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Médicos Españoles Emigrados a Venezuela – 3ra Parte

Continuamos presentando a los médicos españoles que se destacaron por su actuación profesional y ejercieron su influencia trabajando en instituciones sanitarias o docentes. Valga la oportunidad para brindarles un especial reconocimiento por sus logros en la tierra que tuvo a bien darles acogida y brindarles apoyo.

Miret Monsó, José

Llegó Venezuela en 1953 y desarrolló con éxito el servicio social y el asesoramiento psicológico en los distintos niveles de la educación, al igual que en el sector empresarial. Antes de trasladarse a Venezuela fue catedrático de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Barcelona y dio apoyo a los estudios de grafología del Dr. Augusto Vels. Llegó a ser miembro de honor y asesor de la Asociación Consultiva de Grafoanalistas de España. En Venezuela fue profesor de la Universidad de los Andes (Mérida) y en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas). Regresó a España en 1982.

Nieto Caicedo, Miguel

Oriundo de Almería, Nieto Caicedo arribó a Venezuela junto al grupo de exiliados entre los años de 1936-39. Era bacteriólogo y de ahí derivó su interés por el estudio del paludismo, incorporándose al grupo de colaboradores del Ministerio de Sanidad bajo la dirección del eminente malariólogo Dr. Arnoldo Gabaldón. Estuvo activo en campañas contra el paludismo en el Pampán y es recordado por haber corroborado con acierto, el tratamiento efectivo de la malaria por Plasmodium vivax mediante la utilización de una dosis única o sólo de un día con Hidroxicloroquina (Am Soc Trp Med & Hig Vol. 5, 1956.).

Ortega Durán, José Luis

Nació en Ronda, Málaga, el 31 de junio de 1905. Cursó sus estudios de primaria y secundaria en su provincia y los dos primeros años de medicina en Granada. Completó sus estudios universitarios en la capital de España, obteniendo el doctorado en la Universidad de Madrid en 1929. Hizo el postgrado en psiquiatría en Barcelona, habiendo sido discípulo del maestro Emilio Mira y López. Aprendió con gran tenacidad, no sólo a hablar y leer el idioma catalán, sino a escribirlo. Fue médico de la Clínica Psiquiátrica Municipal de Barcelona, ayudante del Servicio de Psiquiatría del Instituto Psicotécnico de Barcelona y encargado por la Generalitat de Cataluña de la organización de los Servicios para la infancia anormal. En 1936 contrajo nupcias con una venezolana, Cristina Sánchez, cuñada del Dr. Isaac Pardo, médico tisiólogo venezolano, para ese entonces exilado en Barcelona como consecuencia de la dictadura de José Vicente Gómez en Venezuela.

También desempeñó labores docentes como profesor adjunto en la Cátedra que regentaba Mira y López y como profesor de la Facultad de Pedagogía de Barcelona. En 1935 obtuvo por concurso-oposición, la Dirección de la Clínica Mental Santa Coloma de Gramanet de la Generalitat de Cataluña. Sin duda un logro, tomando en cuenta que era andaluz y que le tocó competir con hombres de la talla del Prof. Ramón Sarró, quién fuera años más tarde Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona. Viviendo en Santa Coloma, comenzó la Guerra Civil española y fueron años muy duros para la pareja Ortega-Sánchez.

Aún estando designado para ocupar los altos cargos de miembro del Consejo de Enseñanza del Niño y para desempeñar la jefatura de la Sección de Psiquiatría e Higiene Mental del Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad de España, Ortega Durán atendía un Centro Psiquiátrico Militar de vanguardia. En el curso del primer año de la contienda perdieron el primer hijo a los cinco días de nacido y las penurias no cesaban.

Ortega Durán era hombre de exquisita sensibilidad social y se sintió siempre ligado al compromiso de atender y desplazarse de un sitio a otro con los enfermos mentales. Del Hospital Base de Reus logró escapar en compañía de otros colegas atravesando a pié la frontera hispano francesa. Hay testimonios que dan fe  de su intención  de llevarse camino del exilio un archivo con datos sobre la psicosis de la guerra.

Lamentablemente la carga era tan pesada que no pudo con ella, inclusive hubo un momento que prescindió de las carpetas para aligerar el peso, sin éxito. Se vio forzado a quemar la documentación antes de dejar España. Fue el Prof. Mira y López quien se encargó de que su esposa Doña. Cristina viajase a Francia para encontrarse con su esposo en París. Allí permanecieron un par de meses hasta que lograron trasladarse a Venezuela gracias a contactos familiares, encabezados por Don Manuel Segundo Sánchez, padre de Dña. Cristina.

