Situación del financiamiento del sistema científico en Venezuela
julio 19, 2010
El siguiente diagnóstico fue realizado en reunión efectuada en la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales por miembros del núcleo de los CDCHT y autoridades de postgrado de las universidades nacionales, de la Acadamia, de la AsoVAC Caracas, de la Sociedad Galileana y de la APIU-UCV:
Nosotros los abajo firmantes, miembros de AsoVAC Caracas, Sociedad Galileana de la USB, del Núcleo de Coordinadores de los Consejos de Desarrollo Científico, Humanístico, Tecnológico y Equivalentes y Autoridades de Postgrado de las Universidades Nacionales, de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y los Coordinadores de Postgrado de la UCV y la UNEG, reunidos el pasado 12 de mayo del corriente en el Palacio de la Academia, preocupados por la situación que atraviesa la investigación científica en nuestras instituciones de educación superior queremos dirigirnos a la comunidad nacional para señalar la grave situación que nos aqueja a través de este diagnóstico situacional:
- Con el recorte presupuestario del 2009 y el presupuesto deficitario del 2010 (el mismo del 2007) los recursos de inversión para investigación en las universidades se ven disminuidos a mínimos históricos que se agravan al considerar el efecto de la inflación. Ello atenta contra la capacidad de supervivencia de la investigación que se ha desarrollado en las universidades así como de los proyectos de los investigadores recientes, pues sólo quienes se han consolidado en la investigación tienen la experiencia y el reconocimiento que les facilita acceder a fuentes alternas de financiamiento; en estas circunstancias se compromete el desarrollo de los investigadores noveles quienes quedan frustrados ante la imposibilidad de obtener los inexistentes recursos universitarios. En esta crisis los más frágiles, incluida la generación de relevo, son excluidos.
- Se dice al país que hay una inversión del 2,69 % del PIB en Ciencia y Tecnología que nos iguala con países desarrollados. Sin embargo, hay evidencias de que el grueso de la inversión LOCTI no está llegando a los hacedores de ciencia y tecnología. Estadísticamente, la correlación entre la inversión LOCTI y su manejo por investigadores reconocidos (PPI) es marginal. La sensación que se tiene es que, a pesar de la LOCTI, la inversión en el sistema nacional de investigaciones científicas ha disminuido en monto y perdido en eficacia y oportunidad.
- El aumento de la matrícula estudiantil al que se han visto obligadas las universidades sin que haya un aumento concomitante de la planta profesoral, incrementa las presiones sobre todos los profesores, los que en consecuencia se ven sobrecargados en sus actividades de docencia de pregrado, restándosele aún más el precario tiempo que tienen para investigación.
- Los sistemas universitarios de apoyo a la investigación se han venido desmantelando por la asfixia presupuestaria. En las universidades que aun pueden se desarrolla una estrategia de sobrevivencia para mantener lo bueno del sistema científico desarrollado. En algunas, se mantienen con grandes sacrificios su Programa de Estímulo a la Investigación y el apoyo a los grupos de investigación. Sin embargo, esta situación es insostenible a mediano plazo.
- Los programas de estimulo a los investigadores, evaluados a través de productos tangibles y bajo estándares internacionales como el PPI, están en estado cataléptico, creando una atmósfera de incertidumbre y confusión que desalienta cada vez más a la investigación. La buena nueva del reciente pago del IV trimestre del 2009 del PPI se ve oscurecida por el hecho de que no estaba presupuestado su pago para este año.
- Los programas de financiamiento clásicos (S1, S2, S3 y S5, agendas) responsabilidad del FONACIT, han desaparecido sin haber sido sustituidos por programas de similar calidad.
- Los Fundacites, allí donde eran fuente de recursos para proyectos de investigación regionales cambian sus prioridades y pierden capacidad de apoyo a la investigación propiamente dicha.
- El acceso a la información y documentación científica es cada vez más precario. Las universidades tienden a perder sus suscripciones a bases de datos y revistas científicas por los obstáculos y la ineficiencia del régimen cambiario sin que se haya implementado mecanismos alternativos que nos permitan acceder a la información científica.
- La mayoría de los proyectos aprobados por la Misión Ciencia tienen años esperando ejecutarse. Algunos tienen el dinero en la mano pero no han podido invertirlos por trabas burocráticas.
- La compra de dólares preferenciales para proyectos de investigación, incluidos aquellos financiados por el gobierno, se ha convertido en una tarea imposible.
- El programa de becas de la Misión Ciencia está finalizando sin que haya habido renovación. Algunos estudiantes de tercer año van a optar a una extensión de beca de un año pero hay incertidumbre.
- El éxodo de investigadores formados es enorme. En este momento hay más investigadores activos venezolanos en el exterior que en Venezuela. Sólo en Estados Unidos de América hay un número superior a los 8 mil profesionales nacidos en el país que trabajan en actividades vinculadas a la CTI que, en su mayoría, ya se han naturalizado o tienen visa de residente. Otro dato relevante, es que un estudio reveló que hay profesionales venezolanos trabajando en por lo menos 32 países del mundo.
- La afección del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, conforme al diagnóstico descrito en los puntos anteriores, impacta negativamente en lo Estudios de Postgrado, comprometiendo, en consecuencia, la calidad del recurso humano de alto nivel en formación.
Este diagnóstico ha sido señalado en distintas oportunidades por nuestras organizaciones científicas en foros, reuniones, comunicados, ruedas de prensa y derechos de palabra en Comisiones de la Asamblea Nacional, etc., sin embargo, la situación más bien parece empeorar debido a las políticas gubernamentales que alejan cada vez mas a nuestras universidades y centros de investigación de su tarea primordial, que no es más que la generación del conocimiento con calidad y responsabilidad social. Hacemos un llamado a los personeros del gobierno responsables del sector de ciencia y tecnología, para que junto con nuestras organizaciones científicas podamos dar salida a esta crisis que nos asfixia y minimiza cada vez más. Abundan las razones para pensar que sin ciencia no hay ni habrá desarrollo posible para el país.
Bejamin Scharifker Zulay Niño Yajaira Freites Roberto Cipriano
Academia Núcleo CDCHT AsoVac Sociedad Galileana
Historia del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas en su 50° aniversario
julio 13, 2010
Por Dra. Gioconda San- Blas (*)
Acta Científica Venezolana dispuso su Volumen 60, número 4 para homenajear al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) en su 50° aniversario, celebrado el 9 de febrero de 2009. En dicho número, varios colegas enviamos trabajos a solicitud de la Comisión Editorial de ACV (pueden verse en: http://acta.ivic.gob.ve )”El Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas en su 50° aniversario: Una visión personal”: EL INSTITUTO VENEZOLANO DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS (San Blas)
(*) Nació en Caracas, Venezuela. Se graduó de Licenciada en Química en la Universidad Central de Venezuela en 1967. Ingresó como Estudiante Graduada al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) ese mismo año. Su campo de especialización es la bioquímica y biología molecular del dimorfismo y patogenicidad de hongos patógenos para humanos, tomando como modelo a Paracoccidioides brasiliensis, hongo que produce la micosis sistémica más frecuente en América Latina, región geográfica donde se encuentra en forma exclusiva, con zonas endémicas extensas. Algunos reconocimientos: Centro Médico Docente La Trinidad a los 10 y a los 20 años de servicio; Laboratorio Metropolitano a los 10 y 20 años de Servicios; Laboratorio Metropolitano, reconocimiento por labor científica; Condecoración Rafael Rangel en Segunda Clase.
