Home | Especialidades médicas | Médicos Españoles Emigrados a Venezuela – 1ra Parte

Médicos Españoles Emigrados a Venezuela – 1ra Parte

Situación de España y Venezuela (1933-1943)

            Como consecuencia de lo ocurrido en España después de la victoria del Frente Popular (coalición de partidos de izquierda), en febrero de 1936 y del inicio de la guerra civil en julio del mismo año, el país vivió momentos convulsos y en ocasiones de extrema violencia y crueldad hasta la finalización de las hostilidades en abril de 1939.  Se produce un exilio masivo de españoles, incapaces por razones diversas, de sobrevivir en esas condiciones. Hay que tener en cuenta que ya se habían producido hechos desestabilizadores durante el bienio radical-cedista (1933-1936), también conocido como “bienio negro” con insurrecciones, levantamientos, agitación social y el descontento de los campesinos al perder las tierras recibidas por la anterior reforma agraria. A ese saldo funesto hay que agregar los efectos de la represión del ejército nacionalista durante los primeros años de la dictadura del General Franco, los cuales fueron particularmente duros.

En Venezuela, la dictadura de Juan Vicente Gómez finaliza con la muerte del Caudillo en diciembre de 1935. Ya habían comenzado a llegar los primeros exiliados españoles a un país escasamente desarrollado, con una aparente fachada constitucional y democrática, que pretendía enmascarar el férreo control del poder por parte del benemérito General y sus allegados. Qué duda cabe que de los tres grandes caudillos que intentaron la creación de un estado nacional en Venezuela, fue el General Gómez quien dejó un país pacificado, más organizado y solvente; ni Páez, ni Guzmán Blanco lograron ese propósito. Sin embargo, sólo hizo resucitar un espíritu sin cuerpo, creó unas expectativas pero sin el respaldo de las bases doctrinarias fruto del conocimiento y de la reflexión.

Al morir Gómez, Eleazar López Contreras fue designado Encargado de la Presidencia hasta abril de 1936, y al año siguiente, fue electo Presidente Constitucional de la República por siete años. Su gobierno es recordado por la creación de organismos de protección y asistencia social, por la fundación de la Guardia Nacional con el fin de llenar el vacío que existía dentro del cuadro institucional del Estado, y por la fundación del Banco Central de Venezuela para modernizar las finanzas y administrar la bonanza petrolera. López Contreras tuvo la visión de nombrar algunos ministros bien preparados para ejercer sus funciones, y acertó en la contratación de expertos y técnicos extranjeros, entre los cuales se encuentran algunos de los médicos españoles que llegaron al país durante su mandato.

Condición de exiliado

       El exilio es la condición de hallarse lejos de la propia tierra y puede considerarse como la expatriación voluntaria o forzada de una persona. Esto tiene connotaciones diversas, y es necesario advertir que la expatriación forzada de un sujeto en ejercicio de cualquier actividad bien encaminada, con buenas expectativas y, en especial, cuando se encuentra involucrado su entorno familiar cercano, resulta dolorosa y, más de una vez, con consecuencias difíciles de sobrellevar.

Para el grupo de médicos que se vieron forzados a dejar España después de haber completado su formación, contando ya con una labor cumplida, seguro que habrá resultado un evento particularmente traumático. Además, con el agravante de tener que cambiar de rumbo sin tener la certeza de que fuera posible encontrar condiciones propicias en tierra extraña. Quizás, aquellos que se vieron obligados a interrumpir el desempeño de sus actividades en una etapa más temprana y con menos recorrido, el ausentarse, aunque fuese en condiciones forzadas, debe haber sido más llevadero. Para profesionales como Pi Suñer, Corachán, Sanchez Covisa, Ortega Durán o para el mismo Ruesta o Sahagún, el impacto psicológico debe haber sido forzosamente más traumático que para otros como Bengoa, Bofill, Benaiges o Isern, que se trasladaron a Venezuela en etapas más tempranas de su carrera profesional.

