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Comentario al editorial de sobre el “Costo de la diáspora médica en Venezuela”

Poco de importancia puede agregarse al excelente editorial del Dr. Kerdel-Vegas. Me atrevo a hacer algunos comentarios de tinte histórico pero al tiempo contemporáneos.

La diáspora médica, entendida como migración permanente, comenzó a afectar a nuestros países al terminar la II Mundial y hacia Estados Unidos.

Con anterioridad a 1938 los médicos de la región iban a Europa, especialmente a Francia, Alemania y al Reino Unido, a especializarse pero regresaban a compartir lo aprendido con generaciones de discípulos y para bien de los pacientes de hospitales públicos y privados.

Los norteamericanos se vieron obligados a acelerar el proceso de educación de los médicos y a utilizarlos en los frentes de batalla. Interrumpieron asimismo la construcción y dotación de hospitales porque tenían que ocuparse de los centros de atención militar o naval, allende sus fronteras.

Como es obvio, al finalizar el conflicto, en Estados Unidos escaseaban los médicos y los hospitales eran insuficientes. Decidieron (Ley Hill-Burton) construir, dotar y modernizar miles de hospitales pero no tuvieron la precaución de incrementar de manera similar la producción de médicos.

En la década siguiente, la escasez de médicos se hizo marcada y recurrieron al “mercado mundial”. Los hospitales, en particular los de menor tamaño y de ciudades o pueblos pequeños o de áreas rurales, eran verdaderas Torres de Babel por el kaleidoscópico origen geográfico y la diversidad de lenguas de los internos y residentes.

En la década de 1950 era facilísimo obtener puesto en un hospital de Estados Unidos y conseguir visa de residente. En esos años de un solo país latinoamericano, Colombia, migraron 4500 médicos, la mitad o más de los egresados de las 6 escuelas de medicina existentes en el país.

La pérdida económica para el país “donante” de talento fue enorme, más si se tiene en cuenta que con una excepción, todas las demás eran públicas o financiadas por el Estado colombiano.

Si bien es cierto que los médicos emigrantes mejoraron su situación personal y muchos alcanzaron destacadas posiciones, la inmensa mayoría no regresó y por ende la pérdida neta fue cuantiosa.

Con ciclos en el intermedio, la égida o diáspora continúa de manera recurrente y ya no es solamente hacia Estados Unidos sino hacia España y Australia y hacia muchos países.

Con la creación de la Comunidad Europea los países más poderosos del grupo atraen a los médicos de los miembros más pobres de la Comunidad. El caso citado por el doctor Kerdel-Vegas de España como polo de atracción para los venezolanos, resulta de la migración de los españoles a Alemania o Francia u otro país más fuerte de la Comunidad.

Y el vacío español lo llenan los venezolanos o los colombianos o los ecuatorianos. ¿Quiénes pierden? Los más débiles que invirtieron en educar para luego perder el talento creado.

En mi entender en el caso venezolano la razón primordial de la diáspora es política, en los otros las razones son económicas. Pero la pérdida para el país es la misma. Lo más grave es que quienes emigran son los mejores porque tienen la mayor capacidad de competir y de pasar los exámenes de licencia en el país de destino.

La diáspora, tan bien expresada por el editorialista, educador de larga y connotada trayectoria, no es solamente de médicos, sino también de enfermeras y de otros profesionales de la salud, así como de profesionales de diverso tipo.

La extraordinaria generación venezolana de profesionales, generada por el visionario Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho, financiado por el Estado, ha emigrado para beneficio de otros países y para pérdida de Venezuela.

Colombia nunca antes había visto un auge mayor de la industria petrolera. Ese auge se debe en buena parte y medida al talento de los ingenieros venezolanos. La pérdida de Venezuela es la ganancia de Colombia pero ello no mitiga el vacío que deja en el país de origen la migración de los mejores.

Acerca de Dr. Jorge Maldonado

Especialista titulado en Medicina Interna, Hematología y Oncología. Presidente Fundador y Editor en Jefe de Publicaciones ILADIBA. Médico summa cum laude Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia. PhD. Universidad de Minnesota. Estudios de postgrado en la Universidad de Virginia (Patología) y en la Clínica Mayo (Medicina Interna, Hematología). Investigador y profesor titular de medicina de la Clínica Mayo (Mayo Graduate School of Medicine y Mayo Medical School). Profesor Visitante Universidad de París Sur y Visiting Lecturer – Universidad de Harvard. Además es miembro de numerosas sociedades científicas.

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