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¿Qué aumenta la probabilidad de padecer obesidad infantil?

malos hábitos

En el artículo pasado hablamos de la conducta alimenticia, hoy le traemos cuáles son esas probabilidades que nuestros niños pueden padecer de obesidad.

  • Comer delante de la televisión:

Cada vez más nos hemos acostumbrado a comer mientras vemos la televisión o realizamos otra actividad. La experiencia muestra que si comemos mientras vemos la televisión, se ingiere mayor cantidad de alimento dado que estamos atentos a señales externas (ej.: dejaremos de comer cuando se acabe el programa que estamos viendo, el plato está vacío, se acabó la bebida) y somos menos conscientes de las señales que nos envía nuestro cuerpo de saciedad.

De esta manera, asociamos ver la televisión con comer y viceversa. Así que será probable que un niño coma cuando vea la televisión, porque habrá asociado una conducta gratificante (comer) con la televisión.

Además, cuando vemos la televisión estamos expuestos a multitud de elementos publicitarios de alimentos, generalmente, hipercalóricos y poco saludables que pueden estar afectando a nuestra conducta.

  • Dormir poco:

Debido al estilo de vida, se duermen menos horas. Diferentes estudios señalan que la falta de horas de sueño puede incrementar el hambre y el apetito por alimentos ricos en calorías. Es importante establecer un horario para irse a la cama que permita regular el sueño y mantener un peso normal.

Es recomendable que los niños no tengan en su habitación televisores, consolas de videojuegos u ordenadores, para que no asocien su cuarto con actividades lúdicas y se  dificulte la regularización del sueño.

  • La comida y los estados de ánimo:

A veces cuando tenemos una pausa o tiempo con el que no sabemos bien que hacer, recurrimos al picoteo. Sin embargo, los alimentos ingeridos no suelen eliminar el aburrimiento. Es importante no dar chucherías a los niños para entretenerlos o como respuesta a una queja de aburrimiento. Si se aburren se les puede ofrecer diferentes actividades lúdicas y de ocio más saludables como jugar con otros niños, practicar un deporte, leer, etc.

A menudo en situaciones de ansiedad y decaimiento, se recurre a alimentos hipercalóricos como el chocolate como elemento tranquilizador. Si enseñamos a los niños a calmar los nervios o a compensar la tristeza comiendo algo puede favorecer que la próxima vez que se sientan así, les apetezca comer algo.

  • Ocio sedentario:

Muchos niños hoy en día dedican su tiempo de ocio a jugar con consolas de videojuegos u ordenadores. Normalmente estos juegos requieren poca o ninguna actividad física y sustituyen a otros más activos, con lo que el niño reduce el gasto calórico. Si esto se asocia con un incremento en la ingesta mientras estén jugando puede dar como resultado  un aumento de peso. Es aconsejable que tu hijo practique algún deporte que le divierta y que le permita mantenerse más activo.

Fuente: 

Lcda. Alexia Rollin. Nutricionista

Libro: ¡Quiero chuches!. Isaac Amigo y José Manuel Erraste. Editorial Desclée.

Escuela para prevenir la obesidad infantil: obesidadinfantil

Acerca de Alexia Rollin

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