No tengo información de la situación del grupo de Médicos Vascos que cita Bengoa, ya que, si bien es cierto que los que llegaron durante el primer período (1939-1945) lo hicieron en condiciones psicológicas y económicas muy precarias y más que todo por razones políticas, en ese grupo algunos se desplazaron en búsqueda de más oportunidades, como ocurrió con otros galenos vascos que llegaron para ejercer la medicina en diversos puntos del territorio venezolano a partir de 1947.

A continuación y por orden alfabético presentamos los médicos españoles que se destacaron por su actuación profesional y ejercieron su influencia trabajando en instituciones sanitarias o docentes. Valga la oportunidad para brindarles un especial reconocimiento por sus logros en la tierra que tuvo a bien darles acogida y brindarles apoyo.

Benaiges Ferriol, Buenaventura

          Nació en Barcelona y estudio medicina. Al graduarse se le encuentra vinculado a la Escuela de Fisioiología de la ciudad, bajo la tutela de Augusto Pi Suñer. Posteriormente se interesó por temas nutricionales y endocrinológicos. Formó parte de la Unión de Profesores Universitarios Españoles junto a Carrasco Formiguera, Juan Bofill, Mario Cortés Lladó, y otros también emigrados a Venezuela pero no médicos, como mi padre Pedro Grases, Juan Antonio Vandellos y Domingo Casanovas.

Emigró a Venezuela y con su compañero Juan Bofill, también proveniente del grupo catalán de fisiólogos y dedicaron principalmente sus conocimientos médicos a asuntos de empresa (ver Juan Bofill Deulofeu). Le conocí bien cuando ambos residían en la Urbanización La Castellana de Caracas (eran vecinos). Se casó con Pilar Munné y tuvieron un hijo (Buenaventura) y una hija (Ana María). Pertenecían al grupo de amistades catalanas más íntimas y su padre (ebanista) acostumbraba a jugar La Manilla (un juego de cartas) en compañía de mi padre, de Juan Bofill y de otro emigrado no médico, Juan Abadía. Eran momentos de esparcimiento que recuerdo muy vivamente.

Benaiges, en colaboración con Bofill, fue pionero de los cultivos hidropónicos en Venezuela y los resultados llegaron a ser sorprendentes. Con la finalidad de ensayar su rendimiento a escala comercial, se montaron unas instalaciones en una finca de los Valles del Tuy, lamentablemente sin éxito por limitaciones en el proceso de comercialización de lo que allí se producía. En esa empresa participó el señor Abadías, suegro de Juan Bofill.

A Benaiges le recuerdo por su afición a la pintura y por su dedicación al huerto que tenía en su casa, actividad que alternaba con la lectura y el disfrute de escuchar música clásica. Falleció en Caracas, después de una larga enfermedad.

 

Bengoa, José María

Llega a Venezuela en Abril de 1938 teniendo 25 años y ejerce como médico rural en Sanare. Allí. Además de ejercer la medicina actúa como un verdadero promotor de la comunidad. De su experiencia en Sanare deriva su afición por la nutrición y por la medicina social. Estuvo allí 3 años (desde 1938 hasta 1940) y fue entonces cuando conoció al Dr. Ruesta. Nuevamente inquietud por la medicina social. Ruesta fue su maestro más directo, pero también tuvo contacto con Pi Suñer (sin haber trabajado con él en Instituto de Medicina Experimental). Para ese entonces se encontraba sin trabajo y el Ministerio de Sanidad le dio un contrato para el estudio del bocio endémico en los Andes venezolanos. Posteriormente estuvo en Irapa como médico rural para atender una epidemia de fiebre tifoidea (durante tres meses). Se convirtió en especialista en catástrofes (inundaciones, epidemias, temblores, etc.) y posteriormente hizo suplencias médicas en la Victoria y Villa de Cura (Estado Aragua).

En 1941 es llamado para organizar la Sección de Nutrición del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS), con la incorporación posterior de los Drs. Guevara y Vélez Boza. En realidad el técnico que había seleccionado el MSAS estaba formándose en Bélgica: era el Dr. Rafael Cordero Malo (hermano del ex ministro) quien regresó al país en 1943 para hacerse cargo de la División de Bromatología y Farmacia. Bengoa quedo dependiendo de él.

