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A 25 años de la creación del stent

En 1988, Julio Palmaz, médico argentino, logró patentar el stent y así convertirse en el creador de un pequeño tejido de alambre que evitó que ocho de cada diez pacientes coronarios terminaran con el pecho abierto en una cirugía

Es imposible saber cuántas fueron, porque de tantas, las vidas que el médico Julio Palmaz salvó se cuentan de a millones. Sólo en la Argentina, se colocan 40 mil dispositivos por año, de acuerdo con las cifras del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI).

Fue en 1988, cuando Palmaz, un brillante egresado de la Universidad de La Plata, logró patentar el stent y así convertirse en el creador de un pequeño tejido de alambre que evitó que ocho de cada diez pacientes coronarios terminaran con el pecho abierto en una cirugía.

¿En qué consiste un stent? Es una malla metálica diseñada para restablecer y mantener el flujo sanguíneo cuando se produce una obstrucción. Alfredo Bravo, miembro del CACI, lo explica así: “Hay que imaginarse un túnel que se vino abajo. Si uno va excavando, la estructura se cae, pero si uno le pone un encofrado, la estructura se mantiene firme. Eso es un stent”.

Aunque pueden llegar a medir hasta varios centímetros, los más pequeños, los coronarios apenas llegan a los 5 milímetros. Para colocarlos sólo se requiere una intervención con anestesia local y una pequeña incisión.

La semana pasada, el ex presidente norteamericano George Bush hijo fue intervenido con un stent. A la misma operación fue sometido el ex presidente Néstor Kirchner para liberar una obstrucción en la arteria coronaria, en septiembre de 2010, pocos días antes de su muerte.

El invento de Palmaz fue tan grande que terminó sirviendo para destapar arterias y venas en cualquier lugar del cuerpo que lo pidiera. Y de allí, siguió creciendo para dar alivio a obstrucciones en bronquios, tráqueas o esófagos. Así, el stent dejó de ser propiedad de los cardiólogos y sirvió para intervenir pacientes con cáncer de pulmón, con problemas renales o aneurismas cerebrales.

En estos 25 años, el stent fue evolucionando, pero el concepto sigue siendo el mismo que imaginó Palmaz: una malla metálica que se inserta con una cánula para expandir un conducto tapado. Los últimos avances han logrado desarrollar un tipo que se vuelve biodegradable, es decir que una vez que se liberó la obstrucción, la malla se reabsorbe.

Otros, en cambio, vienen recubiertos con una droga que se libera durante 30 días para evitar infecciones. Y también están los autoexpandibles, con forma de resorte que se va adaptando al conducto donde es colocado.

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Título original: El revolucionario stent cumple 25 años

Reproducción parcial del artículo El revolucionario stent cumple 25 años publicado en el diario El Clarín de Argentina. Para lectura completa pulse aquí

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