuenta de lo que ocurre sino después de un tiempo considerable.

A este proceso también se le conoce como “efecto yoyo” debido a la forma como cambia el peso de la persona a lo largo del tiempo: primero baja cuando está realizando la dieta, luego sube cuando la deja de hacer, y baja nuevamente cuando comienza a hacerla otra vez, sólo para continuar el ciclo.

Generalmente, esta complicación viene dada por la realización de dietas estrictas, no supervisadas que generan serias consecuencias sobre el individuo (no son inocuas), es decir, pueden ser peligrosas, no solo desde el punto de vista metabólico, sino también emocional porque sus resultados indeseables producen desazón y pérdida de la autoestima.

La dieta desequilibrada y su impacto

Cuando se cumple una dieta desbalanceada (en cuyo caso se suprime un nutriente o se consume un número muy bajo de calorías), ocasiona que, al cabo de una semana, el cuerpo sienta que no tiene los insumos necesarios para funcionar adecuadamente.

Como resultado de ello, se activan señales de alarma que indican, a todos los sistemas del organismo, que deben funcionar al mínimo. A este efecto lo llamamos “modo de emergencia o de ahorro”: el cuerpo se adapta a la cantidad de energía y nutrientes suministrados.

En ese proceso de “adaptarse”,  el cuerpo empieza -en primer lugar- a perder agua porque los nutrientes que ayudan a movilizar y almacenar el agua en el organismo están ausentes o hay muy pocos.  Luego pierde músculo, ya que este tipo de tejido tiene un alto consumo de energía.

Tanto el agua como la masa muscular son densas y, cuando se pierden, el individuo nota un descenso importante de su peso. Esta situación se prolonga por el tiempo que dura la dieta.

Cuando se ha llegado al peso deseado o cuando simplemente la persona “no aguanta seguir en dieta”, comienza a consumir todo lo que dejó de comer antes. ¿Y qué ocurre después? Dado que el cuerpo está ahora acostumbrado a una menor energía y tiene menos músculo, el exceso de alimentos no se usa sino que se almacena en forma de grasa.

Ese efecto ocurre por un buen tiempo y se explica así: temeroso de que en cualquier momento la persona suprima nutrientes otra vez, el organismo almacena todo lo que recibe, previendo emergencias futuras. Es así como,  en ese tiempo, se recuperan los kilos que se han perdido.

Pero ahora la situación es peor porque se perdió agua y músculo y, en contrapartida, se recuperó grasa.  ¿Cuál es el resultado de esta “ecuación”? Varios kilos de más, un físico indeseado, un metabolismo deteriorado y la autoestima aún más baja.

A la luz de estos resultados, muchas personas terminan sintiendo que hacer dieta es inútil porque a la larga vuelven a ganar peso. Si deciden hacer una nueva dieta, en muchos casos, vuelven a ganar más peso del que tenían. Se participa en una suerte de círculo vicioso.

La clave: mantenerse

Siempre hemos dicho: lo importante no es llegar, sino mantenerse. Una persona que baja de peso debe de tomar acciones para enfrentar el siguiente paso: el mantenimiento del peso, esto significa cambiar de hábitos y adoptar una vida más saludable. Es, en definitiva, un compromiso para toda la vida.

Es necesario enfocar la pérdida de peso no solo hacia la realización de una “dieta” sino al cambio de hábitos de vida que hagan dicha pérdida de peso lograda sostenible en el tiempo.

El cambio del comportamiento requiere conocimiento, motivación y estrategias para su implantación y, sobre todo, para su mantenimiento. Los cambios en la alimentación y en el ejercicio son importantes, pero además necesitan apoyo y compromiso del paciente, de su entorno (familia y amigos) y de su médico.

@DraAnaAdames

Acerca de Ana Adames

Es Médico Cirujano de la Escuela Luis Razetti, Universidad Central de Venezuela. Hizo una especialización en Nutrición Clínica en la Universidad Simón Bolívar. Realizó pasantías Clínicas de Soporte Nutricional en el Hospital Universitario de Caracas, en el Hospital Domingo Luciani y en el Hospital Dr. José María Vargas. Trabajó, además, en el Hospital Clínico Universitario en la Unidad de Soporte Nutricional y Metabólico. Actualmente realiza su práctica profesional en un consultorio médico para control metabólico de paciente diabético, renal, obeso mórbido, embarazada de alto riesgo, desnutrición, trastornos de la conducta alimentaria y alteraciones congénitas del metabolismo.

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