Para esa época Bengoa continuaba liderizando todo lo que tenía que ver con nutrición y fue nombrado en 1946 Jefe de la División Técnica del Instituto Nacional Pro-alimentación Popular cuyo director era José Ortega Durán, gran organizador y tal como veremos más adelante vinculado al presidente Rómulo Betancourt. De hecho fue él quien llamó a Bengoa para que se incorporara al equipo.

En los años 1946-48 también tuvo vinculación con el Patronato de Comedores Escolares. Ocurrió entonces el golpe de estado que derrocó al presidente Rómulo Gallegos. Para ese entonces dirigía el Patronato el Dr. Gonzalez Puccini. Bengoa continuó como Jefe de Sección y es el momento en que se integra un grupo de gran mística y de la más alta calificación. Entre ellos los colegas venezolanos Drs. Liendo Coll, Planchart, Otto Lima Gómez, Páez Pumar, Guevara y Vélez Boza.

En 1949 se funda el Instituto Nacional de Nutrición (INN) y Bengoa es cofundador, al igual que cofundador de la Escuela de Nutricionistas y Dietistas y de los Archivos Venezolanos de Nutrición. En el INN desempeña la jefatura de la División Técnica desde 1949 hasta 1955. En 1953 el Instituto se traslada a su nueva sede en la esquina del Carmen de Caracas.

Para esa época se ejercía un liderazgo. Se inició una etapa en donde los profesionales se valoraban más justamente. El crecimiento del país coincidió, como era lógico, con la disponibilidad de gente mejor preparada. Bengoa organiza y preside la Tercera Conferencia Latinoamericana de Nutrición. En vez de 30.000 Bs. como estaba previsto inicialmente, el Ministerio aportó finalmente 200.000 Bs. y fue así como el evento causó una muy buena impresión. Se prestó una esmerada atención a los delegados nacionales y extranjeros, se dispuso de traducción simultanea (Núria Pi Suñer, hija de Don Carlos Pi Suñer se hizo cargo de supervisar esa tarea). Como consecuencia, los directivos de las asociaciones promotoras del evento, quedaron impresionadas con la capacidad organizativa de Bengoa y le propusieron llevárselo a Suiza o Italia. Bengoa escogió Ginebra.

En 1955 inicio esa nueva etapa como Asesor Inter-regional de Nutrición de la OMS , con sede en Ginebra, Suiza. Se desplazó a ese país centroeuropeo con su familia. Se había casado en 1947 con la hija de un nacionalista vasco con quien tuvo tres hijos. Una hija que vivía en Venezuela con sus padres, un hijo médico especializado en salud pública que trabajaba en Copenhagen y otro hijo también médico que ejercía la gastroenterología en el Hospital Cantonal de Ginebra.

En Ginebra permaneció 5 años. Viajó mucho y valoró esa experiencia como gratificante ya que estaba encariñado con los programas que estaba promoviendo. En un momento determinado decidió concentrarse en el continente americano y se fue a Washington, para ocupar un cargo que también dependía de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Allí desempeño la función de Asesor General de Nutrición de la Organización Panamericana de la Salud desde 1960. En 1962 volvió a Ginebra para actuar como Jefe del Departamento de Nutrición de la OMS. Viajó a muchísimos lugares del mundo (especialmente a Asia y África), y en Ginebra se mantuvo hasta 1974. Al año siguiente, fruto de sus contactos y de su experiencia, publicó en colaboración con G. Beaton un libro intitulado “Nutrition in Preventive Medicine”. Al final de ese período se le presentó el dilema; irse a Bilbao o regresar a Venezuela. Eran las postrimerías de la España de Franco. Al final, se inclinó por Venezuela y regresó con su esposa y con los hijos solteros.

