Home | Bitácora del día | Vida vegetativa vs. Eutanasia

Del libro "Paradojas médicas: Contradicc​iones de la medicina actual"

Vida vegetativa vs. Eutanasia

Se plantea con fuerza, como presión social comprensible, la opción de la eutanasia. Y ya lo estamos viendo, como lenta pero progresivamente, va penetrando las conciencias de sociedades con una importante tradición liberal | Por: Francisco Kerdel-Vegas

eutLA DRAMÁTICA EXTENSIÓN del promedio de vida de la población mundial, proporcionalmente mayor en los países industrializados, afluentes y con mejores servicios médicos, amenaza continuamente y muy especialmente a esos países del Primer Mundo a convertirse progresivamente en una sociedad de viejos, de ancianos, de jubilados y pensionados (que superarán en poco tiempo a quienes trabajan … y producen).

Todos los cálculos actuariales al respecto están desfasados y los desequilibrios económicos que causarán son un permanente dolor de cabeza para los estadistas y hasta para los políticos de todos los países.

Pero el problema médico esencial es que los avances obtenidos para prolongar la vida activa de muchos órganos, mediante trasplantes, y otros métodos, han tenido cierto éxito con varios órganos (tal como sucede con la córnea, el riñón, el corazón, el hígado y hasta los pulmones), pero es imposible —y con toda probabilidad seguirá siéndolo durante muchos años— con el cerebro.

Hace algún tiempo escribí un artículo sobre, “el trasplante imposible” refiriéndome a ese hecho, de que en el supuesto negado de que pudiésemos acometer el acto quirúrgico y trasplantar la totalidad de un cerebro a un cuerpo humano, lo que verdaderamente hubiese ocurrido es el trasplante de la totalidad de un cuerpo a un cerebro (y no lo contrario), ya que al final de cuentas lo que realmente define al ser humano es la conciencia y toda la actividad cognitiva que asienta en su cerebro.

Por otra parte con el aumento del promedio de vida, todos los problemas que surgen de la gradual desgaste o erosión del cuerpo humano por el envejecimiento y reducción de la funcionalidad de los órganos, tejidos, aparatos y sistemas, van encontrando soluciones médicas o quirúrgicas más o menos efectivas y aceptables, que no guardan relación con los limitados avances relacionados con las enfermedades degenerativas del sistema nervioso central.

Enfermedades como la de Alzheimer, prácticamente desconocida hasta hace cinco décadas, aumenta continuamente en relación directamente proporcional al aumento de edad del promedio de la población y está haciendo estragos en los países desarrollados, ya que conduce a una población con un porcentaje sustancial de viejos condenados a una vida vegetativa.

Ya se acepta que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos, después de las enfermedades del corazón y el cáncer. Se ha constituido así en la gran amenaza del futuro, y centro de preocupación de los gobiernos de países como los Estados Unidos y Gran Bretaña, ya que no solo incapacita a quienes la sufren, sino que requiere de asistencia humana permanente a medida que avanza la enfermedad, situación que puede extenderse por varios años y que representa muy elevados gastos.

LA OPCIÓN DE LA EUTANASIA

Con una situación de este tipo se plantea con fuerza, como presión social comprensible, la opción de la eutanasia, y ya lo estamos viendo, como lenta pero progresivamente, va penetrando las conciencias de sociedades con una importante tradición liberal como ocurre en los Países Bajos, donde ya observamos intentos incipientes de utilizar la eutanasia para terminar la vida vegetativa de ancianos condenados a esa situación inhumana, que elimina toda calidad de vida.

El incremento continuo de la longevidad humana en las poblaciones de los países afluentes del Primer Mundo está ocasionando problemas para los cuales la moral cristiana ortodoxa (y especialmente la católica), muy rígida en lo que toca a la sacralidad de la vida, no tiene respuestas apropiadas todavía.

Los trasplantes hacen posible mantener funcionando aceptablemente algunos órganos vitales, como el riñón, el hígado o el corazón, especialmente desde que disponemos de fármacos (como la ciclosporina) que evitan el fenómeno del rechazo. Pero toda esta tecnología de punta, que permite prolongar la vida por años de enfermos que hasta hace una generación estaban desahuciados, al fallar el funcionamiento de un órgano vital, no ha logrado semejantes avances en lo que se refiere a la buena marcha del cerebro, del que depende nuestra conciencia y capacidad de razonamiento, y nos da así el componente esencial de lo que constituye la humanidad.

Es así como se justifica y entiende el clamor universal de personas que aspiran “a morir con dignidad” y además saben que “ya pueden exigirlo como un derecho”.

UN NUEVO DERECHO DE LOS SERES HUMANOS … EL DERECHO A MORIR

Surge así —al menos a los ojos de los activistas de la Federación Mundial de Asociaciones pro Derecho a Morir (creada en Oxford en 1980 y que cuenta ya con más de 800.000 socios en 27 países)—, un nuevo derecho de los seres humanos … el derecho a morir; derecho contemplado ya por el penalista Luis de Jiménez de Asúa (1889-1970) en su libro “Libertad de amar y derecho a morir” en 1928.

En otras palabras, es la aceptación sin eufemismos, de la eutanasia. Según la información publicada, en España, 6 de cada 10 médicos (Centro de Investigaciones Sociológicas – CIS) apoyan un cambio en la ley “para permitir a los enfermos pedir y recibir el suicidio asistido por un médico y/o la eutanasia activa.”

Se afirma igualmente que un sondeo de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) de España refleja que el 70 % de los españoles desea que se legalice la eutanasia.

Ese movimiento pro-eutanasia ya es legal en Holanda y Bélgica y se dice que está avanzando rápidamente en Francia, Japón y Australia. En Suiza, la organización ofrece “suicidios asistidos” a “cuantos europeos quieran usar de sus servicios”.

UN TEMA ESPINOSO

Se trata sin duda de un asunto espinoso y duro para la profesión médica, que es vista por el público, y se identifica a sí misma, como la institución destinada a luchar por la vida y combatir las enfermedades que atentan contra la misma. Y efectivamente, ese logro que el promedio vida de naciones enteras llegue e incluso se prolongue más allá de los 80 años, se le puede atribuir mayoritariamente, sin dudas y regateos, a la medicina.

Pero el costo a pagar es alto, y ahora surgen dudas y tribulaciones de cómo atenuar las consecuencias negativas de una población que envejece a ojos vista.

¿Tendrán que ser efectivamente los médicos quienes, contrariamente a una tradición multisecular —y a petición de los propios pacientes—, pongan fin a los días de quienes ayudaron a traer al mundo?

Se trata de un cruel interrogante, que pende, como la espada de Damocles, sobre quienes ejercen la noble profesión, y que hasta ahora no habían tenido la necesidad de plantearse seriamente esa proposición harto macabra, triste y desoladora.

Tal vez, como sugiere mi hijo médico, si esta posibilidad se convierte en realidad en el futuro, deberían ser profesionales no médicos los encargados de ejecutar el lúgubre procedimiento (no exactamente un verdugo, pero no faltará quien los compare).

———–

Texto extraído del libro: “Paradojas médicas: Contradicc?iones de la medicina actual”, escrito por Francisco Kerdel-Vegas, médico fundador de BITÁCORA MÉDICA. Para más información pulse aquí

——————

Acerca de Francisco Kerdel Vegas, dermatólogo

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

Deje su comentario

Venezuela Colombia USA