La familia Ortega-Sánchez llega a Caracas en 1939 y Ortega Durán inicia sus actividades profesionales como Inspector en la Colonia psiquiátrica de Maiquetía. De ahí pasa a ser Técnico Asesor de la Dirección de Salud Pública. El Ministro de Sanidad García Álvarez le encomienda una gira de inspección a varias instituciones de atención psiquiátrica y el informe que presentó resultó ser patético.

Llama la atención que habiendo sido Ortega Durán un hombre de sólida formación psiquiátrica no intentase revalidar para ejercer en propiedad en ese país de acogida. No sólo podía ser resultado del impacto de la Guerra Civil Española, sino también, las dificultades de una reválida del título de médico antes de poder acreditarse como especialista en psiquiatría. No era un trámite nada fácil. Afortunadamente, parecía haber encontrado un buen sendero para llevar adelante iniciativas en campos afines. Según testimonio de José María Bengoa, otro de los médicos reseñados en este escrito, Ortega Durán era hombre de extraordinarias dotes organizativas.

Fue nombrado Jefe del Servicio de Higiene Escolar, base para la creación de una División de Higiene Escolar que regentó hasta su jubilación en 1960. De todos fue conocido el alto nivel de los servicios prestados por esa dependencia en beneficio de la población infantil. Su prestigio y la confianza que le tenía Rómulo Betancourt, en ese entonces presidente de la República, le llevan a la Dirección del Instituto Nacional de Pro-alimentación Popular, logrando tener como colaboradores a nutricionistas de la talla de José María Bengoa, quien acepto la jefatura de la División Técnica. Ortega Durán también fue creador y Secretario General del Instituto Nacional de Comedores Escolares.

En cuanto a los servicios prestados por Ortega Durán en Venezuela en el campo de la Psiquiatría, la Psicología y la Higiene Mental, bastaría tomar en cuenta la valoración muy positiva hecha por el Dr. Alberto Mateo Alonso, su prestigioso colega, admirador y amigo desde España.

En 1943, el entonces Ministro de Sanidad Dr. Felix Lairet, creó la Comisión Asesora Psiquiátrica del SAS que presidió Ortega Durán y a la cual presentó no sólo el primer plan de Higiene Mental y Asistencia Psiquiátrica de Venezuela, sino un programa para la creación de una Colonia Psiquiátrica en la zona centro del país, la de Bárbula que ahora lleva su nombre.

Fue fundador y profesor de la Universidad Central de Venezuela en donde ejerció por muchos años diversas cátedras y además profesor de Psicología del Instituto Pedagógico y de las Escuelas Normales “Miguel Antonio Caro” y “Gran Colombia”. Según Mateo Alonso “el buen criterio y los vastos conocimientos de Ortega Durán le convirtieron en uno de los más preciados consejeros y asesor de numerosas organizaciones oficiales y filantrópicas, como el Consejo Venezolano del Niño, la Comisión de Prevención de la Delincuencia, la Fundación Eugenio Mendoza, la Liga Venezolana de Higiene Mental, la Federación de Instituciones Privadas de Asistencia al Niño, etc.

Precisamente en el último año de su actuación profesional en el país, le fueron impuestas las condecoraciones de Orden de Andrés Bello y de Francisco de Miranda. A petición de sus compañeros el Ministerio en donde prestó sus servicios, utilizó su nombre para rendirle homenaje en varias de las instituciones que se habían beneficiado de sus logros.

Ortega Durán falleció en Paris víctima de un repentino accidente cerebro vascular el 1º de diciembre de 1965 y sus restos fueron trasladados a Caracas para su sepultura el día 4 de ese mismo mes.

Antes de concluir quisiera dejar constancia de la colaboración prestada por su viuda a quien tuve oportunidad de entrevistar para contrastar los datos biográficos que había recopilado. Tuvo a bien ratificar y a la vez enriquecer con nuevas aportaciones lo que aparece en este apartado dedicado a un hombre de talento y fuerza vital realmente excepcionales.

Pérez Enciso, Guillermo

            El profesor Pérez Enciso, barcelonés de nacimiento, fue uno de los psicólogos fundadores de la más antigua Escuela de Psicología de Venezuela. Hizo escuela y se le recuerda como un brillante expositor, dotado de un conocimiento universal que le permitía comunicarse a todos los niveles. Formó parte de la directiva de la Asociación Venezolana de Psicólogos y falleció en Caracas en febrero de 2007.

Pi i Suñer, Augusto

Nació el día 12 de agosto de 1879 en Barcelona. Miembro de una verdadera dinastía del pensamiento en el sentido más noble del término. En su juventud tuvo la oportunidad de enriquecerse con el ambiente cultural y espiritual de la Ciudad Condal de fines del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX. Finalizó la carrera de medicina y al inicio del ejercicio de la misma se nutrió del modernismo para desarrollar inquietudes literarias llegando inclusive a escribir para teatro.