“Las neurosis en los medios populares venezolanos” estudio del Dr. Francisco Herrera Luque publicado en el año 1957
junio 4, 2010
Las neurosis en los medios populares venezolanos: El problema asistencial psiquiátrico en los hospitales generales
Por Dr. Francisco Herrera Luque (*)
Caracas – 1957
ADVERTENCIA
La psicogénesis no sólo parece definitivamente rehabilitada en el seno de la medicina contemporánea, y de la psiquiatría actual; da la impresión de volver por sus fueros con evidente hipertrofia.
La historia de la medicina y las modernas concepciones en el arte de curar nos han llevado a una conclusión un tanto escéptica sobre la terapia de antaño: el médico, siempre ha curado a través de la psicoterapia; pues es imposible que los brebajes del Dr. Vargas, o las curas hídricas de nuestros famosos médicos del 900, pudieran tener efectividad curativa per se, como lo ha demostrado la Farmacología y la Terapéutica.
Si el depurativo, y el tonificante, como el purgante o el agua milagrosa del Castaño o de Vichy carecen de la efectividad curativa que le atribuyeron nuestros mayores, cabe preguntarnos: ¿Cómo es posible entonces que los médicos hayan curado siempre? Hoy nos reímos del sueño antineurasténico de Beard, sin embargo, el padre de la enferma que tengo frente a mí, superó su crisis hace cuarenta años gracias al milagroso medicamento. Si todo ha sido una ingenua creencia o una piadosa farsa; debemos suponer que salvo excepciones, lo fundamental en el arte de curar ha sido siempre ese influjo psíquico médico-paciente al que modernamente se designa como psicoterapia. Posiblemente sea esto cierto, muy probablemente nuestras arraigadas esperanzas y orgullos farmacológicos mañana merezcan por parte de nuestros sucesores la misma y escéptica sonrisa que hoy nosotros dirigimos al pasado.
No obstante, debemos olvidarnos de digresiones filosofantes para atender al espíritu de la época, específicamente al de la medicina, de la medicina actual psicosomática. Ella nos prueba que el 50% de los enfermos que consultan al internista no tienen nada; lo dice el radiólogo, el anatomopatólogo, el electroencefalógrafo o el aparato a mano; tiene en cambio un “problema reactivo”, llámese mujer celosa, insolvencia económica o temor al futuro. De esta manera se estructura la órganoneurosis, la afección psicosomática. Con suficiencia y un poco de curiosidad, el reiniciado se introduce violentamente en la intimidad del paciente; se impone el deber de explorar el “aparato psíquico” y atenazarlo como si se tratase de un hígado, un riñón o un aparato cualquiera. De esta forma emerge la infelicidad, la duda, la tristeza y la angustia.
Ya el aficionado no vacila en designar su hallazgo: se trata de una neurosis, de una conversión; sin darse cuenta que el dato semiológico de la tristeza y la insatisfacción la lleva también consigo el explorador; que él tampoco se siente bienaventurado; ni confía en su futuro que despierta sobresaltado; que su jaqueca o su acidez guarda también relación con la situación desagradable que él no se atreve a designar como “reactiva”; que, en fin, él según la problemática que acaba de plantear para su enfermo, puede ser también un neurótico; pero no lo hace, y hace bien, pues ni él ni su enfermo son neuróticos; son dos hombres que están en el mundo, presos de su facticidad y de su posibilidad; la angustia de la existencia no debe confundirse con la neurosis, como los hallazgos negativos del cómplice electrónico es razón suficiente para etiquetar por exclusión un padecimiento orgánico de psicosomático. La neurosis, como la úlcera gástrica se diagnostica positivamente.
Pero la dualidad: enfermedad orgánica-afección neurótica, no agota los modos de enfermar: la clínica psiquiátrica, de donde emerge como un psedópodo la psicodinamia, guarda todavía para el médico general fecundas y amplias concepciones. Del estudio estadístico de 200 enfermos remitidos como posibles neuróticos, nada menos que un 28% eran epilépticos, un 12% esquizofrénicos, un 13% fenómenos timopáticos, un 5% arterioescleróticos y un 10% enfermedades realmente orgánicas y neurológicas. Excluyendo otro 5 % de oligofrénicos profundos, llegamos a la conclusión que nada menos que un 73% de los motivos de consulta fueron determinadas por causas no psicógenas. Desgraciadamente el médico ofrece resistencia para incorporar a su caudal de conocimientos técnicos el material que le ofrece la clínica psiquiátrica; y a rechazar con antipatía todo llamado al orden en la criba nosológica de las enfermedades mentales. Esta es una de las razones que nos impulsan a verificar esta comunicación. Muchos de los enfermos que nos fueron remitidos a la consulta de la Cruz Roja requieren urgentemente de asistencia psiquiátrica; algunos son recuperables rápidamente, siempre y cuando se disponga del material necesario; otros tienen probabilidades crecientes de interferir su progresión demencial; varios ofrecen efectiva peligrosidad social. Pero necesitamos locales, aparatos, técnicas y especialmente la colaboración efectiva del médico general al concienciar, y no rechazar, la gravedad del problema psiquiátrico en nuestro medio. No es nuestra intención negar la importancia que la psicogénesis tiene en la psiquiatría y la medicina; el valor incalculable que tiene la psicoterapia en unas y otras; y los éxitos individuales y de consultorio que se pueden lograr a través de sus disciplinas; pero todo médico y especialmente un psiquíatra debe ser un higienista.
Eso en lo que respecta a la proporción y urgencia de las enfermedades psíquicas no psicógenas; que como acaba de verse, excede inusitadamente los cálculos de los médicos internistas asistenciales y de nosotros mismos.
Respecto al 37% restante pudiera pensarse lógicamente que han de ser necesariamente neuróticos; siendo su tratamiento fundamental la psicoterapia. Para sorpresa nuestra tan sólo el 10% de esos 74 enfermos merecieron con propiedad el calificativo de psiconeuróticos; es decir, la exigua cifra de 3% sobre el monto total de los enfermos referidos del Hospital Vargas, Centro Clínico Universitario y Hospital Carlos J. Bello, que como se sabe está constituido en su mayoría por personas procedentes del proletariado.
Bien pudiera pensarse que resultados tan dispares obedeciese a una tendencia doctrinal organicista o hispano-germana; esto pudiera ser exacto hasta cierto punto, y muy posiblemente un colega de orientación psicogenista etiquete de neurótico lo que para nosotros es psicopático; pero esta discrepancia limítrofe no tiene la gravedad que se la supone; salvo una que otra voz disonante en el campo del organicismo a ultranza o del psicogenismo rabioso, la mayoría de los psiquíatras frente al problema de las enfermedades mentales tenemos una actitud ecléctica ante la aparente antinomia organicidad vs. ambiente. Alexander, el mago de la psicoterapia, divide sus neuróticos en tres secciones: los culturales y los constitucionales en los extremos, la zona intermedia constituida por la diversidad de casos que van de un extremo a otro.