Lo pasó mal ya que no se cumplieron sus expectativas; esperaba el apoyo del presidente sin que pudiese lograrlo. Retomó sus actividades en el Instituto Nacional de Nutrición, al que según él encontró muy politizado. Renunció y se fue al CONICIT al frente del grupo de investigación sobre nutrición, involucrándose también a temas de salud y acción social. Había allí en ese momento un buen grupo de técnicos. En 1975 se llevó a cabo el Congreso de Ciencia y Tecnología. Recuerda la excelente labor de un Miguel Layrisse y de Matos Azócar. La valoró como una etapa de gran empuje y dinamismo: se publicó en ese momento una monografía sobre nutrición, sin duda la mejor que se había hecho en el país.

En 1974 se jubiló de la OMS y al año siguiente, también del CONICIT. En 1980 pensó dedicarse a asesorías pero en la realidad estuvo “flotando” sin hacer gran cosa. Recibió entonces una llamada del Presidente del Gobierno Vasco. Le ofrecía el cargo de Consejero de Sanidad del País Vasco y le contesto que se lo pensaría. La necesidad de  volver a cambiar de nacionalidad  no le pareció apropiado y se ofreció como asesor sin ser consejero (cargo equivalente al de Ministro en un gobierno autónomo). Conservando su nacionalidad venezolana, se traslado a Vitoria en 1980 para desempeñarse como asesor del Ministerio de Seguridad Social. Al completar esa etapa regresó a Caracas, donde habían permanecido sus hijos.

Al regresar participó en un Simposio sobre Políticas de Alimentación organizado por la Fundación CAVENDES (Octubre de 1983) y ese mismo año, le nombraron director ejecutivo de la Fundación. Tuve la oportunidad de conversar largo con él en su despacho y lo encontré contento. El balance de su actuación en la Fundación fue muy fructífero. En los 13 años de su ejercicio puso en marcha 30 programas, publicó 20 monografías, organizó numerosos talleres y dirigió dos revistas dedicadas a la nutrición. El año 2000 publicó el libro “Hambre cuando hay pan para todos”, en donde analizaba para ese momento las asimetrías existentes en el acceso a los alimentos. En el 2004 fue investido como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Alicante. En el 2007 recibió en Bilbao el Premio Sabino Arana.

Como se puede apreciar, entre idas y venidas El Dr. Bengoa dedicó una buena parte de sus esfuerzos a la promoción y desarrollo de la nutrición en Venezuela, a lo cual hay que añadir su exitosa actuación en organismos internacionales. Se le recuerda como un gran organizador y hombre de bien. No cabe duda que forma parte destacada del grupo de profesionales que en su condición de exiliado, contribuyó como hicieron otros, al desarrollo de la Venezuela de esa época. 

 Bofill i Deulofeu, Juan

Juan Bofill nació en 1905 en Santa Coloma de Farnes (Prov. de Barcelona), realizó sus estudios de Medicina en la Universidad de Barcelona y se graduó en 1928. Desde sus inicios como profesional tuvo especial inclinación por la investigación y además se destacó por su actividad docente en el Instituto de Fisiología de Barcelona bajo la tutela de Augusto Pi Suñer. Su carrera se vio truncada inicialmente por la guerra civil española, emigrando a Francia en donde tuvo oportunidad de actuar como histopatólogo haciendo alarde de su extraordinaria versatilidad e inteligencia. Posteriormente se trasladó a Alemania en donde se incorporó a una importante empresa de productos químicos, demostrando una vez más su sólida formación científica. Vive en Alemania los eventos trágicos que precedieron la II Guerra Mundial viéndose obligado nuevamente a emigrar, esta vez hacia tierras tropicales, incorporándose al numeroso contingente de refugiados españoles que llegaron a Venezuela a partir de las postrimerías de la década de los 40.

En Caracas se incorpora a la colonia de catalanes que se reunía en casa de los Grases-Vallmitjana, dos familias que decidieron vivir bajo el mismo techo en un alarde de convivencia digno de encomio. Con Abel Vallmitjana y Buenaventura Benaiges, ambos de origen catalán y el segundo, también médico de profesión, fundan los Laboratorios Derman, especializado en productos de uso dermatológico. Posteriormente se incorporó al grupo el Dr. Isern, otro de los médicos acogido con singular aprecio por los venezolanos de ese entonces.

