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¿Cómo abordar la diabetes en la adolescencia?

La rebeldía propia de la juventud suele agudizarse cuando irrumpe la diabetes, que obliga a modificar hábitos y genera angustia en el paciente y su familia. Este texto explica cómo afrontarla

adolllLa adolescencia es una edad compleja para lidiar con la diabetes, ya que el proceso adolescente normal va en contra de los cuidados que requiere la enfermedad. La adherencia al tratamiento deviene así un problema fundamental, que en muchos casos hace imprescindible el acompañamiento de un terapeuta, no sólo para el paciente sino también para el grupo familiar.

“En la niñez es distinto porque la situación la manejan los padres. En la adolescencia, en cambio, se complejiza; los padres quieren que su hijo se controle todo el tiempo, pero él quiere hacer una vida como los demás”, explica María Inés Vera, endocrinóloga y coordinadora del Centro de Diabetes de ICBA (Instituto Cardiovascular de Buenos Aires).

Patricia Taberner, médica pediatra especialista en nutrición y diabetes infantil del Servicio de Pediatría del Hospital Británico de Argentina agrega que “los pacientes que fueron diagnosticados en la niñez han crecido con su diabetes y conocen este estilo de vida, de controles, de cuidados alimentarios”, por lo que lo sobrellevan mejor que cuando la enfermedad irrumpe en plena adolescencia, una etapa caracterizada por la desorganización y la transgresión.

La diabetes es una enfermedad crónica que se desencadena cuando el organismo pierde su capacidad de producir insulina o de utilizarla con eficacia. En el largo plazo, esta enfermedad no sólo se asocia con problemas cardiovasculares, sino que puede llevar a la disminución visual y a la ceguera, a la alteración en la conducción nerviosa y a fallas en la función de los riñones.

Dentro de sus distintos tipos, en la población joven predomina la tipo 1, si bien ésta puede aparecer a cualquier edad. Sus síntomas son mucho más agudos que en otros tipos de diabetes y se agravan en poco tiempo.

“La pérdida de peso, el aumento de la sed y el deseo permanente de orinar, con posible deshidratación, son los principales síntomas”, explica la doctora Norma Ferrari, de la División Diabetológica del Hospital de Clínicas José de San Martín. También se la puede asociar frecuentemente a otras patologías autoinmunes, como la tiroiditis y la enfermedad celíaca.

Sin nada que lo ponga previamente en alerta, de un momento a otro el paciente tiene que modificar radicalmente su estilo de vida; de no cuidarse en nada a tener un montón de cuidados.

“Esto le plantea una disyuntiva: si transita una adolescencia normal, se le complica su estado físico-orgánico, y si se acota al tratamiento, tiene que hacer renuncias a aspectos de la vida que, en general, ningún adolescente quiere realizar”, observa Pablo Mizes, psicólogo infanto-juvenil especialista en diabetes del Hospital Británico de Buenos Aires.

La situación de los padres del paciente no es menos compleja. “La adolescencia es una etapa especial, donde la persona quiere liberarse, especialmente de los padres, y esta enfermedad con tantos cuidados hace que ellos se preocupen y le estén más encima, por lo que el adolescente los desafía no cumpliendo el tratamiento”, explica la doctora Taberner.

El tratamiento terapéutico deviene entonces un espacio fundamental para que el paciente explique cuáles son sus necesidades y se evalúe hasta dónde se puede flexibilizar el esquema. “Si esto no es posible, hay que lograr que entienda que hay cosas que no puede hacer por su enfermedad, pero hay otras que sí y que pueden compensar hasta un cierto punto la renuncia que va a tener que hacer”, observa Mizes.

BITÁCORA MÉDICA

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