Lo que Alexander llama constitucionales es lo que Bumke denomina constituciones psicopáticas. Scheneider: personalidades psicopáticas y nosotros psicópatas. Pero suponemos junto con Alexander y Freud y todos los psicogenistas que el medio ambiente tiene influencia en la conformación del carácter mórbido. Y estamos perfectamente de acuerdo en designar a estos pacientes como neuróticos y a sus crisis psicológicas como psiconeurosis.
Reconocemos que el tratamiento axial de sus crisis ha de ser psicoterapéutico, y confiamos suficiente en la curabilidad de estos pacientes de someterse a una terapia profunda. Pero, frente a ellos, reconocemos la existencia de un grupo de personalidades anormales, donde la influencia de la constitución orgánica o de la herencia mórbida es manifiesta. Sabemos así mismo que si sus crisis psicopáticas son aminorables por la psicoterapia (y en ciertos casos) la continuidad de su personalidad anormal y las recidivas a que dan lugar, constantemente se producen, mediando incluso el más prolongado y acabado tratamiento psicoanalítico. La causa de esta desproporción y sus problemas, es la razón fundamental de este ensayo. A fin de obviar inconvenientes he tomado como base de mis consideraciones diagnósticas los puntos de vista del mismo Freud. Que, como creo y supongo, es el que mayor tendencia presenta a exagerar la influencia de lo ambiental en la génesis de la personalidad anormal neurótica.[1]
Por Francisco HERRERA LUQUE
Mayo de 1957.
LAS NEUROSIS EN LOS MEDIOS POPULARES VENEZOLANOS
(El problema asistencial psiquiátrico; en los hospitales generales)
Dice S. Freud en su obra: “Primeras aportaciones a la teoría de las neurosis”: TENIENDO EN CUENTA QUE LA TENDENCIA DEFENSIVA DEL YO DEPENDE DEL DESSARROLLO MORAL E INTELECTUAL DE LA PERSONA, COMPRENDEMOS YA PERFECTAMENTE QUE EN LAS CLASES POPULARES SEA LA HISTERIA MUCHO MENOS FRECUENTE DE LO QUE HABRÍA DE PERMITIR SU ETIOLOGÍA ESPECIFICA. “Si la neurosis surge a consecuencia de un conflicto psíquico EN LA QUE UNA REPRESENTACIÓN INTOLERABLE PROVOCA LA DEFENSA DEL YO E INDUCE A LA REPRESIÓN (FREUD 2) es de obvia consecuencia suponer, para que se establezca un conflicto con las tendencias instintivas asociales o prohibidas socialmente, UN DESARROLLO SUFICIENTE DE LAS TENDENCIAS SOOCIALES DEL YO. (Freud).
A Freud, se le ha regateado la importancia, concedida a su pansexualismo; surgió Adler con su ambición de poder; Jung con sus arquetipos; Kunkel y la psiquiatría soviética con la mala conciencia social; totalistas o pluridimensionales los psicogenistas de todas las tendencias concuerdan sin embargo al explicar la neurosis como un conflicto moral-instintivo, entre lo que es, o se quiere ser y lo que se debe hacer.
Si damos un vistazo a la casuística freudiana, adleriana o stekeliana fácilmente nos daremos cuenta de la procedencia social y cultural de sus pacientes: Médicos, hombres de negocio, intelectuales, profesores universitarios, señoritas de sociedad, institutrices; todos sumergidos en la moral victoriana de la Europa Central. Cuando recordamos el caso citado por Freud en su Introducción al Psicoanálisis, sobre el delirio celotípico, de una buena señora vienesa; que hizo una paranoia de proyección conyugal para ocultar sus incestuosas pretensiones sexuales sobre su yerno; no podemos menos que reírnos de tales escrúpulos cuando se trata de interpretar una paranoia criolla.
Durante mi corto ejercicio profesional en Venezuela, he tenido ocasión en más de una oportunidad de observar respecto al tabú sexual del hijo político, no sólo una represión consciente sobre el atractivo físico, sino verdaderas tentativas de incesto. El pretendido horror al incesto, no es en Venezuela tan intenso como se supone; los apareamientos entre hermanos, los adulterios entre cuñados, las atracciones por el suegro y suegra si no es moneda corriente en las clases populares venezolanas es mucho más frecuente de lo que uno se imagina. Eso, si no hablamos de la criminalidad; pues hablar de ello entre nosotros es casi excepcional.
Plantear la psicogénesis de un tics, presentado por un cajero, como consecuencia de una lucha inconsciente entre sus escrúpulos de hombre honrado y su afán de lucro es francamente ingenuo para el medio patrio y seguramente latinoamericano. Esta idea de Stekel, sí puede ser comprensible para el mundo anglosajón y posiblemente para uno, que otro, gentilhombre de la Restauración, es increíble para un país donde un Presidente dijo en cierta ocasión: El tesoro nacional es como el río Guayre, a nadie se le impide que meta su pichagua, lo que se le discute es el tamaño. Estoy cansado de comprobar tanto en las clases menesterosas como en las clases pudientes, tendencias conscientes criminales, tendencias que por otra parte, no siempre se quedan en la esfera del conocimiento, como lo demuestran los abundantes hechos de sangre que ilustran nuestros diarios.
Las perversiones sexuales (especialmente la homosexualidad pasiva) quizás tenga entre nosotros mayor fuerza nosológica por proyectarse precisamente sobre un anhelo moral elemental: la virilidad o la feminidad. (Fuente primordial de consideración social). En eso, el venezolano sí es cierto que reprime con intensidad, siendo a mi juicio, el elemento psicoogénito de máxima frecuencia e intensidad entre las clases populares y ductoras. Es increíble sin embargo, la poca importancia que el hombre del pueblo concede a la homosexualidad activa, confesándola pública y hasta socarronamente.
Si en la Europa de la preguerra del 14, las honorables matronas consideraban el. adulterio como uno de los males capitales, como UNA REPRESENTACION INTOLERABLE, fuente por consiguiente de represión yoica y causa de neurosis, Freud, el tiempo y dos postguerras se encargaron de borrar toda huella de mojigatería, como lo acaba de probar Mr. Kinsey y como lo puede constatar cualquier persona que dialogue superficialmente con el bello sexo. La idea de adulterio rara vez preocupa a la mujer moderna y mucho menos a nuestra mujer del pueblo, donde la libertad y entrega sexual es bastante frecuente. A lo sumo puede instalarse un conflicto psíquico consciente, pues la REPRESENTACION NO ES TAN INTOLERABLE.
Invocar principios jungianos o kunkelianos para interpretar o curar las neurosis populares es francamente ingenuo; a este respecto dice Mira y López: “BIEN SE COMPRENDE, QUE ESTA PSICOTERAPIA, QUE DEBERIA HACERSE CON MÚSICA WAGNERIANA COMO TELÓN DE FONDO, DE EXCELENTES RESULTADOS EN ZURICH y EN AMBIENTES CULTURAL-RELIGIOSOS PROPICIOS. CABE, EMPERO, DUDAR CUALES PUEDEN SER SUS EFECTOS EN EL ALTIPLANO BOLIVIANO, EN LA ARIDEZ PATAGÓNICA O EN EL SERTAO BRASILERO, EN DONDE TIENEN COMO SERIOS Y AVENTAJADOS COMPETIDORES AL CONJUNTO DE LEYENDAS Y EXORCISMOS, PRACTICAS MÁGICAS Y ESPIRITAS DE LOS LLAMADOS MACUMBEIIROS Y PADRES SANTOS.