Una Venezuela cuya capital, Caracas, tenía para esa época un cierto aire provinciano, propicio al intercambio amable y afectuoso de sus habitantes, conscientes de que en cierta forma, podían beneficiarse del contingente de emigrados principalmente españoles, italianos y portugueses que se instalaron en ese país. Los había de las profesiones más diversas y además de profesionales de la medicina, se incorporaron con ímpetu renovado, intelectuales, artistas, comerciantes, empresarios operarios, artesanos y trabajadores de muy diversas ramas, especialmente vinculados al sector de la construcción.

De ahí que, como consecuencia de esa inmigración, el país experimentara un apreciable desarrollo de la industria de la construcción y un importante empuje del desarrollo de las actividades agrícolas. Se construyeron viviendas y edificios de muy buena calidad y el campo pudo dar sus frutos en cantidad y una calidad que no se ha repetido en la historia ya que el país no estaba sometido en ese entonces a los efectos “distorsionantes” de la producción petrolera. Transcurrió algún tiempo antes de que el flujo del llamado “oro negro” condicionase el declive de la producción agrícola hasta los niveles actuales en los cuales se ha hecho necesaria la importación de alimentos.

Bofill contrae nupcias con Pilar Abadias i Gasso, hija de quien fue mi profesor de matemáticas durante mis estudios de bachillerato y también nacido en España. Abadias fundó años más tarde con la decidida colaboración de su hija Pilar una Academia que ha educado a un contingente importante de alumnos de secundaria y a nivel de formación profesional en ramas diversas. Pilar, mujer hermosa y mucho más joven que Juan le encandiló para formar un hogar en donde crecieron tres vástagos: Nuria, Lina y Juan.

La primera estudió arquitectura y después de residir unos años en Venezuela, vive ahora en Barcelona. La segunda, se graduó de médico y se especializó en infectología al igual que su esposo y viven ahora en Miami. Juan, después de una brillante carrera como físico teórico (llegó a trabajar en el Instituto Fermi de Chicago) un buen día decidió regresar a Venezuela para trabajar con su madre en la Academia y allí reside desde hace ya mucho tiempo.

Bofill fue para mí, y lo digo sin temor a equivocarme, la persona más inteligente que he conocido. Tenía una capacidad extraordinaria para entender cualquier disciplina, lo cual aunado a su prodigiosa memoria, le convertía en una persona capaz de conversar sobre cualquier tema como si fuese un especialista. Fue toda su vida un gran lector y tenía un don especial para explicar racionalmente cualquier tema. Tal era su convicción que cuando necesitaba enfatizar lo que a su juicio lo merecía, utilizaba un tono casi autoritario. Tuve el privilegio de charlar con él sobre lo mundano y lo divino, sin duda un privilegio.

Bofill probó de nuevo fortuna dentro del campo de la Industria Farmacéutica. Fundando con Benaiges los Laboratorios Protón con sede en Caracas y llegó a producir una diversidad de productos de aplicación médica entre los cuales se encontraba un extracto de hígado denominado Yacritón R y un carbón activado para el tratamiento de afecciones intestinales con el nombre de Carbargal R. No recuerdo el nombre de los otros productos pero en cualquier caso incluía una amplia gama de inyectables, tabletas, pomadas, cremas, grageas que fueron colocándose en el mercado con probada eficiencia. De esa época me viene a la memoria mi colaboración en las pruebas para el cultivo hidropónico de hortalizas y flores que se efectuaron en las instalaciones especiales colocadas en la terraza soleada del edificio sede de los Laboratorios. Fue una experiencia gratificante que formaba parte de la estrategia que mi padre utilizaba para que durante las vacaciones escolares no “perdiésemos” el tiempo.

Bofill sobrepasó los noventa años manteniendo la costumbre de pasearse a pie por la Urbanización en donde residía. A pasos cortos y con la mirada fija en el suelo para no tropezar, se le veía convencido de que ejercitarse le resultaba beneficioso. Falleció en Caracas rodeado del cariño de sus familiares y amigos. 

