Alérgicos que casi se ‘mueren de frÃo’
Diciembre 10, 2009
“Hace frÃo y pica mucho”. Además de las molestias propias de la estación invernal –escalofrÃos, piel de gallina o dolor de huesos–,
a Óscar y Alicia les salen habones y se les enrojece la piel. Sufren una reacción alérgica a los estÃmulos frÃos; o, lo que es lo mismo, padecen urticaria ‘a frigore’. Les afectan los cambios de temperatura, al salir de la ducha o de casa a la calle; el consumo de helados o bebidas con mucho hielo; el contacto con la nieve… Su organismo interpreta el frÃo como un agente patógeno y reacciona contra él. El picor y la vasodilatación son sus principales acciones defensivas. Por eso, cuando la exposición al estÃmulo gélido es muy prolongada, como al bañarse durante varios minutos en el agua de una piscina descubierta o en el mar, la alergia puede llegar a causarles un sÃncope.
Este tipo de urticaria fÃsica, que es poco frecuente, afecta sobre todo a las manos y la cara, que son las que sufren una mayor exposición durante el dÃa a dÃa. Por este motivo, en el armario de Alicia, una salmantina de 27 años que padece este trastorno desde que tenÃa 13, nunca pueden faltar ni los guantes ni las bufandas ni las orejeras. Algo similar ocurre en el de Óscar que, a sus 33 años, sigue muy pendiente del efecto que puede tener sobre él, por ejemplo, hacer deporte en invierno sin abrigarse lo suficiente. Ambos llevan mucho tiempo poniendo en marcha todo un arsenal preventivo que no evita la posibilidad de sufrir un ataque de alergia pero que, si éste aparece, lo hará de una forma menos severa.
“El médico me dijo que evitara el frÃo a toda costa porque podÃa llegar un momento en el que mi corazón no aguantara más”. Esta advertencia le llegó a Alicia cuando tenÃa 15 años, después de haber sufrido un episodio veraniego bastante alarmante. “Estaba bañándome en el mar Cantábrico y empecé a encontrarme mal, sentÃa mucho calor por dentro y casi no podÃa moverme. Mis padres tuvieron que sacarme del agua, estaba llena de habones y medio desmayada. Me llevaron en brazos hasta el apartamento”, explica. Por entonces, ella ya sabÃa que era alérgica al frÃo pero su dermatólogo no le habÃa aconsejado evitarlo. “Llevaba un año y medio tomando antihistamÃnicos y no me habÃan servido para nada [...] Creo que no sabÃan como tratarlo”.
Su caso es bastante paradigmático. La urticaria ‘a frigore’ se caracteriza por el enrojecimiento de la piel o la aparición de ronchas pero no siempre se queda en eso. También pueden aparecer mareos, dolor de cabeza, diarrea o incluso desvanecimientos. Y ocasionalmente, si el cuadro es muy severo, el ’shock’ puede ser la única manifestación. “Cuando la afectación ocurre en las zonas más profundas de la piel, se produce un edema de la dermis. En el tejido celular subcutáneo aparece un angioedema (inflamación de la cara o las extremidades) que, a veces, puede suponer un compromiso vital (anafilaxia) si afecta a las vÃas respiratorias”, apunta Salvador Arias-Santiago, dermatólogo del Hospital Universitario San Cecilio(Granada).
Por tanto, dependiendo de cada persona y del tipo de exposición, las reacciones alérgicas pueden ser más o menos extremas; aunque lo más frecuente es que se queden en el picor y las erupciones cutáneas. Esto último es lo que le sucede a Óscar, que se dio cuenta de su alergia un verano cuando salió de un rÃo en el que habÃa estado bañándose. “Era adolescente y creÃa que tenÃa la piel roja y como arañada por haber estado haciendo el bruto con los amigos dentro del agua”, bromea.
Distintos tipos
Como apunta Arias-Santiago –autor de un estudio que relaciona esta alergia con la mononucleosis–, “la patogenia de la urticaria, en general, y de la urticaria a frigore, en particular, es compleja y no se conoce completamente”. Aún asÃ, hasta el momento, se han establecido tres clases principales.
La primaria es la más frecuente y no tiene causa establecida. “Representa el 95% de los casos”, afirma José Luis López Estebaranz, dermatólogo y director de Dermomedic (Madrid). En opinión de Miguel Blanca Gómez, jefe del servicio de AlergologÃa del Carlos Haya (Málaga) y coordinador de la Red de Investigación de Reacciones Adversas a Alérgenos y Fármacos (RIRAAF), el mecanismo reactivo de estas urticarias idiopáticas (sin origen conocido) se centra en la activación de unas células de la piel, los mastocitos, que liberan mediadores que cumplen diferentes funciones en el organismo. Uno de ellos, la histamina, provoca picor al actuar a nivel neuronal y enrojecimiento cuando interviene en la vasodilatación.