No es válido, para afirmar la existencia de las neurosis en los medios populares venezolanos, la tesis de Karen Horney cuando dice que es indispensable evaluar la condición psicosociológica del individuo para interpretar y curar correctamente su neurosis. Es cierto que la moral desde los tiempos de Freud hasta la fecha ha variado un poco, y lo que hace 500 años podía considerarse como una representación intolerable, hoy nos deja completamente fríos. Negar la universalidad del freudismo o del jungianismo no aclara el problema si continuamos bajo la misma base de que toda neurosis es un conflicto entre las tendencias morales del sujeto y sus tendencias vitales. Pues no se trata de estudiar cuáles son los estatutos morales del Soviet, o del Tibet y deducir de sus planteamientos los mecanismos psicógenos. Se trata precisamente de un proceso psicológico encaminado a inhibir, y fíjese bien: a inhibir las tendencias instintivas del hombre (que son siempre las mismas) en nombre de tal o cual finalidad sociológica.
La disparidad de doctrina entre el catolicismo y el budismo no tiene razón de ser, pues ambas se apoyan sobre la inhibición. Todas las religiones superiores, todos los credos políticos civilizados se basan en este fenómeno, los contenidos, la forma, carecen de importancia psicopatológica, pues el común denominador está dado por inhibición vs. tendencia instintiva. La inhibición es directamente proporcional al grado de cultura de un pueblo; los pueblos más civilizados (occidentales o no) son los pueblos más inhibidos; sin cultura no puede haber conflicto, sin conflicto no hay represión, sin represión no hay sintomatología neurótica.
El pueblo venezolano, no es que esté a merced únicamente de sus instintos y su represión antisocial se apoye únicamente en la fuerza de la coacción legal; pero el pueblo venezolano desgraciadamente no ha progresado lo suficiente en su renunciación instintiva; todo se verifica con harta superficialidad; su integración superyoica es el más claro mentís a la universalidad freudiana. Sus conflictos son por consiguiente elementales, con tendencia a resolverse hacia el plano de menor resistencia. Lamentamos afirmar, pero es conveniente hacerlo que el pueblo venezolano es un pueblo subdesarrollado culturalmente, elemental y primario. (49% de analfabetos, 49% de hijos ilegítimos, 30% sin padre conocido, con un índice de criminalidad altísimo). Es por consiguiente infrecuente la existencia de mecanismos psicógenos (léase neuróticos) en las consultas psiquiátricas de asistencia social.
Reina mucha confusión en los ambientes universitarios sobre lo que es, y no es, una neurosis; por ello me veo obligado a verificar ciertas aclaratorias sobre el particular.
1°- No todo conflicto psíquico inconsciente, con manifestaciones simbólicas orgánicas o psíquicas (mecanismo psicógeno) es suficiente para diagnosticar una personalidad como neurótica. Las personalidades psicopáticas pueden presentar iguales mecanismos. En la esquizofrenia, el simbolismo es claro desde hace mucho tiempo. En las depresiones endógenas, de las personalidades desarrolladas culturalmente los contenidos depresivos pueden interpretarse, sin que pueda modificarse un ápice por la psicoterapia (los psicoanalistas afirman lo contrario). Así, como toda hiperglicemia no es necesariamente pancreática, no todo mecanismo psicógeno es necesariamente neurótico; pues la neurosis no es un fenómeno transversal sino longitudinal y biográfico (Fijación-conflicto-regresión).
2°- La existencia de fijaciones afectivas en una personalidad, no bastan para hacer el diagnóstico de personalidad psiconeurótica. Todas las personalidades anormales (psicóticas o caracteropáticas) presentan fenómenos de fijación y ante un conflicto regresan. La diferencia etiológica estriba en el mecanismo de instalación; si en las personalidades fundamentalmente mórbidas por constitución (personalidades psicopáticas, psicosis endógenas, epilépticos) la tendencia a la fijación es enorme; en las personalidades posteriormente psiconeuróticas la fijación se verifica por una experiencia traumática intensa o por una acción ambiental (educacional) nociva. Si el clínico no puede diferenciar ambos tipos por su mecanismo, y por consiguiente asumir una actitud diagnóstica, pronóstica y terapéutica, sin antes verificar una exploración psicodinámica; la psiquiatría descriptiva, puede diagnosticar, y excluir por consiguiente la personalidad psiconeurótica de la que no lo es. Una pseudoneurosis esquizofrénica puede despistar perfectamente al clínico que se aventure psicodinámicamente en su diagnóstico y terapéutica; un caracterópata epiléptico a la exploración psicodinámica puede presentar toda clase de mecanismos psicógenos, y evidenciar toda una problemática freudiana, adleriana o kunkeliana; no obstante; no por ello dejará de ser una personalidad epiléptica, no por ello, dejará de presentar ciertos estigmas antropológicos que nos orientarán a su diagnóstico y por consiguiente a su tratamiento. Si las psicosis veras y mitis, no ofrecen tantos elementos a consideración diferencial, la personalidad psicopática (especialmente si está desarrollada culturalmente) ofrece en muchos casos, tanto para el lego, como para el profesional, dificultades insalvables.
No obstante, existe en todos ellos una superestructura común y tipológica, que sea cual fuese su problemática educación y nivel moral los identifica como consecuencia de una perturbación biológica y universal. Es el caso de la Personalidad Psicopática Histérica; una personalidad de este tipo puede ser inglesa o criolla, medioeval o moderna, que, siempre se presentará; no como un producto individual, sino con todos los atavíos de la clínica tradicional. Lo mismo podemos decir del Psicópata Paranoide, del Anoncástico, del Esquizoide, del Hipomaníaco, del Depresivo, del Epileptoide. Habrá una problemática constitucional común a todos; pudiendo existir diversidad de superestructuras neuróticas que al fin y al cabo su pronóstico por más que mejore siempre será inmodificable.
La personalidad psiconeurótica sensu estrictus presenta sólo los trastornos derivados de sus fijaciones y los desarrollos psicopáticos comprensible; nunca los estigmas antropológicos de la personalidad psicopática. Exigirá por consiguiente una problemática determinada (procedencia cultural y moral alta) y determinará una caracterología muy específica (inteligentes, cultos, sensibles, escrupulosos). La Influencia en ellos de la psicoterapia profunda, será desde luego más satisfactoria. Como puede verse, el diagnóstico de neurosis no puede ni debe hacerse por el mecanismo productor del síntoma; sino por la personalidad. Así como tampoco puede llamarse psicógeno cualquier noxa psíquica que actúe sobre un individuo; para recibir tal denominación es indispensable que sea inconsciente en su mecanismo y que provoque actual o históricamente un conflicto entre las tendencias morales del individuo y sus tendencias instintivas. Las noxas psíquicas conscientes se llaman vivencias y cuando su efecto supera en intensidad, calidad y tiempo, la respuesta que consideramos normal la denominamos Reacción Vivencial Anormal, designándose genéricamente como reactivos tales mecanismos. Todas las personalidades anormales (psiconeuróticas o no, reaccionan anormalmente ante las vivencias nocivas).