Su carrera principalmente dedicada a la investigación científica comenzó en el Laboratorio Municipal del Ayuntamiento de Barcelona, conocido como el Laboratorio del Parque por su ubicación detrás del Parque de la Ciudadela. Trabajó bajo la tutela del Maestro Ramón Turó, hombre de una meritoria trayectoria con dotes intelectuales destacables. Las condiciones no fueron fáciles. Don Augusto había perdido a sus padres durante la adolescencia y en la adultez temprana tuvo que afrontar las consecuencias de una enfermedad pulmonar que le obligó a tomarse una pausa reparadora, primero a las montañas de Montserrat y luego un par de veces al Sanatorio de Davos en Suiza lo que le sirvió para tomar aliento y reponerse, dentro de lo posible y a pesar de ello, dio rienda suelta a sus inquietudes políticas participando con otros en la llamada Asamblea de Parlamentarios.

Fue diputado a Cortes en representación de Figueras, exigiendo en todo momento que se tomara en cuenta lo que demandaba el sentimiento popular. A raíz de la primera dictadura de Primo de Rivera resolvió apartarse de la política activa para dedicarse plenamente al ejercicio de la medicina clínica y a la investigación científica. Como señala su hermano Carlos “fue el momento en que me pasó la antorcha”. Carlos, quien fuera muchos años más tarde suegro de Rosendo Carrasco Formiguera, fue como ya hemos señalado, economista, político e intelectual con una destacada vida pública. Su pasión por la música y sus relaciones con personalidades de ese mundo, llevaron a Don Augusto a la Presidencia de la Asociación de Música de Cámara de Barcelona.

Pi Suñer destaca como fisiólogo llegando a ocupar la Cátedra de esa disciplina en la Universidad de Barcelona (España). En 1920 funda en la misma ciudad, el Instituto de Fisiología, filial de la Sección de Ciencias del Instituto de Estudios Catalanes con sede en el Hospital Clínico. Allí llegó a crear escuela. Su hermano Santiago se formó a su lado y regentó más tarde la Cátedra de Fisiología en la Universidad de Zaragoza. Trabajaron También a su lado sus hijos Jaime y Cesar, Leandro Cervera, Carrasco Formiguera, Juan Bofill, Buenaventura Benaiges, Manuel Dalmau, José Puche (quien fuera Jefe de Sanidad del Ejército de Cataluña), Jaime Raventos y Alberto y Jorge Folch i Pi entre otros. La Escuela de Barcelona estaba bien relacionada con la de Madrid, dirigida por el Dr. Juan Negrín quien fuera Jefe de Gobierno Español durante la Guerra Civil. Este dramático evento, incluido el periodo de inestabilidad, incertidumbre y barbarie que antecedieron las hostilidades, significó una interrupción abrupta, un naufragio de las esperanzas de una generación. Terminada la guerra, se fue al destierro. Desde Paris, emigraron a Venezuela. Significó dejar atrás su tierra, para iniciar el tránsito de una ruta incierta que lo llevó a escuchar las palabras de Lord Tennyson “luchar, buscar, hallar… no rendirse” (cita tomada de Humberto García Arocha).

Arribó a Caracas contratado por el Ministerio de Educación con la misión expresa de organizar la enseñanza de las Ciencias Fisiológicas en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en Caracas. Con la incorporación de Pi Suñer en 1939, se inició una etapa de fructíferas reformas. Hay que tomar en cuenta que a la medicina puramente descriptiva, se añadió la importancia de conocer y comprender los complicados y a la vez fascinantes mecanismos del funcionamiento normal. Pi i Suñer insistió en su momento, que para el conocimiento cabal de la función alterada, era esencial conocer los procesos fisiopatológicos, los cambios bioquímicos y también estructurales que tienen lugar en el curso de una determinada enfermedad.

Los primeros núcleos de trabajo en el Instituto de Medicina Experimental fundado por él en 1940 convirtieron la fisiología, la fisiopatología y la farmacología en ciencias experimentales. La inauguración estuvo a cargo del Ministro de Educación de Venezuela, con asistencia del general Eleazar López Contreras en su condición de Presidente de la República. Sus dos colaboradores más cercanos fueron Humberto García Arocha y Marcel Grabier-Doyeux. A ellos se sumarían entre otros Francisco de Venanzi, Armando Soto Rivera y José Avelino Cartaya.

La universidad Central de esa época era una institución con algo más de 30.000 estudiantes, con un profesorado de la Facultad de Medicina dedicado más que ahora a sus obligaciones docentes, con un campus de dimensiones holgadas, muy bien mantenidas y con edificaciones nuevas y bien construidas. El Hospital Universitario, orgullo de la medicina nacional, particularmente en el curso del primer decenio, se puso en funcionamiento un poco más de tres lustros más tarde.

