1. La medicina cientí?fica vs. el arte de la medicina

Abril 29, 2006

La reciente marea de medicina tecnológica tiende a erosionar el fundamento imperativo para cualquier médico de ser una presencia de curación. Debido a que nuestros antibióticos y nuestras tomografís computarizadas y nuestros transplantes de corazón prometen tal poder, arriesgamos confundir el uso de tales herramientas con la tarea básica de todo médico: entender, reconfortar, alentar, estar con el paciente en su aflicción. Con la distracción potencial de tí?cnicas y tecnologí, la medicina tradicional puede necesitar la medicina de los pobres como un recordatorio de que el rol primario del buen médico es ofrecer su aceptación incondicional de lo que es el paciente, clarificando (sin juzgar) la causa de la enfermedad; honrando el dolor; reconociendo el miedo, y manteniendo la esperanza.

Desde los tiempos antiguos del padre de la medicina, Hipócrates de Cos (460-377 a. de J.C.), se tiene por bien sabido que la medicina es una profesión (eufemismo gratificante y elaborado -por su componente teórico-, de lo que es un oficio), mezcla indisoluble y compleja de ciencia y arte. La tendencia contemporánea de reducir la medicina a una práctica interpretativa de las más sofisticadas tecnologís y a los médicos en meros tecnólogos, limitando y hasta tratando de eliminar su profundo sentido humanístico, ha creado un conflicto de incalculables proporciones, cuyas consecuencias negativas se observan ya en la crisis de la disminución en la auto-estima y gratificación de los médicos recién graduados y del aprecio de la colectividad por nuestra profesión.La tentación hacia una preponderancia cientí?fica desestabilizadora es muy grande y se habla, con cierta justificación, del Santo Grial de la
medicina, que está orientando su acción hacia la prevención de enfermedades crónicas, más frecuentes en la edad provecta, como son el cáncer, el infarto del miocardio, los accidentes cerebro-vasculares, la enfermedad de Alzheimer, la esquizofrenia, la diabetes y muchas otras, a través de la intervención a nivel genético o aún a nivel proteínico.En los inicios de este nuevo siglo, la Era del Genoma está dejando paso a la llamada Era Proteómica, cuyos abanderados prometen resultados dramáticos a corto y mediano plazo. Según proclaman, la gente acudirá a los médicos con sus historias médicas digitalizadas incorporadas en tarjetas plásticas, semejantes a las tarjetas de crédito actuales, una especie de matrimonio entre medicina y salud pública; cada tarjeta contendrá la totalidad de su código genético y la medicina cambiará hacia una verdadera medicina de familia, basada en los genes de cada grupo familiar.

Los estudiantes de medicina de hoy en dí no pueden limitarse a estudiar como en mis dias de estudiante-, anatomí, fisiologí, embriologí,
bioquímica y anatomí patológica, sino que deben adentrarse en los secretos de la biologí de las células, y de las moléculas dentro y fuera de ellas, lo mismo que la membrana que las rodea, las fuerzas de energí que las afectan y los secretos relacionados. El futuro de la investigación médica básica está en las manos de geneticistas e inmunólogos y quizás hasta de psicobiólogos. Hay matemáticos, físicos, químicos e ingenieros, quienes jamás han puesto un pie en un laboratorio médico, y que sin embargo están investigando problemas que nos conducirán a grandes avances en el arte de curar en el próximo siglo.

La futurologí es una disciplina harto peligrosa y un ejercicio intelectual incierto, pero esas predicciones se ajustan a lo estrictamente previsible.

Sin embargo, para el pensador francés Jacques Attali, Pronto el hombre no será ya una preciosa máquina, productora de capital, y, por tanto, que curar, sino una mercancí que consumir y, por tanto, de producir. La crisis de la medicina ilumina justamente, en la bruma del presente, un futuro en él que curar desaparece tras vender, donde la vida y la muerte, lo patológico y lo normal, lo natural y lo artificial se hacen indiscernibles.

Para críticos, dentro de la propia profesión, como es el caso del Dr. Robert S. Mendelsohn [34], quien se confiesa como médico herético, la medicina moderna se aproxima más una religión que al concepto tradicional de mezcla de ciencia y arte, ya que maneja asuntos complejos y misteriosos tales como nacimiento, muerte y todos los trucos que nuestros cuerpos nos juegan -y nosotros a ellos- entre ambos.

Maurice Pappworth, en su libro Human Guinea Pigs (Cobayos Humanos) cita la opinión de Sir William H. Ogilvie (cirujano del hospital Guys de Londres):

La ciencia de la medicina experimental es algo nuevo y siniestro, por
cuanto es capaz de destruir en nuestras mentes la vieja fe de que nosotros,
los médicos, somos los sirvientes de los pacientes a que nos hemos dedicado
a cuidar y la completa confianza de que ellos pueden poner sus vidas y las
vidas de sus seres queridos a nuestro cuidado.

Cuando las críticas a la praxis médica del momento, específicamente a la experimentación en humanos, provienen, como en este caso, de un colega, es tal vez la regla más bien que la excepción, que el gremio médico reaccione y se sienta molesto por que sea uno de los suyos quien lance la primera piedra, y de hecho fue lo que sucedió con Pappworth, quien pagó un elevado precio por su osadí, sufriendo un verdadero ostracismo y otras represalias por parte de la profesión médica.

Para un observador tan perspicaz como Sir Peter Medawar (1915-1987), cuando la gente habla del arte y ciencia de la medicina, generalmente confunden los conceptos presumiendo que el arte es aquella parte de tratar de atraer la simpatí del paciente y conversar con él, y ciencia a la difícil parte de interpretar correctamente las sofisticadas pruebas a que se le somete para llegar a un diagnóstico. Según Medawar, el caso es completamente a la inversa, pues la verdadera ciencia de la medicina es la comprensión en su integridad de la naturaleza del problema médico a la que se llega hablando extensamente con el enfermo y mediante un examen físico que permita encontrar los signos relevantes de la dolencia. De este estilo ortodoxo del ejercicio médico es posible inferir lo que ocurre en el 90% de los casos.
Por contraste, muchas de las tecnologís más modernas, que son las que pasan por ciencia, son con frecuencia equívocas en su interpretación. La lógica del argumento de Medawar lleva a la paradoja de que mientras el médico indica más pruebas de laboratorio, la medicina que practica se hace menos cientí?fica.

Parte, tal vez la más importante, de las críticas que recibe la medicina, son comunes y derivan de las mismas raíces que las que impactan a la ciencia de hoy en dí, y que pueden resumirse en las palabras de Lewis Wolpert y Alison Richards [38], las actitudes presentes hacia la ciencia parecen indicar ambivalencia y polarización. Mientras que existe mucho interés y admiración por la ciencia, hay también un miedo profundamente arraigado y hostilidad. La ciencia es percibida como materialista y deshumanizada, arrogante y peligrosa. Quienes la practican son una banda de tí?cnicos fríos y sin sentimientos con poder sin responsabilidad. El reduccionismo es sospechado e incómodo, saboteador de todo el misterio y maravilla de la vida. Las amenazas de guerra nuclear y la manipulación genética del embrión son grandes.

Los médicos no podemos darnos el lujo de ignorar ese tipo de percepción y esas críticas, por más injustificadas o exageradas que puedan parecernos, y al evaluarlas con objetividad y calma, tratar de corregir aquellas conductas desviadas que pueden dar lugar a las críticas con alguna base o fundamento.

  • Share/Bookmark