Por todo esto es fácil comprender, por qué, el número de consultantes de esta consulta de psiquiatría, (asistencial por excelencia) sean en su mayoría personalidades psicopátiicas y no psiconeuróticos. Por ello, no es de extrañar la poca dificultad que tenemos en este medio para verificar un diagnóstico diferencial entre neuróticos y psicópatas.
SI es una personalidad primitiva no podrá ser nunca un neurótico. Y son primitivos, el grueso de consultantes.
El psicogenista, poco adicto al trabajo -asistencial, tiende a escotomizarse por la calidad social de sus clientes (el neurótico es generalmente exitoso; pudiendo por consiguiente pagar las remuneraciones crecidas de los psicoanalistas). En la clientela privada, el número de neuróticos es mucho mayor; los diagnósticos diferenciales son más difíciles, son frecuentes las superestructuras neuróticas sobre personalidades psicopáticas, o psicosis procesuales mitigadas e incipientes balanceándose sobre una personalidad psiconeurótica; raras veces sucede esto en nuestra clientela de la Cruz Roja, del Hospital Vargas y de todos los institutos asistenciales.
No es una simple galimatía revolver los nombres y llamar Personalidad Psicopática a los neuróticos de antes; no se trata ni de complicar ni de elementalizar un problema, problema que por otra parte continúa siendo tan confuso como hace cien años. Diagnosticar una personalidad de neurótica o de psicopática encierra dos pronósticos y dos posibilidades terapéuticas bastantes diferentes. En las primeras (aceptámoslo así) el tratamiento radical ha de ser necesariamente el psicoterapéutico profundo, (el psicoanalítico) en los segundos, tanto el psicoanálisis, como otras derivaciones psicoterapéuticas neoanalíticas y postanalíticas “mejoran”, hacen desaparecer “el trastorno de fachada”; condicionan una mejor actitud del individuo ante su contingencia; podan y armonizan las superestructuras neuróticas; facilitan un mejor rendimiento social, amortiguan los efectos de una personalidad constitucionalmente mal estructurada; pero no curan definitivamente el trastorno de personalidad. Todos tenemos la experiencia de haber asistido social o médicamente a post-psicoanalizados; es cierto, que su anterior actitud de minusvalía y angustia se ha transformado en un desequilibrado equilibrio interpretativo; que su actitud pretérita (antes viibrátil y enérgica) se ha trocado por una frialdad y mesura tan anormal como antes. (La prueba es que continúan sufriendo; en otra escala, es cierto, pero continúan sufriendo. La ratificación ésta es su nueva consulta). ¿Está justificada entonces la psicoterapia en las personalidades psicopáticas? Semejante pregunta puede equipararse a ¿Está justificado el tratamiento médico y quirúrgico en los lisiados de la parálisis infantil? Cúrense radicalmente o no, la psicoterapia profunda debe hacerse siempre que se pueda en toda personalidad anormal, sólo que alcanzará el mismo efecto que la cirugía ortopédica, o la medicina sintomática. No puede objetarse a esta observación, que eso en resumidas cuentas es lo que hace la medicina en la mayoría de los casos, pues si la enfermedad somática es fundamentalmente individual y secundariamente colectiva, la enfermedad mental es primariamente social y secundariamente personal; los fármacos como medicación específica de muy poco nos sirven (excepto cuando se utilizan como placebo); la actuación del psiquiatra difiere fundamentalmente del médico: por el tiempo de actuación. Si el internista puede controlar treinta enfermos en una mañana, difícilmente el psiquiatra puede excederse de diez. (Y en este caso, haciendo una psicoterapia completamente superficial, que como sabemos tiene un efecto muy discutible). Si el alienista se decidiese en todos los casos, a hacer psicoterapia profunda, y calculásemos su actividad diaria en ocho horas, y aceptase las técnicas del psicoanálisis abreviado (impugnado por los psicoanalistas ortodoxos) el rendimiento mensual del psicoterapeuta seria escasamente de ocho enfermos. Situación, ésta, ideal desde el punto de vista de la clientela privada. El psiquiatra es un médico que rara vez dispone de tiempo, (por lo menos en esta época). Pero si el psiquiatra, por razones filantrópicas o de estado, se ve obligado a enfrentarse al problema de las enfermedades mentales, no con el criterio del que vive de su profesión, sino para su profesión; si tiene que ver con los ojos del higienista y no con los del individualismo; si observa que en una pequeña consulta de Hospital Médico-Quirúrgico, como es nuestra consulta de la Cruz Roja Venezolana, acuden 200 enfermos por año. (No siendo consulta a puerta abierta, sino a disposición de los otros servicios del Hospital) no puede menos que rebelarse y protestar contra los que pontifican sobre verdades que no practican; pues son precisamente los que cifran en la psicoterapia la panacea de 128 enfermedades, los que nunca han dialogado por más de tres minutos con la viejecilla histérica de nuestro pueblo o con el paranoico criollo.
Si hacemos caso a las cifras estadísticas del Dr. Mateo Alonso, nos daremos cuenta de la magnitud del problema psiquiátrico y de las posibilidades terapéuticas a base exclusivamente de psicoterapia profunda:
- El 10% de la población padece de alguna clase de trastornos psíquicos, y un 5% idem psicosomáticos. Es decir, en Venezuela existen 900.000 personas que requieren de intervención psiquiátrica.
- El 6% (incluidos los distintos síndromes mentales) presenta trastornos de la personalidad.
- El 10% de los escolares presenta formas afectivas de desadaptación escolar.
Nadie duda que la modificación ambiental apareja o produciría cambios favorables en muchas de estas personalidades anormales; pero hacer gravitar el problema y su posibilidad de redención sobre un grupo de hombres llamados psiquíatras, es tarea superior a nuestro esfuerzo. La obra del psiquíatra fundamentalmente debe actuar sobre el ductor, (sobre el médico, el gobernante, el sociólogo, el pedagogo) aprovechar su experiencia individual para analizar los problemas fundamentales de la mayoría; “conscienciar” en el cerebro y la voluntad de un país, sus problemas básicos, por desagradables o irresolubles que sean; el principio axial de la psicoterapia individual es esclarecer y liquidar las fantasías infantiles; el principio fundamental de la higiene mental de un país debe ser conocer sus propios problemas y no equipararlos apriorísticamente con otras entidades y plantearse su resolución con los mismos métodos. A mí me disgusta como venezolano, y no me conviene como profesional, decir que el pueblo venezolano es un pueblo semidesarrollado culturalmente, tan insuficientemente diferenciado que toda psicoterapia profunda está encaminada al fracaso en los medios populares; que muchas de las histerias diagnosticadas en los hospitales no son tales histerias (psicopatológicamente hablando) sino reacciones elementales de defensa en personalidades primitivas; que su terapéutica es tan mágica como la que practican los ensalmadores y brujos en los aledaños de la ciudad; y, que nosotros por elemental pudicia y conveniencia nos vemos obligados a posponer; todo eso me disgusta, posiblemente al lector, pero es cierto y sobre todo no es irreversiblemente cierto, es consecuencia de una etapa cultural justificada históricamente. Si se desea incrementar la neurosis, reprimir la psicopatía y hacer desaparecer hasta donde se puede las reacciones primitivas, auméntense las escuelas, elévese el número de alfabetos de 50% a 100%; hágase desaparecer la ilegitimidad, insístase en la represión instintiva (por persuasión o coacción) pero insístase; no se halaguen las tendencias primarias de la masa sino edúquese; varíen se los arquetipos populares sobre los cuales proyecta el venezolano su individualidad; elévese Venezuela culturalmente al nivel del patrón occidental grecolatino y entonces tendremos abundancia de neuróticos; mientras tanto habremos de concretar nuestra acción en los medios populares sobre personalidades anormales no neuróticas, y sobre reacciones elementales de primitivos (no anormales). Pero son precisamente estos dos grupos, los que el médico general menos conoce; un manto de problemática anglosajona, un eco de verdad en sus enfermos cultos y en sí mismo, un escotoma unilateral, le impiden ver los verdaderos problemas de la psiquiatría vernácula y los medios que dispone para combatir las enfermedades mentales en Venezuela.