“Fluye más la sangre y, por ello, aumenta el calor. Los habones aparecen cuando se concentra mucha histamina en una misma zona; la vasodilatación es tan potente que la piel se eleva”, indica este alergólogo.
Las urticarias secundarias y las familiares son los otros dos tipos. En las primeras, la alergia aparece asociada a otras enfermedades primarias, como una mononucleosis o una hepatitis, por ejemplo. “En estos pacientes, se han detectado crioaglutininas en la sangre, unos anticuerpos que precipitan o se acumulan con el frÃo y, como consecuencia, liberan mediadores. Éstos son los responsables de los habones y del prurito”, apunta Flora MartÃn-Muñoz, alergóloga del Hospital Universitario La Paz (Madrid).
Por su parte, las hereditarias se suelen detectar en varios miembros de una familia y se asocian a enfermedades autoinflamatorias que cursan con trastornos reumatológicos. En este caso, aclara MartÃn-Muñoz, “se ha demostrado una alteración genética en el metabolismo de las criopirinas –unas proteÃnas– asociado con la enfermedad”. Éstas son las más raras de las urticarias a frigore y no responden al tratamiento con medicamentos antihistamÃnicos.
La urticaria, definida por la experta de La Paz como “un proceso inflamatorio común con múltiples etiologÃas“, es un trastorno bastante frecuente en su forma aguda (la que aparece momentáneamente). Las que se cronifican (están presentes más de seis semanas) son más severas y más raras. En España, estas últimas cuentan con una prevalencia, según Arias-Santiago, de un 2,9%. Las mujeres y los jóvenes son los más propensos a padecer esta clase de trastorno.
En el caso de la variante ‘a frigore’, no se contempla una terapia curativa sino preventiva. Se trata de evitar el estÃmulo que causa la reacción alérgica y, si ésta apareciese, hacerla remitir mediante fármacos que reduzcan la acción de la histamina. “Clásicamente se ha usado la ciproheptadina y, actualmente, se emplea con más frecuencia la cetirizina, que tiene más eficacia y menos consecuencias secundarias”, aclara el experto del mencionado hospital granadino.
Por lo tanto, los pacientes alérgicos al frÃo, ante todo, deben evitarlo en la medida de lo posible o enfrentarse a él estando bien abrigados. De eso sabe bastante Alicia que recuerda con poca añoranza las mañanas de helada salmantina en las que se le hinchaban las manos, la nariz y las orejas. “Ahora me protejo mucho más, tanto del frÃo seco como de la lluvia. No puedo salir sin paraguas, la humedad también me afecta, y tengo unas orejeras que son preciosas”.
En verano, ni ella ni Óscar se permiten bajar la guardia. “Lo peor, sobre todo de pequeño, era lo de no poder bañarme en la piscina durante mucho rato”, indica este último. “Aunque me meta despacio en el agua, debo tener mucho cuidado y controlarme”, añade la primera. Como indica el experto de la piel del hospital San Cecilio, “los episodios se producen tras minutos de contacto. Si se enfrÃa todo el cuerpo, como al nadar, se puede producir un sÃncope y ser potencialmente letal por ahogamiento“.
El consumo de helados o de bebidas muy frÃas, otra alternativa muy atractiva en épocas estivales, no les resulta tan nocivo como molesto pero, igualmente, procuran limitar la exposición. “Se me hincha el paladar, sobre todo si me tomo un polo”, reconoce Alicia.
Cómo se identifica
Para saber si una persona padece este tipo de alergia, la primera prueba consiste en aplicar un hielo en el antebrazo, durante cinco minutos, y ver si aparece un habón. “Es impresionante. Cuando me lo hicieron, me salió un ronchón de la misma forma y tamaño que el cubito que me pusieron sobre la piel”, afirma la paciente. Si este test diera negativo, pero las sospechas siguieran presentes, se recurre a sumergir el brazo en agua frÃa.
A la hora de diagnosticar esta alergia, además de realizar estos estudios, Sergio Vañó, dermatólogo del hospital Ramón y Cajal (Madrid), subraya la importancia de descartar otras enfermedades asociadas y de las que la urticaria podrÃa ser un indicador, más que un desencadenante. Por otro lado, Miguel Blanca, de la RIRAAF, destaca que no se debe confundir este trastorno con lo que sucede normalmente en temperaturas muy bajas: “En la nieve, por ejemplo, las extremidades se ponen blancas, fruto de la vasocompresión. Luego, al entrar en un sitio cerrado, se tornan de color rojo, por la vasodilatación”.
Sea porque ahora se protegen mejor del frÃo, o porque con el paso de los años la intensidad de la alergia se ha reducido, lo cierto es que tanto Alicia como Óscar se han acostumbrado a vivir con este problema, que cada vez interfiere menos en su ritmo de vida. Ella se ha mudado a Londres, donde el clima no es precisamente cálido, y él se atreve ahora a desplazarse por Madrid en moto. “Intento abrigarme mucho y voy a comprar una manta para protegerme más”, sentencia.
Fuente: elmundo.es



