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Del libro "Paradojas médicas: Contradicc​iones de la medicina actual"

Consumo de alcohol vs. Buena salud

El peligro de que un pequeño porcentaje de quienes consumen alcohol se hagan adictos es un riesgo comprobado que no podemos descartar. El alcoholismo es una enfermedad bastante común, degradante como pocas

Por: Francisco Kerdel-Vegas, dermatólogo

HASTA HACE POCO la ortodoxia médica vio las bebidas alcohólicas como un hábito dañino, potencialmente peligroso al crear adicción en algunas personas, y por lo tanto algo execrable, que tan solo podía tolerarse moderadamente para facilitar la interacción social.

Sin embargo, recientes estudios clínicos en muestras significativas parecen haber demostrado fehacientemente que la ingestión diaria de cantidades moderadas de alcohol son beneficiosas para la salud.

En el caso del vino tinto el beneficio se atribuye al resveratrol (una fitoalexina presente en las uvas), anti-oxidante que prolonga la vida en animales de experimentación.

Para los médicos en verdad no es difícil razonar que la dosis puede significar la diferencia entre beneficio y perjuicio, y que la palabra clave en el consumo de alcohol —como en muchos otros casos—, es moderación.

Para la opinión pública la distinción no es tan simple y directa, y las campañas sanitario-educativas para evitar el alcoholismo se harán más complejas, pues dada la información existente es imposible condenar de manera absoluta el consumo del alcohol.

Y desde luego el peligro de que un pequeño porcentaje de quienes lo consumen se hagan adictos es un riesgo comprobado que no podemos descartar. El alcoholismo es una enfermedad bastante común, degradante como pocas, de difícil tratamiento y con consecuencias sociales muy negativas para quien la sufre y su familia.

La hipótesis inicial de que la incidencia menor de enfermedades cardiovasculares ocurría en quienes tomaban regularmente cantidades moderadas de vino rojo, quedó reemplazada más tarde, y avalada por numerosos estudios en diversos países, de que el efecto beneficioso se debe genéricamente al alcohol (en sus diversas formas, trátese de cerveza, vinos o destilados espirituosos).

Se ha establecido, razonablemente bien (uno de los estudios abarcó casi medio millón de personas en un lapso de más de nueve años), que los bebedores moderados tienen 20% a 30% menos posibilidades de muerte prematura por enfermedad cardiovascular que los abstemios.

¿Un “trago” al día?

Los enterados aconsejan un “trago” al día para las mujeres y dos “tragos” para los hombres (un trago = 12 onzas = 355 ml de cerveza; o bien 5 onzas = 148 ml de vino; o bien 1,5 onzas = 44 ml de bebida espirituosa destilada).

Las autoridades sanitarias británicas (1995) han emitido una directriz estableciendo que la gente que no bebe o que bebe muy poco dentro del grupo etario de alto riesgo para las enfermedades cardíacas debe “considerar la posibilidad” de que ingerir bebidas alcohólicas en cantidades moderadas puede beneficiar su salud.

En Estados Unidos, la American Heart Association es más conservadora cuando establece que si se ha de beber, debe ser con moderación y que la incidencia de enfermedades del corazón en quienes consumen cantidades moderadas de alcohol es menor que en los abstemios, insistiendo siempre en los peligros del consumo alcohólico, como son el alcoholismo, la alta presión arterial, obesidad, ictus, suicidio y accidentes. El consumo diario de alcohol puede causar daños severos a las fibras cardíacas (miocarditis alcohólica) y a las células cerebrales.

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Texto extraído del libro: “Paradojas médicas: Contradicc?iones de la medicina actual”, escrito por Francisco Kerdel-Vegas, médico fundador de BITÁCORA MÉDICA. Para más información pulse aquí

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Acerca de Francisco Kerdel Vegas, dermatólogo

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

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