Hasta ahora, hemos venido considerando el problema de las personalidades anormales (neuróticas, psicopáticas y psicóticas) como una consecuencia psicológica del individuo vs. ambiente. Freud dijo: NUNCA ME HE OPUESTO A LAS INTERRPRETACIONES BIOLÓGICAS DE LAS NEUROSIS, SÓLO LAS HE PUESTO DE LADO AL ENFOCAR EL PROBLEMA DESDE UN PUNTO DE VISTA EXCLUSIVAMENTE PSICOLÓGICO.
La tradición biológica en el estudio de las anormalidades de la personalidad ha continuado in crescendo y en muchos casos con resultados alentadores; sólo, que el amarillismo psicodiinámico ha silenciado hasta tal punto el enfoque biológico: QUE LO INICIALMENTE PUESTO POR FREUD DE LADO HOY TIENDE A OLVIDARSE DEFINITIVAMENTE. (Kurt Scheneider). A este respecto vale recordar al gremio médico la teoría de los estratos psíquicos de Hoffman, y su conclusión axial: SIN MATERIA NO EXISTE NINGUNA VIDA, SIN VIDA NO EXISTE NINGUNA CONCIENCIA Y SIN CONCIENCIA NO EXISTE EL MUNDO DEL ESPIRITU OBJETIVO (Sociedad, historia. etc.). Si las capas superiores conservan cierta autonomía frente a las inferiores, pudiendo incluso conformarlas de una manera especial. (afecciones psicosomáticas) no existe dependencia ni servidumbre de las inferiores por las superiores ni viceversa, es una estrecha correlación totalista de lo uno por lo otro. Es el caso concreto del caracterópata epiléptico, este individuo conserva en sus modos de ser, su libre albedrío; puede inhibir, controlar o sublimar su agresividad, pero su agresividad, surge aparte los desarrollos psicológicos, de una personalidad psicobiológicamente mal estructurada, que se traduce objetivamente en el electroencefalograma por alteraciones bioeléctricas. Es cierto, que no podemos modificar fundamentalmente el trastorno fundamental, de un epiléptico a base exclusivamente de hidantoínas. Su curva biográfica por razón misma de su personalidad constitucionalmente anormal, y es anormal por el despliegue anormal de sus instintos, tenderá espontáneamente a las fijaciones y a los desarrollos psicopáticos, esta condición psicológica habrá robustecido una perturbación que fundamentalmente radica sobre un substratum biológico heredado; si queremos modificar o mejorar los trastornos de carácter de este individuo deberemos actuar previamente sobre su función biológica y secundariamente sobre las superestructuras psicopáticas. Sería incierto afirmar que todos los psicópatas epilépticos se mejoran o curan con tratamiento específico medicamentoso, pero un porcentaje bastante elevado si lo hacen.
Ya Charcot y Kraepelin habían llamado la atención sobre el infantilismo psicofísico de los histéricos. Kretschmer ha demostrado que la neurosis suele aparecer en personas con hipoplasia anatómica y funcional de sus órganos genitales y caracteres sexuales secundarios. Todavía está por aclararse si la disfunción es consecuencia de la neurosis, o si la neurosis se vio favorecida en su instalación por la disfunción.
La experiencia en estos casos es ambigua, pues todos los endocrinólogos han curado perturbaciones del carácter por medios opoterápicos y todos los psiquíatras hemos curado encodrinopatías con psicoterapia.
Son conocidas ampliamente las perturbaciones metabólicas en los esquizofrénicos y en los maníaco-depresivos. Se observa un antagonismo fisiológico muy marcado y una sintomatología opuesta.
Muchos de los ataráxicos, es cierto que resultan inefectivo s en bastantes casos de neurosis, pero en más de una oportunidad nos han ayudado a yugular una crisis y a superarla por un tiempo bastante largo.
López Ibor ha descrito una entidad nosológica de forma neurótica, donde el trastorno radica sobré un trasfondo biológico mal conocido. La timopatía ansiosa correctamente diagnosticada arroja un saldo muy optimista con tratamientos biológicos.
Algunos médicos pueden afirmar, como muchas mujeres diagnosticadas de Neurosis de Ansiedad vieron ceder su angustia con una consideración clínica a su climaterio.
No todas, pero suficientes neurosis de la ancianidad, no son otra cosa que verdaderas psicosis seniles y arterioscleróticas que se expresan inicialmente por una sintomatología caracteropática.
Todo buen clínico sabe que las obsesiones, las fobias, las impulsiones, los cambios de carácter en los adolescentes deben tomarse con cuidado. Basta leer unas cuantas historias de esquizofrénicos para darse cuenta que la mayoría de ellos presentaron mucho antes de la eclosión de su enfermedad: obsesiones, fobias y cambios de carácter, hoy ha transcurrido el suficiente tiempo para hacer un pronóstico sombrío. Todos estos muchachos fueron consideradas superficialmente como neuróticos, algunos de ellos psicoterapeutizados y hasta psicoanalizados, en la gran mayoría al trastorno fundamental reemitió por un tiempo, para luego explotar con posibilidades de curación cada vez menores.
La depresión reactiva y psicógena existe, y su tratamiento básico es el psicoterapéutico, pero las depresiones endógenas se modifican rápida y efectivamente con el desacreditado electroshoc.
Si las epilepsias vegetativas y marginales no deberían entrar de lleno en la psiquiatría y, el médico al observar alteraciones del carácter en un trastorno orgánico sin hallazgo clínico presupone lógicamente que debe tratarse de una afección psicosomática, cuando en verdad no se trata de un mecanismo de conversión sino de trastorno paroxismal epiléptico. Los trastornos epilépticos en las afecciones psicosomáticos o llamadas psicosomáticas es bastante elevado. Y se curan sin una palabra de psicoterapia, basta el tratamiento médico adecuado.
Cuántos trastornos de conducta no son otra cosa que fases hipomaníacas que ceden o mejoran con cuatro electroshoc y algunas veces con el Carbonato de Litio.
Cuántas neurosis no resultan a la postre tumores cerebrales, parálisis general o endocrinopatías agudas. Yo recuerdo el caso de una niña de 15 años muerta en el Hospital Vargas a consecuencia de un absceso cerebral, vista por mí quince días antes y teniendo ante mis ojos el examen neurológico negativo de especialistas. Su caracterología y su síndrome era claramente histérico. Muchas veces es el psiquíatra y no el neurólogo el que primero percibe a través de la clínica psiquiátrica la enfermedad orgánica; idem la arterioesclerosis, idem la endocrinopatía; la evolución fatal nos enseña acremente, a no generalizar tanto el diagnóstico o la etiqueta de neurosis.
