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Dengue: ¿endemia o epidemia?

Si bien el tema ya ha sido abordado en Argentina, nunca está de más profundizarlo dada su importancia epidemiológica en el resto de los países sudamericanos comprometidos por la enfermedad

Aunque el título de este artículo es llamativo, refleja lo que ocurre con ciertas afecciones transmisibles. El dengue puede actuar –y de hecho actúa– en algunas regiones como endemia, mientras que en otras lo hace con la característica de las epidemias: pasa por sobre el demos (pueblo) y tras un determinado tiempo se retrae. Ejemplos paradigmáticos de uno y de otro tipo de las modalidades de estas infecciones son la endemia del Chagas en Argentina y la epidemia de Peste Negra que asoló Europa y Asia en el siglo XIV.

Una se establece, se hace crónica y su daño es lento pero persistente; la otra es artera, pega fieramente y deja un desastre social y económico en la zona afectada.

Si bien el tema ya ha sido abordado en Argentina, nunca está de más profundizarlo dada su importancia epidemiológica en el resto de los países sudamericanos comprometidos por la enfermedad.

Es interesante y hasta pintoresco el origen del término dengue. El imaginario popular siempre relaciona los síntomas de la afección con hechos de la vida cotidiana o los homologa con enfermedades frecuentes y conocidas. Esto dice Pedro-Pons: “La palabra dengue alude a la marcha especial, presuntuosa, dandy, melindrosa, denguera, con que el sujeto se ve obligado a caminar debido a las mialgias lumbares que lo envaran. Dandy fever la denominan los ingleses; fiebre quebrantahuesos (break bone fever) en Filadelfia; aburabaku, los árabes; fiebre sellar, etcétera.

Los españoles han sido los que han dado más nombres a esta infección: la misma palabra dengue es de origen español. Por su benignidad la denominaron ‘la piadosa’; por el exantema, ‘calentura roja’; porque la adquirían al llegar a Filipinas o América, ‘fiebre de aclimatación’ o ‘chapetonada’; por coincidir en la época de los dátiles, ‘fiebre datilera’, etc. Lo envarado, melindroso y presuntuoso de la marcha lumbálgica ha motivado los nombres burlones, más o menos castizos, de ‘Don Simón’, ‘Rosalía’, ‘pantomima’, ‘trancazo’. Con este último nombre la enfermedad se confundía con la gripe, razón por la cual deben admitirse con ciertas reservas las descripciones y nombres del siglo pasado (Nota del autor: se refiere al XIX). Los ingleses la han llamado también giraffe fever, seven days fever, bouquet fever, etc.”

El mundo antiguo parece no haber conocido esta enfermedad; al menos, las crónicas de los médicos griegos y romanos más destacados (la escuela de Hipócrates, Galeno, Celso) no la consignan. Pese a las grandes equivocaciones medievales en cuanto a la categorización de los males humanos, todo indica que el dengue también estuvo ausente.

¿Cuáles son las primeras noticias de la afección? Todo parece iniciarse con la colonización de Indonesia y de la América ecuatoriana. El hito cronológico sería 1779, cinco años antes de que se desatara la primera epidemia europea con epicentro en Cádiz y Sevilla. Estudiada por Nieto de Pina, recibió el mote de “calentura benigna de Sevilla”. Otros consideran que el primer caso fue reportado por Benjamin Rush en 1789, quien acuñó el término de fiebre rompehuesos o quebrantahuesos.

En 1824, el dengue llegó a la India. Desde esa misma fecha azotó en los veranos a Siria, Grecia, Libia, Chipre, Turquía e Italia, y recrudeció a mitad del siglo. En 1928, Grecia padeció una epidemia con medio millón de afectados solamente en Atenas.

En 1906, Thomas Lane Barcroft (1860-1933), médico graduado en la Universidad de Edimburgo, demostró que el transmisor de la enfermedad era un mosquito del género Aedes: el Aedes aegypti. Un año después, Ashburn y Craig descubrieron que su agente etiológico era un virus.

Pero como toda historia tiene su contrapartida y depende de quien la cuenta, existe otra versión que afirma que el término dengue proviene de una frase de la lengua swahili, Kadinga pepo, que describe a la enfermedad causada por un espectro. Los defensores de esta teoría animista suponen que dinga deriva de la palabra española dengue, con lo cual quedaría en pie la primera de las hipótesis.

Otra referencia poco sustentable alude a una enciclopedia médica china de la época de la dinastía Jin (265 a 420 d. C.), que menciona una enfermedad relacionada con el vuelo de los insectos y las aguas venenosas, aunque bien podría significar cualquier otro mal de origen palustre.

Entre 1950 y 1975 se manifestó con fuerza el llamado dengue hemorrágico.

Los primeros casos de dengue clásico comprobados por laboratorio tuvieron lugar en el Caribe y Venezuela en 1963/64 con el serotipo DEN-3. El DEN-1 apareció en 1977 también en el continente americano y en la misma zona indicada, procedente de Jamaica. Mucho antes, en 1953/54, se había detectado el serotipo DEN-2 en Trinidad y Tobago y en casos endémicos.

El dengue es endémico en muchos países y tiene un estrecho vínculo con la estación del año y el desarrollo de mosquitos del género Aedes, por lo que puede considerarse estacional.

Las epidemias son explosivas, de pocas semanas de duración pero con habituales recurrencias. Y justamente allí está el peligro: si el mismo serotipo virósico aparece en una persona por segunda vez, ocasiona la forma hemorrágica, sumamente peligrosa sobre todo en los niños.

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[Autor]: Federico Pérgola (Director del Instituto de Historia de la Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires)

Fragmentos extraídos de la Revista Argentina de Salud Pública. Texto original y referencias bibliográficas http://msal.gov.ar/rasp/rasp/articulos/volumen10/hitos_y_protagonistas.pdf

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