Carrasco Formiguera, Rosendo

Nacido en Barcelona en 1892 llegó a considerarse el más prolífico de los diabetólogos catalanes de la época. Se graduó de médico en su ciudad natal y desde muy joven se inclinó por la investigación aplicada. Fue discípulo y colaborador de Don Augusto Pi Suñer, desempeñando los cargos de asistente del Instituto de Fisiología y también el de Profesor agregado de Enfermedades de la Nutrición en la Universidad Autónoma de Barcelona en 1934.  Fue miembro de la Unión de Profesores Universitarios Españoles junto a Bofill, Benaiges, Cortes Lladó, los Pi Suñer y Grases, todos ellos emigrados a Venezuela.

Inició su aproximación a la endocrinología con un trabajo sobre patología tiroidea (publicado en 1913). Años más tarde (1920) se ocupa de la dosificación de la glicemia en la diabetes. Después de completar una estancia en Argentina, se traslada a la Universidad de Harvard (Cambridge, EE.UU. -1921) para trabajar con Alter B Canon. Con su maestro colabora en el diseño de un procedimiento experimental sobre la secreción de adrenalina y al año siguiente tuvo el privilegio de ser aceptado para una estancia en el prestigioso New England Deconess Hospital de Boston, con la finalidad de profundizar sus estudios previos realizados en el Instituto de Fisiología de Cataluña, dirigido por Augusto Pi Suñer con la estrecha colaboración de Jesús María Bellido. Allí tomó contacto con las novedades sobre la metodología desarrollada en Canadá para la extracción de la insulina y de vuelta a Barcelona, en el Laboratorio de su colaborador Pere González consigue extraer suficiente cantidad de la hormona para poder realizar experimentos diversos. Esos logros fueron notificados al British Medical Journal y sirvieron de base para el tratamiento de pacientes diabéticos, sin duda una labor pionera en Europa.  De hecho, desde 1924 hasta 1940 se dedica principalmente a la diabetología y en ese período escribe dos libros sobre insulina y diabetes.

Durante la Guerra Civil española lo encontramos actuando de voluntario con rango de Comandante encargado de las visitas al frente de Aragón. En febrero de 1939 se exilia a Francia encontrando acomodo en el laboratorio del Dr. Soula.

Se casa en primeras con Solita Granados, hija del célebre compositor español Enrique Granados, quien falleciera trágicamente junto a su esposa, durante el retorno desde Nueva York como consecuencia de haber sido torpedeado el buque británico en que navegaban, por un submarino alemán. Con Solita tuvo varios hijos y desafortunadamente ésta falleció habiendo apenas cumplido 40 años. Se  vuelve a casar en 1938 con una de sus cuñadas por parte de los Granados; era navarra y conocida como Viola.

Embarca en el puerto de Sete en mayo de 1939 rumbo a México. Cruzó el Atlántico en el primer barco alquilado por el Servicio de Emigración para Republicanos, organismo afín al presidente Negrín (por cierto fisiólogo de profesión). Veinte días después llega al puerto de Veracruz, con pasaporte mejicano y 500 pesos para llegar a destino. Carrasco llega al país y da clases de Fisiología General en la Escuela de Medicina Rural de la Ciudad de México, posteriormente da clases de Fisiopatología en la Universidad de Puebla, y a tiempo parcial, ejercía como diabetólogo.

También figura más adelante integrado a la Sección de Fisiología de los nuevos Laboratorios de Investigación Científica en la Escuela de Medicina de la capital de ese país, promovidos y financiados por el Colegio de México y por el Instituto Rockefeller. Permaneció allí conjuntamente con Jaime Pi Suñer (hijo de Don Augusto) hasta su traslado a Venezuela en 1944. Estando en México Don Agusto Pi Suñer le propuso incorporarse a la Universidad de los Andes en Mérida (Venezuela), lo cual acepta tomando en consideración que de esa forma, económicamente, podía atender mejor sus compromisos. En Mérida lograron montar un Instituto de Fisiología de menores proporciones pero siguiendo las pautas del Instituto de la Ciudad Universitaria en Caracas, en donde trabajó más adelante.