Los médicos y con ellos algunos psiquíatras parecen olvidarse que toda enfermedad hay un problema espiritual; el descubrirla parece bastarles para no profundizar en los todavía insuficientes métodos diagnóstico. Todo enfermo al cual el médico le haga psicoterapia involuntaria, lega o profunda, modificará favorablemente su cuadro y hasta podrá cesar temporalmente en sus dolencias; pero esto no basta para suponer que se trate de una afección psiquiátrica. Todavía más, una grave dolencia orgánica puede injertarse sobre una personalidad profundamente anormal; sin que guarde relación alguna una cosa con la otra.
No es nuestra intención, ni muchísimo menos, negar 180 existencia de las neurosis, de los trastornos funcionales, de la participación de los factores psíquicos, sobre el soma o sobre el ánima del individuo, no pretendemos despotricar contra la psicoterapia superficial, ni profunda, psicoanalítica o neoanalítica, pues al fin y al cabo creemos en ella, la aplicamos, y curamos o corregimos. No se trata de asumir una posición ultrarradical organicista, pues esta posición como la psicogenista pura parecen irremediablemente superadas. Se trata de recordarles a los médicos la frase de LAIN ENTRALGO: “SI EN EL SIGLO PASADO NOS OLVIDAMOS DEL ESPIRITU. LA MEDICINA ACTUAL QUE NO SE OLVIDE DEL CUERPO”. Durante mucho tiempo se ha difundida en el gremio médico la participación que los factores psíquicos han tenido sobre las enfermedades; lo que en principio fué escepticismo, resistencia y sarcasmo hoy amenaza por reacción convertirse según frase de NICOLAI: EN LA SUPERSTICIÓN MÁS DIVULGADA.
Si la concepción psicodinámica hizo tambalear no sólo a la psiquiatría y a la medicina, las adquisiciones de una y otra en muchos sentidos no son cosas que pasaron al olvido como suponen algunos entusiastas psicogenistas. Dentro del terreno mismo de la psiquiatría, dentro del grupo de afecciones caracterológicas y de la personalidad, no todas entran de lleno (por 10 menos terapéuticamente) en el terreno de la psicoterapia profunda. Muchas, porque la experiencia así 10 demuestra, otras por factores culturales como sucede con el problema de las personalidades anormales en los medios populares venezolanos, y la mayoría porque la psicoterapia profunda difícil mente puede evadirse de su condición sine-quanon: tratamiento de lujo.
Las siguientes cifras ilustran las conclusiones que hemos desarrollado:
Epilépticos 28%
Personalidades Psicopáticas Histéricas 19%
Personalidades Psicopáticas varias 7%
Esquizofrenias 12%
Psicosis Maníaco-Depresivas 3%
PSICONEUROSIS 3%
Timopatías ansiosas 8%
Oligofrénicos 5%
Enfermedades Involutivas 5%
Enfermedades realmente médicas y neurológicas 10%
En ninguno de estos casos intentamos psicoterapia profunda; en los timopatas, epilépticos y afecciones involutivas verificamos tratamiento específico con buenos resultados; los esquizofrénicos y maniaco-depresivos fueron referidos a los Institutos adecuados; las enfermedades negativas a la exploración psiquiátrica permitieron al médico general replantearse la etiología orgánica y progresar en sus pesquisas; algunos histéricos cedieron a la psicoterapia superficial (placebos y medidas sugestibles) otros, por el contrario, lo mismo que los oligofrénicos nos vimos impedidos de prestarle ninguna ayuda.
De esta forma hemos desarrollado en unión de los Dres. Pedro González Meleán, Abraham Krivoy, Maggi Calcaño y Alesia Bello una labor asistencial psiquiátrica en el medio venezolano. Esto nos ha probado que los problemas psiquiátricos de Venezuela si esencialmente son iguales al resto del mundo, contienen muchas variedades y matices que deben ser esclarecidos no a través de la clientela particular (que al fin y al cabo tiene rasgos universales) sino en el bajo pueblo, en ese soporte mayoritario de la venezolanidad de donde emerge el impulso básico que colorea los estratos superiores de la Venezuela culta.
[1] Freud mismo reconoce que el reverso de la personalidad neurótica es la personalidad perversa. y dice constantemente: Nunca he negado la importancia de la constitución y de los factores biológicos en la génesis de los fenómenos psíquicos.
Dos aspectos dramáticos del hábito de fumar
mayo 31, 2010
Por Dr. Pedro M. Sánchez Núñez (*)
Desde el año 1976 hasta bien avanzado el 1984 cumpliendo funciones asistenciales y docentes muy intensas en el Hospital Central de Valencia, teníamos por hábito presenciar las autopsias de la mayoría de los casos que se presentaban en la emergencia de nuestro centro asistencial y allí nos íbamos todos los días al finalizar nuestra guardia sin importar la hora. Teníamos que observar esos detalles para no quedar con duda y ampliar los conocimientos.
Cuando se trataba de occisos jóvenes, de hábitos alcohólicos intensos, fumadores desde que inician la pubertad, las edades comprendidas entre los 15 y 35 años e independiente de otros datos clínicos que se encontraren, nos limitamos a las causas de muerte el accidente bien sea tránsito, o herido en riña por arma de fuego o arma blanca. En resumen ¿qué encontramos como datos relevantes asociados al hábito de fumar?
En los pulmones en personas de 20 años o más, el color de la masa pulmonar es más grisáceo, no es ya rosado vivo; hay grandes lagunas de material cenizo a negro que va de 3 a 4 mm a masas de 8 a 10 cm en toda la extensión pulmonar, ya a esa edad se aprecia tendencia a mantenerse insuflado aunque en grado leve, es decir, se inicia en la juventud del fumador el proceso de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y se toma como asintomáticos los casos que no consultan pues se interpreta cualquier manifestación de tos, carraspera, expectoración o ronquera como insignificante.
Igual ocurre con los bronquios y tráquea. Durante todo su trayecto notamos enrojecimiento y despulimiento de la superficie tubular, cúmulos focales de secreciones muy densas color amarillo o amarilloverdoso y en algunos segmentos del epitelio rugosidades. Por supuesto estos hallazgos independientemente de los histopatológicos que están muy bien descritos en los textos de patología y forenses me limito esta vez a lo que nosotros veíamos in situ.
En lo referente al aparato cardiovascular, al disecar la aorta vimos que en la mayoría de esos jóvenes había en escaso número placas de ateromas del tamaño de cabeza de alfiler, es decir, no llegan a 2 mm. Esos datos que señalo son la base futura para la hipertensión arterial con todas sus consecuencias cardiacas, cerebrales, renales, oculares y por otro lado las enfermedades respiratorias llegando a la EPOC.
El segundo componente dramático es el social, que no por ser médicos debemos dejarlo por fuera, somos factor de cambio y de educación ante la sociedad.
