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Dietas anticáncer: ¿mito o realidad?

¿Puede realmente la alimentación ser un factor determinante para desarrollar un cáncer?

¿Qué papel tienen los alimentos en el aumento o disminución del riesgo de padecer un cáncer? Jeffrey Mayerhardt, del Dana Farber Cancer Institute de Boston (una de las mejores instituciones del mundo en la especialidad), ha revisado en profundidad el tema.

Su conclusión es clara. No hay dietas milagrosas, ni alimentos malditos o geniales. No hay aún un solo estudio controlado que sea concluyente. Lo mejor que se debe aplicar cuando se habla de dietas y cáncer es el sentido común y tener conocimientos claros de qué tipo de alimentación en general es la más adecuada.

Mayerhardt lo expuso de una forma sencilla: “El  mayor factor de riesgo de cáncer relacionado con la dieta no es un determinado alimento sino la obesidad”, dijo. Los estudios de observación han dejado muy claro que el aumento de peso, la adiposidad fundamentalmente, se relaciona con un riesgo elevado de padecer determinados tipos de cáncer.

Hay datos epidemiológicos sólidos que apoyan que el consumo excesivo de alimentos procesados o de carnes rojas también se relaciona con el riesgo de cáncer.

¿Y LAS FRUTAS Y VERDURAS?

Aunque parezca difícil de creer no hay datos concluyentes que avalen que el consumo elevado de frutas y verduras per sé disminuya la incidencia de cáncer. Asimismo, no hay una sola vitamina o suplemento alimenticio que sirva para ese propósito.

El experto de Boston opina, con bastante sentido, que un consumo frecuente de frutas y verduras -alimentos con alto contenido en fibras y agua- probablemente contribuye a mantener a raya la báscula. Y si no hay sobrepeso, y el porcentaje de grasa total es discreto, el riesgo de padecer cáncer también baja.

Mayerhardt dejó asimismo constancia del peligro de consumir demasiados hidratos de carbono refinados (el azúcar es el paradigma).  Una costumbre que dispara la producción de insulina por el páncreas y favorece la resistencia a la hormona con los consecuentes efectos metabólicos dañinos. Por eso es importante tratar de sustituir los hidratos de carbono refinados por otros más complejos (integrales) que se digieren de una forma distinta y más beneficiosa.

La conclusión de los especialistas es clara: la obesidad favorece el cáncer sin duda alguna, el consumo excesivo de alimentos procesados y de carne roja no es bueno, las frutas y verduras tienen efectos beneficiosos probablemente por su alto contenido en agua y fibra y es mejor consumir hidratos de carbono complejos, con un poder glicémico más bajo, que refinados.

No obstante, dentro de algunos años la evidencia científica sobre cómo la dieta interactúa con el cáncer será mucho más sólida que la que ahora tenemos. Hay 550 estudios en marcha sobre el tema y a ellos se añadirán los 300 que se están realizando también sobre cómo influye el ejercicio físico en el riesgo de cáncer.

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Título original: Los mitos de las dietas anticáncer

Reproducción parcial del artículo Los mitos de las dietas anticáncer publicado en elmundo.es. Para lectura completa pulse aquí

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