Fue en esa época cuando tuve el privilegio de conocerles. Y lo relato en plural por que en plena madurez, se había casado con Núria Pi Suñer, hija menor de Don Carlos Pi Suñer, economista, político e intelectual con una destacada vida pública. Mi padre fue su secretario privado cuando Don Carlos ejercía la alcaldía de Barcelona. Con su mujer Carmen Cuberta siguieron el camino del exilio en momentos muy comprometidos, primero fueron a Francia, luego a Inglaterra y finalmente a Venezuela.

El matrimonio entre Carrasco Formiguera y Núria tuvo lugar en México en septiembre de 1956. Él estaba por cumplir los 60 años y ella sólo tenía 28, pero se conocían desde España y se vieron esporádicamente en otras ocasiones, de hecho Carrasco siempre mantuvo una relación muy estrecha con varios miembros de la familia Pi Suñer.  El matrimonio duró 34 años hasta la muerte de Rosendo en Barcelona en 1990.

Recuerdo a Rosendo como un hombre inteligente, culto, aficionado a la fisiología, a la montaña y a la música y con una estructura recia que le permitía extensas excursiones por la Montaña del Ávila al norte de Caracas. Solía decir “subo al pico Naiguatá o a la Silla de Caracas y vuelvo pronto”. Para un individuo común, eran caminatas que requerían descanso obligado y demandaban de un buen número de horas. No era el caso para este escalador incansable.

En el campo profesional, su interés por las células productoras de insulina en los islotes pancreáticos me permitió facilitarle muestras de ese órgano para sus estudios en un edificio cercano al nuestro dentro de la Ciudad Universitaria de la UCV en Caracas. Carrasco pasó de Mérida, a dar clases de Fisiología en Maracay (Estado Aragua) y entre 1963 y 1972, en la Universidad Central en Caracas.

Cuando Carrasco se instaló en Caracas, disfrutó del círculo de amistades y vínculos que Núria Pi Suñer y el resto de su familia Pi-Suñer tenían. Los Grases, la familia Vila, Mario Cortés y su esposa Ina Emberg, Antonio Moles, el matrimonio Gols, el escultor Ernesto Maragall, la familia Fernández-Shaw i Stuyk, Justino Azcarate y su esposa, entre otros. A su vez Carrasco incluye en ese círculo a Luis Quemada a quien conocía desde España, a Eduardo Brise, fisiólogo rumano que colaboró con él en Mérida y con quien compartía la afición a escalar picos diversos de la cordillera andina. Hay muchos otros amigos que no menciono para no excederme en el espacio destinado a este apartado. Lo cierto es que según relata su esposa Núria en su libro de publicación reciente, Rosendo disfrutó de una etapa llena de afecto y comprensión.

El fallecimiento de su suegro Don Carlos Pi Suñer en marzo de 1971 resultó una pérdida muy sentida. Carrasco tuvo un papel protagónico en asegurar que se hiciesen disponibles todos los recursos para atenderle. Años después (1980) acompañó el traslado de los restos de Don Carlos a España. Las emotivas ceremonias que concluyeron en Rosas en la provincia de Gerona, significó el final del exilio y la llegada de vuelta a casa de un hombre de bien que estimaba entrañablemente la tierra que le vio nacer. Rosendo regresa definitivamente a Barcelona, acompañado de Núria y se instalan en la ciudad condal hasta su muerte en 1990.

Próximamente una 2da parte de Médicos Españoles Emigrados a Venezuela 

Acerca de Dr. Pedro J. Grases

Médico Patólogo con más de 50 años de experiencia. Formado en los EE.UU. (Michigan y Armed Forces Institute of Pathology), dedicado a la docencia, a escribir e investigar. Ha trabajado en diversas universidades de Europa (en Friburgo y en Oxford) y en los EE.UU. (U.de California del Sur). A partir de 1990 estuvo al frente del Servicio de Anatomía Patológica de USP Institut Universitari Dexeus en Barcelona. Retirado a partir de 2007, se dedica ahora a escribir, a dar conferencias en su condición de cronista de la Ciencia y a cultivar con más esmero su afición por la fotografía.

Venezuela Colombia USA
...