Es muy cierto que fumar llegó a ser desde finales del siglo XIX y las dos terceras partes del XX un elemento de prestigio, de estatus , de elegancia para damas y caballeros, aún está vivo el recuerdo de figuras del cine, la música, la política, las letras y las ciencias que fueron retratadas con un cigarrillo en su boca o en la mano, y llego a ser característico de su personalidad. Algunas veces con tabaco puro como Sir Winston Churchill y algunas damas muy distinguidas de esa época con pitilleras, hasta que se fue asociando el tabaquismo con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, además de enfermar al personal del entorno creando al fumador indirecto.
Se agregó también el daño y deterioro al ambiente y a la persona, es decir que la persona que fuma se reconoce por su presencia, rostro fruncido, brillante, sudoroso, graso, aspecto tenso, irritable, inquieto, desprende olor a tabaco por más que use perfumes y desodorantes. Por fortuna se ha logrado que el fumador se margine a lugares especiales en el ambiente social para no contaminar a los no fumadores como en restaurantes.
Las cajas de tabaco traen mensajes escritos y gráficos sobre el daño, el nivel de conciencia ha subido al respecto, pero la población también lo ha hecho, la publicidad sigue y la industria continúa, pero ya cualquier ciudadano puede pedirle a otro que por favor apague el cigarro que aquí no se fuma. GRACIAS.
(*) Miembro del Colegio Médico de Carabobo y de la Sociedad Venezolana de Medicina Interna
Decálogo del médico humanista
mayo 21, 2010
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| Fuente: José Antonio Trujillo Ruiz [año 2.000] en www.fisterra.com |
El cáncer acabó con el escritor
marzo 15, 2010
Aunque viví hasta el 2000…, el escritor Miguel Delibes murió en Madrid el 21 de mayo de 1998, en la mesa de operaciones de la clínica La Luz. Esto es, los últimos años literariamente no le sirvieron de nada. Read more
El origen del tango Buen Amigo
febrero 19, 2010
Por Alejandra M. Uriburu
Escribe el Dr. Julio V. Uriburu (quien en vida fuere Presidente de Honor de la Academia Nacional de Medicina, máximo honor que otorga dicha INSTITUCIÓN, obtenido tan sólo por 7 personas desde su creación en el año 1822, hasta la fecha) :
….No resisto la tentación de reproducir aquí la historia del tango Buen Amigo y he de emplear para ello, la transcripción del relato que me hiciera Oscar Vaccarezza: “…ubiquémonos en aquel alegre santuario del Buenos Aires nocheriego, llamado “Chantecler”, y en 1924.
Cenan en una mesa Enrique Finochietto, Pedro Chutro y Florencio Lezica. El placer de saborear y gustar de un merecido solaz, después de largas horas de salas de operaciones apestadas por el éter, se complementa con los refinamientos culinarios -crédito de la casa- y los maravillosos acordes que brotan de la orquesta de un leal amigo del terceto, Julio De Caro, cosa seria al violín y destacada figura por su magisterio y creaciones inolvidables.
En un descanso, se acerca a De Caro un amigo de condiciones modestas. Viene en pos de ayuda para su mujer gravísima. No sabe ya qué hacer, se desespera, llora… ‘Su llanto -escribe De Caro- me partía el alma, no sabiendo por dónde empezar, le ofrecí dinero, que por supuesto ni tomó en cuenta; de pronto Dios me iluminó…
–Espérate un momento y no te alejes, ya te he resuelto esto– me atreví a decirle, porque acordándome de Finochietto, Chutro y Lezica, ahí presentes, me dirigí a ellos, implorando por el amigo. Al explicarle lo sucedido, Don Enrique de inmediato me apuró a llevarlo junto a él.
–No se aflija, amigo –fueron sus primeras palabras–, por lo pronto vamos a ver a su mujer, a lo mejor es más susto que otra cosa!’
Lo demás, fue para don Enrique, cancelar su momento de solaz, diagnosticar una grave situación de urgencia con indicación quirúrgica, operar ya casi de madrugada en el viejo Podestá, salvar la paciente y rubricar todo con el humano gesto de su mano tendida y desinteresada.
La noche siguiente se entera De Caro de la proeza y a insinuación de Lezica, se propone corresponder a tal muestra de bondad de Don Enrique, con la expresión pura de su alma de artista. Conoce su capacidad creadora y ¿qué mejor que un tango?
Casi amaneciendo, deja su tarea y manos a la obra. ‘Durante el trayecto a casa -vuelve a decir el respetado don Julio- evoqué tan doloroso episodio y laxo como estaba, fui campo propicio para que me invadiera una sensación inexplicable… y entrando maquinalmente en el departamento me dirigí a una mesita, brotando así de un tirón, el tango prometido’.
Aún sin nombre, la criatura fue estrenada la noche siguiente. Llueven los aplausos. El bis se repite. La algarabía se contagia, cuando llega Finochietto sorprendido por esos compases desconocidos y naturalmente pregunta:
–Es el tango pedido por Lezica – responde Julio De Caro.
–Pero, querido… esos lloros de bandoneón y esos solos de violín… Extraordinarios. ¡Gracias, gracias! ¿Y el nombre?
–Quiero, don Enrique –respondió Julio–, confesarle que en este especial caso debía dejar hablar a mi corazón para que él me dictase el nombre… Así pues, lo bautizaré Buen Amigo.
De esta manera, nació Buen Amigo, flor de tango, dedicado por De Caro a Enrique Finochietto. Hermoso engendro de la gratitud en yunta con un gesto altamente humanitario. Tierno coloquio del bisturí con los fuelles y las cuerdas. Porteñazo galardón, como cuadraba entonces a un porteñísimo cirujano”.
El oro mató a Diane de Poitiers
enero 13, 2010
Diane de Poitiers, la amante del rey Enrique II de Francia, murió en 1566 a la edad de 66 años. Su historia no habría pasado hoy de una mera mención en los libros de historia si no fuera porque un equipo de científicos acaba de descubrir la razón…… Read more
Reflexiones y vivencias de un dermatólogo en tierras andinas
enero 3, 2010
Por Dr. Guillermo Planas-Girón
Revisando las diversas columnas que integran Bitácora Médica, me encuentro con una relacionada con las anécdotas y reflexiones de los colegas médicos, sobre acontecimientos que en un momento determinado, revistieron cierta importancia para nosotros por el lugar y las circunstancias tan peculiares que rodearon los hechos.
Manuel Caballero: Don Mario y el Diablo (Homenaje a D. Mario Briceño Iragorry)
noviembre 23, 2009
La Academia Nacional de la Historia y La Academia Venezolana de la Lengua
Homenaje a D. Mario Briceño Iragorry
Orador de Orden: D. Manuel Caballero | Individuo de Numero de la Academia Nacional de la Historia
Palacio de las Academias, 19 de noviembre de 2009
Don Mario y el Diablo
Manuel Caballero
Debo comenzar confesando que me sentí muy incómodo cuando se me encargó pronunciar estas palabras en homenaje a Mario Briceño Iragorry. En primer lugar, porque, con una indignación comprensible, se concibió éste de hoy como un desagravio al acto de barbarie cometido contra su nombre por algún oscuro burócrata de esos que tanto despreciaba Antonio Machado porque “embisten cuando les da por usar de la cabeza”. Me negué a participar en un desagravio por considerar que agravio no hubo : no insulta quien quiere sino quien puede.




