Esteban Torbar

Mayo 3, 2006

Si algo produjo la aceleración hacia los cambios indispensables en la modernización de Venezuela (podrímos decir “actualización” de una nación atrasada y aislada del mundo hasta la muerte de Gómez a fines de 1935), como resultado circunstancial de epifenómenos sobre los cuales no tenímos control alguno, como la guerra civil española, la persecución de los judíos y la II Guerra Mundial, fue, sin la menor duda, la ola migratoria europea (españoles, portugueses e italianos) que vinieron al país.

Aunque la motivación inicial fue de carácter humanitario, sin medir muchas de otras favorables y determinantes consecuencias para el futuro del país, nunca podremos estar suficientemente agradecidos de todo lo que aportaron, ya que muchos de estos nuevos ciudadanos del país, gente formada y trabajadora, muy pronto se convirtieron en los motores de la necesaria transformación.Uno de ellos, un hombre a quien conocí bien durante muchos años, y que en la esfera de sus conocimientos y trabajo especializado, dio mucho a ésta, su patria por adopción, fue Esteban Torbar, a cuya memoria escribo esta breve pero sentida nota necrológica.

Esteban era un hombre alto y apuesto, inteligente, culto, creador, gran trabajador y gran amigo. Todo un caballero, es decir un hombre con clase, tí?rminos éstos poco utilizados en la actualidad por su connotación elitesca, que a mi manera de ver las cosas nada tiene que ver con la posible alcurnia de su familia (factor de que nada podí servirle al mudarse de país, de lengua y de cultura), sino con sus esfuerzos individuales para superarse, crear y saberse comportar como un ser eminentemente civilizado. Pertenecí a esa recia raza croata, que a lo largo de la historia ha sabido mantener su cultura y su identidad, hasta lograr ­hace muy pocos años- su independencia política. Esteban nació y se educó en Zagreb, la capital del país, donde su padre tuvo importante figuración política entre las dos guerras mundiales, y emigró junto a su familia, primero a Austria (recuérdese que Croacia fue parte importante del Imperio Austro-Húngaro disuelto ­tal vez irracionalmente- en 1918) y luego a Italia, a Roma, a continuar sus interrumpidos estudios de derecho en la Universidad de Roma.

En 1947 se traslada a Argentina, donde se dedica al turismo. Luego vive en Canadá y más tarde, por cuatro años, es funcionario de las Naciones Unidas.

Con ese bagaje, ya considerable, de conocimientos y experiencias se radica en Venezuela en 1955 donde adquiere el control de una pequeña agencia de viajes, Turismo Maso Internacional, que comenzó con cuatro empleados y hoy tiene más de 200 en 30 oficinas en todo el país, siendo la mayor organización en su ramo en el país, con relaciones estrechas de trabajo con Woodside (1991), Thomas Cook (1995) y Business Travel International.

Quiero dar aunque sea una vaga noción de su personalidad a través de algunas de las muchas anécdotas que vienen a mi mente al recordarlo. Por ejemplo, hace ya muchos años, planeábamos en un grupo familiar hacer un viaje de vuelta al mundo, y le consultí? el tema a Esteban. Al final el viaje no se pudo dar, pero me comentó en su momento ese otro gran hombre que fue Armando Planchart, “con esa descripción que nos envió Torbar, es como si ya hubiésemos hecho el viaje”.

En ese terreno anecdótico, que es el que mejor describe el verdadero carácter y personalidad del individuo, recuerdo que una vez me invitó al Rotary Club del Tamanaco a dar una charla sobre una expedición cientí?fica en la cual participé en el Congo (Kinshasa) hace muchos años. Yo no estaba muy convencido de que era la audiencia más apropiada para enseñar la cruda e impactante realidad de lo que ocurrí en el sector salud de ese extenso país (mejor dicho, la falta de la misma) en pleno corazón de Africa. Francamente las diapositivas que allá? mostré no eran el mejor acompañamiento para un suculento almuerzo, pero Esteban querí que les mostrase a sus compañeros del Rotary las duras realidades de un tí?pico país del centro de Africa y así? lo hice. Muchos años después los asistentes a ese almuerzo, me lo recuerdan, como algo que los impactó por vida.

Podrí escribir un libro con anécdotas de Esteban, pero por razones de espacio tengo que limitarme a unas pocas. Un buen dí, cuando hací mi pasantí en el servicio exterior en Londres, me llama desde Caracas Esteban y me dice que su empresa turística deseaba representar a Thomas Cook, que como todos sabemos es la pionera a nivel mundial en este ramo. Aparentemente habí varias otras compañís venezolanas interesadas y él querí saber si yo podí ayudarlo. En ese instante no tení ningún contacto especial con esa connotada empresa inglesa, pero de pronto recordé haber leído en la prensa que un buen y leal amigo Sir Kenneth James, ex embajador británico en México y Director de Canning House (la institución de los países latinoamericanos en Londres) habí sido nombrado Director Externo de Thomas Cook. De inmediato lo llamé por teléfono, y Kenneth con su característico aplomo me dijo: “No estoy enterado del asunto, pero tomando en consideración las recomendaciones que me das de tu amigo, díle de una vez que dé por seguro la elección de su firma para la representación”. Cuando esto se hizo realidad semanas más tarde, Esteban me llamó y me dijo: “En vez de gastar unos reales en dar una fiesta, como se acostumbra en estos casos, he pensado en invitar a visitar a Venezuela, a un grupo de 25 personas de Gran Bretaña, durante una semana, con todos los gastos pagos, incluyendo a Sir Kenneth James y a Martha y a tí?, seleccionados de acuerdo a tu buen criterio, como una contribución a estrechar los vínculos entre los dos países”. Así? se dio una de las visitas de este tipo, de más impacto y trascendencia en este campo de las relaciones bilaterales. Participaron en ella gente de todos los sectores y actividades de la sociedad británica, desde un duque de sangre real hasta un hindú representando una importante firma comercial. Las consecuencias favorables de esta misión aún las estamos disfrutando. Así? era Esteban, generoso y creativo al mismo tiempo.

Al lamentar dolido su ausencia, siento más que nunca que este hombre de tanta lucidez y preparación no haya sido debidamente aprovechado por nuestros sucesivos gobiernos como asesor y consejero para desarrollar la tan necesaria estructura turística en nuestro país. Afortunadamente dejó muchos discípulos, entre ellos sus dos hijos, Esteban hijo y Lara, ambos empeñados y comprometidos en continuar con éxito la gran labor de su padre. Para ello pueden contar con el apoyo decidido de los numerosos amigos de Esteban, quienes comprendemos bien que con él se inició el capítulo de un extenso libro, él del desarrollo de una poderosa industria turística para el país, que muchos otros venezolanos tomarán como ejemplo para continuar con éxito en el futuro. Es un gran y necesario desafío; el gran sueño de Esteban a lo largo de la mayor parte de su vida útil.

Francisco Kerdel Vegas
Lunes, 28 de enero de 2002

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