Tuve el privilegio de conocer a Don Augusto en su ámbito familiar. Era natural, la colonia catalana en Caracas mantenía una relación muy estrecha. Doña Carmen Bayo, su esposa, se esmeraba en cultivar los contactos sociales de Don Augusto y a pesar de mi juventud en ese entonces, guardo un recuerdo entrañable de su hijo Pedro, economista de valía, siempre al lado de su esposa Teresa Peyrí, a Núria Pi i Suñer, hija de Don Carlos Pi i Suñer y futura esposa de Rosendo Carrasco Formiguera. Al profesor Pi Suñer tuve oportunidad de escuchar con devoción, alguna de sus clases. Su presencia era imponente e iba hilando con soltura su disertación con convicción y serenidad. A mi me tocó como titular de Fisiología al Dr. Humberto García Arocha, también excepcional como expositor, pero éste le reservaba algunos temas para que la presentación magistral estuviese a cargo de Don Augusto. Que duda cabe que tuve la fortuna de estudiar medicina en la “época de oro” de nuestra Facultad, en donde tuve más tarde la oportunidad de volcar mi vocación docente en el Instituto Anatomopatológico hasta mi jubilación en 1986.

En Venezuela, Augusto Pi i Suñer publicó 10 de sus libros, las 2 novelas, multitud de ensayos y monografías, así como aportaciones a publicaciones periódicas científicas y culturales. En 1962 la Editorial Paz Montalvo (Madrid) y en colaboración con su hermano Santiago, publico en dos tomos una obra titulada “Fisiología Humana”. También merece destacarse su libro sobre el Sistema Neurovegetativo impreso en México en 1954.

A lo largo de los años, fue objeto de numerosas distinciones en varios países y en 1955 fue distinguido, a propuesta del Gobierno de Venezuela, con el Premio Kalinga otorgado por la Fundación del mismo nombre, establecido en la India para propiciar la relación entre oriente y occidente, de los hombres de ciencia y pensamiento más notables en el mundo. Los nombres de Broglíe, Julián Huxley y Kaempfert honran, entre otros tan eminentes, al preciado galardón. Lo administra y adjudica la UNESCO.

Cuando por motivos políticos la Universidad Central donde trabajaba fue clausurada, algunos investigadores en torno a Francisco de Venanzi y el propio Don Augusto crearon la Asociación para el Avance de la Ciencia, institución de implantación nacional para la salvaguarda de la libertad de investigación y tolerancia hacia la ciencia. El grupo de 50 firmantes fundacionales llegó a tener con los años, más de 4000 miembros.

Con los años de desestabilización ciudadana que vivió Venezuela (antes de 1958), se produjeron desordenes y huelgas en la Universidad. Rememoraban episodios vividos por Don Augusto en España y los consideró como un mal augurio. Insistió para ese entonces que “la sociedad se constituye en el orden, en la ley, como hay orden y ley en la Fisiología, con el trabajo del los órganos del individuo”. Poco tiempo después se marchó a México, adolorido y buscando el calor del hogar de sus hijos. En ocasión de una visita de despedida al Dr. Enrique Tejera, quien fuera el Ministro que lo contrato para trabajar en Venezuela, Don Augusto le hizo la siguiente reflexión: “La vida es una trayectoria. Empieza, asciende, llega al acmé, evoluciona y termina. Cada fenómeno llega a su hora inexorablemente. Cada edad tiene su tiempo. Los diferentes períodos de la vida poseen cualidades que les distinguen y duran un tiempo determinado. Un día se es viejo, y de viejo nadie pasa”. Más adelante en una visita a Venezuela a él mismo le comentó: “El pensamiento, muchas veces, se extingue antes que la vida”.

 El maestro Pi Suñer falleció en México el 12 de enero de 1965 en casa de uno de sus hijos. Como señaló acertadamente uno de sus discípulos, Humberto García Arocha: “murió Augusto Pi Suñer legándonos la plenitud de una obra y la pulcritud de un ejemplo. Al evocarlo, la memoria se recrea en su hermosa dimensión humana”.

Acerca de Dr. Pedro J. Grases

Médico Patólogo con más de 50 años de experiencia. Formado en los EE.UU. (Michigan y Armed Forces Institute of Pathology), dedicado a la docencia, a escribir e investigar. Ha trabajado en diversas universidades de Europa (en Friburgo y en Oxford) y en los EE.UU. (U.de California del Sur). A partir de 1990 estuvo al frente del Servicio de Anatomía Patológica de USP Institut Universitari Dexeus en Barcelona. Retirado a partir de 2007, se dedica ahora a escribir, a dar conferencias en su condición de cronista de la Ciencia y a cultivar con más esmero su afición por la fotografía.

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