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De nuevo la polipíldora

En el ensayo clínico que duró tres meses se determinó que la polipíldora reducía la presión arterial en un 12 por ciento y bajó el nivel de colesterol “malo” en un 39 por ciento. En promedio, aquellos beneficiados por el tratamiento ganarían 11 años de vida sin ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares

Desde hace ya cerca de tres lustros se viene planteando en trabajos y publicaciones médicas la importancia  -algunos dirían la  necesidad-  de incorporar en una sola píldora tres fármacos antihipertensivos (amlodipina, losartán e hidroclorotiazida) con otro capaz de disminuir el colesterol en la sangre (simvastatina). Este planteamiento se hace con el  objeto de disminuir y controlar dos de los factores probados que son capaces de producir las dos enfermedades de más alta morbilidad y mortalidad del adulto y tercera edad contemporáneos: los infartos del miocardio y los accidentes cerebro-vasculares.

Se trata de una estrategia interesante, porque si se prueba sus  beneficios vs. sus consecuencias indeseables y presenta un balance positivo, eventualmente abarataría los altos costos involucrados en el tratamiento y haría más factible la prevención de tan devastadoras enfermedades.

Un trabajo reciente del cardiólogo británico Dr. David Wald (en la revista PLoS One) llega a proponer administrar la polipíldora a toda la población mayor de 50 años de edad, alegando que un 28 por ciento de quienes la reciban  podrían evitar o demorar un problema coronario o bien un accidente cerebro-vascular.

Esta propuesta proviene del hijo del renombrado médico e investigador británico, profesor sir Nicholas Wald, quien a su vez  originalmente viene planteando este tipo de estrategia preventiva -que viniendo de un epidemiólogo con el  prestigio y la autoridad bien ganados gracias a sus contribuciones en relación con las malformaciones congénitas y su diagnóstico durante el embarazo-, debe ser tomada en cuenta y cuidadosamente evaluada.

Las cifras deducidas de ese trabajo clínico, y que se aportan para convencer a las autoridades y al público en general acerca del valor de la estrategia propuesta, son verdaderamente impresionantes: se afirma que de las 200.000 muertes al año en Gran Bretaña, atribuibles a las enfermedades cardiovasculares, la mitad de ellas podrían evitarse administrando la polipíldora a toda persona mayor de 50 años.

En el ensayo clínico que duró tres meses se determinó que la polipíldora reducía la presión arterial en un 12 por ciento y bajó el nivel de colesterol  “malo” (de baja densidad) en un 39 por ciento. En promedio, aquellos beneficiados por el tratamiento ganarían 11 años de vida sin ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares.

Por otra parte, se afirma que el costo es accesible ya que su producción masiva lo reduciría a cerca de media libra esterlina por día.

Sin embargo, parece algo prematuro tomar una decisión de esa magnitud, sin el debido apoyo de muchos otros trabajos clínicos favorables, no solo por los efectos secundarios indeseables de la administración continua de cuatro poderosos fármacos, sino también tomando en cuenta otras consecuencias de la ¨medicalización¨ (neologismo ya en uso en inglés) de toda la  sociedad. Existe considerable resistencia de parte de quienes no creen que las respuestas a estos problemas se solucionen con una píldora  y en un aumento de nuestra dependencia en la medicina como el instrumento eficaz para resolver  problemas como éste, muchos de ellos de orden social y hasta político.

Es obvio que nos enfrentamos a un debate entre contrincantes que invocan razonamientos inteligentes y cuya conclusión es difícil de predecir. Tomará algunos años e inducirá cambios importantes en la manera como entendemos la enfermedad, su tratamiento y el futuro de la humanidad.

Acerca de Francisco Kerdel Vegas, dermatólogo

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

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