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Las infecciones de orina son también cosa de hombres

Las infecciones de orina son más complicadas en los hombres y su tratamiento dura más, pero no hay anuncios en la televisión ni campañas de prevención ni sale en las conversaciones cotidianas. Quizá por eso cuando se habla de esta afección muchos la asocian directamente con un problema casi exclusivo de las mujeres. Error.

Veamos algunos datos: en la infancia son los varones los que sufren más infecciones de orina, así como a partir de los 65 años, cuando puede afectar hasta al 30% y están en su mayoría relacionados con problemas de próstata. El 10% de las consultas en médicos de familia en España y el 40% en Urología son por estas infecciones. Y el 12% de los hombres tendrá una infección de orina a lo largo de su vida.

“El problema en las mujeres jóvenes es hasta 30 veces más frecuente que en los hombres”, explica Enrique Rijo, urólogo del Hospital Quirónsalud de Barcelona. Sí, pero “aunque en los hombres menores de 50 años —excepto en los niños— las infecciones de orina son poco frecuentes, afectan a menos del 0,5%, a partir de los 50 años la incidencia es similar en ambos sexos debido a las modificaciones anatómicas —hipertrofia prostática en el hombre— y fisiológicas —menopausia en la mujer— que predisponen a este problema”, concluye.

¿Por qué las tenemos?

El dolor y escozor al orinar (disuria), miccionar gota a gota, la urgencia, el mal olor y el color oscuro de la orina, necesidad de levantarse varias veces por la noche a miccionar (poliarquía), sangre en orina (hematuria), escalofríos, fiebre alta igual o mayor a 38ºC y malestar general pueden ser los síntomas que anuncian una infección urinaria.

Estos signos aparecen sin previo aviso y se producen en la mayor parte de los casos por bacterias intestinales que penetran desde los márgenes del ano hasta la vejiga, representan la segunda causa de infección fuera del medio hospitalario tras las de tipo respiratorio, y se sitúa en el primer puesto de las causas de infección en el ámbito hospitalario.

A diferencia de las mujeres, en las cuales la mayor parte de las infecciones urinarias son de tipo cistitis —comprometiendo sobre todo la vejiga—, en el hombre todas las infecciones urinarias se consideran complicadas debido a la anatomía.

La infección en el varón mayor jubilado y sin familia, señala Francisco Camarelles, médico de familia y miembro del grupo de Educación Sanitaria y Promoción de la Salud del Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud (PAPPS) de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, “pasa seguramente mucho más desapercibida. En los jóvenes las infecciones son muy infrecuentes, excepto en homosexuales que tienen el riesgo aumentado. A partir de los 65 años la prevalencia se invierte, siendo las infecciones más frecuentes en los varones debido a los problemas prostáticos fundamentalmente”.

Genes, edad y próstata

En la infancia, las infecciones de orina son más frecuentes en niños que en niñas, debido a la fimosis, una deformación de la piel que rodea el pene y hace que sea difícil o imposible retraerla que facilita la colonización bacteriana de la uretra con más frecuencia.

“En el adulto joven lo más frecuente es la prostatitis, una infección de orina con foco prostático, que puede ser un solo episodio agudo con mucha fiebre y que habitualmente requiere ingreso hospitalario, o bien un trastorno crónico con exacerbaciones periódicas que produce molestias intermitentes (prostatitis crónica)”, apunta Juan Pablo Burgués, urólogo y andrólogo en el Hospital Quirónsalud Palmaplanas y en el Instituto de Fertilidad en Palma.

La edad es un factor crucial. Las infecciones más frecuentes en la población masculina se dan a partir de los 50 años. “El aumento de los niveles de testosterona produce un crecimiento de la próstata que en muchos casos impide el vaciado correcto de la vejiga ocasionando infecciones de orina —la prostatitis aguda o la prostatitis bacteriana— que afectan al estado general con molestias para orinar y fiebre muy alta, llegando a requerir ingreso hospitalario y tratamiento antibiótico endovenoso.

Pueden llegar a ser muy graves si no son tratadas a tiempo o de forma correcta. Existen otras infecciones en el hombre menos frecuentes como las orquitis, epidimitis y orquiepididimitis (inflamación de los testículos y/o de los epidídimos), las uretritis (inflamación de la uretra) que pueden presentarse en personas de cualquier edad, y también las pielonefritis, que comprometen a los riñones, con molestias en la zona lumbar”, describe el especialista Rijo.

“Existen factores constitucionales, anatómicos y hereditarios que no podemos cambiar, y que nos pueden tocar a cualquiera. Algunas enfermedades, además de las prostáticas, también pueden predisponer a las infecciones como la diabetes, los cálculos urinarios, la esclerosis múltiple, las neoplasias que requieren quimioterapia, la insuficiencia renal crónica, entre otras”, indica Burgués.

“Las relaciones anales tanto en parejas homosexuales como heterosexuales“, añade, “también incrementan el riesgo de padecer una infección urinaria”.

Cuidado con las relaciones esporádicas

La prevención de las infecciones de orina no se limita a la recomendación general de beber 2 litros de agua al día para orinar mucho y ejercer efecto de arrastre de bacterias. Nunca hay que aguantar las ganas, mejor orinar cada 2 o 3 horas. La revisión de próstata a partir de los 45 años favorece el diagnóstico precoz de los problemas prostáticos y a su pronto tratamiento, evitando problemas posteriores como el de las infecciones urinarias.

“También es importante evitar la promiscuidad sexual y las relaciones sexuales sin protección cuando se trata de una pareja desconocida. Algunas bacterias de transmisión sexual pueden ser responsables de infecciones urinarias”, añade Rijo.

Tratar la infección de orina en hombres y mujeres también es diferente. “El tratamiento agudo consiste en antibióticos y, a diferencia de las mujeres, cuyos tratamientos son unidosis o cortos (una semana)”, señala, “en los hombres son de mayor duración, de entre 14 y 21 días, ya que el tejido de la próstata resiste la penetración de los antibióticos”.

Resuelta la infección, se realiza un tacto rectal para palpar la próstata, una ecografía para medir el tamaño de la glándula prostática, flujometría (prueba para medir el flujo de orina y descartar la obstrucción) y una analítica para descartar el cáncer.

“Debe tratarse el origen”, concluye Rijo: “En algunos casos, es necesario la cirugía (abierta, con láser…), de acuerdo al grado de obstrucción y del tamaño de la próstata. Todos los hombres que han presentado una infección urinaria deben acudir al urólogo para realizar un estudio”.

FuenteEl País

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