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¿La neuropatía autónoma puede ser consecuencia de la quimioterapia?

Estimada Mayo Clinic:

Después de seis meses de quimioterapia, desarrollé neuropatía autónoma. Hace unos meses, terminé la quimioterapia, pero la neuropatía todavía no pasa. ¿Existe la posibilidad de que esto sea permanente?

Respuesta:

La neuropatía autónoma puede ser un efecto secundario raro de ciertos fármacos de la quimioterapia. Debido a que es raro y a que la neuropatía autónoma tiene muchas causas, su médico debe evaluar la situación para garantizar que los síntomas no sean por otra causa.

La neuropatía periférica que conduce a entumecimiento, hormigueo y dolor en las manos y los pies, se relaciona con los medicamentos de la quimioterapia mucho más frecuentemente que la neuropatía autónoma. Cuando la neuropatía periférica se desarrolla a consecuencia de la quimioterapia, los síntomas normalmente desaparecen en el transcurso de varios meses después de terminado el tratamiento; aunque, a veces, lleva más tiempo.

A pesar de ser raro, algunos casos de neuropatía periférica causada por la quimioterapia pueden durar años, o incluso ser permanentes, pero existen tratamientos para controlar los síntomas.

Algunos fármacos para quimioterapia pueden causar neuropatía, mientras que otros no. Incluso con los fármacos conocidos por su posible toxicidad para los nervios, solo alrededor de 30% de los pacientes que los reciben desarrollan neuropatía periférica debido al tratamiento. No obstante, una de las principales razones para restringir la cantidad de quimioterapia que se administra a una persona es el riesgo de desarrollar neuropatía.

A pesar de ser menos común que la neuropatía periférica, la neuropatía autónoma también puede desarrollarse como resultado de la quimioterapia. La neuropatía autónoma ocurre cuando los nervios que controlan las funciones corporales involuntarias sufren daños. Esos nervios dañados interfieren con los mensajes enviados entre el cerebro y otras partes del sistema nervioso autónomo, tal como el corazón, los vasos sanguíneos y las glándulas sudoríparas.

La neuropatía autónoma puede afectar a la presión arterial, a la capacidad corporal de controlar la temperatura, a la digestión, a la función vesical y la función sexual. Los síntomas específicos de la persona que padece el trastorno dependen de cuáles nervios sufren daños.

Algunas personas con neuropatía autónoma pueden sentir mareos al ponerse de pie y posiblemente también presenten intolerancia al ejercicio, afección en la que la frecuencia cardíaca no se ajusta correctamente en respuesta al mayor nivel de actividad.

Las personas con neuropatía autónoma pueden igualmente desarrollar alteraciones en los patrones de sudoración o un dolor ardiente en las manos o los pies. Asimismo, pueden tener dificultad para vaciar la vejiga o sufrir de incontinencia urinaria. Otro resultado de la neuropatía autónoma son las dificultades sexuales, lo que incluye problemas para alcanzar o mantener una erección o con la eyaculación en los hombres y de sequedad vaginal o dificultad para alcanzar el orgasmo en las mujeres.

Los cambios en la función digestiva debidos a la neuropatía autónoma pueden conducir a síntomas como llenura después de pocos bocados de comida, pérdida del apetito, diarrea, estreñimiento, distensión abdominal, náusea, vómito, dificultad para tragar y acidez estomacal.

En las personas que presentan neuropatía autónoma debido a la quimioterapia, los síntomas normalmente se desarrollan de forma gradual durante el curso del tratamiento y una vez terminada la quimioterapia, pueden continuar o empeorar por varias semanas. En muchos casos, los síntomas empiezan a mejorar después de finalizado el tratamiento, aunque su desaparición completa puede demorar varios meses.

El tratamiento ayuda a controlar los síntomas. El tratamiento específico que se necesite depende del lugar corporal que esté más afectado por la neuropatía autónoma. Los medicamentos generalmente sirven para controlar los síntomas. Además, realizar cambios en el estilo de vida, como hacer ejercicio, modificar la alimentación y aumentar la ingesta de líquidos también pueden ayudar.

Permanezca en contacto con su médico y asegúrese de que ese profesional sepa que usted presenta síntomas de neuropatía autónoma. Si los síntomas continúan, vale la pena que consulte con un neurólogo para confirmar el diagnóstico y hablar sobre la posibilidad de otras alternativas de tratamiento.

FuenteMayo Clinic

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