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Identifican el primer gen responsable del desarrollo de la esclerosis múltiple

ESCLEROSIS

La esclerosis múltiple es una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por la destrucción por el sistema inmune de la capa de mielina que protege las neuronas. Una enfermedad que padecen cerca de 46.000 españoles –y hasta 2,3 millones de personas en todo el mundo–, principalmente mujeres, y cuya causa aún no ha podido ser establecida. De hecho, y dado que los últimos descubrimientos apuntan a una importancia cada vez mayor de los factores ambientales, algunos científicos han comenzado a dudar de que la enfermedad tenga un origen genético. Sin embargo, investigadores de la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver (Canadá) han logrado identificar el primer gen asociado a la esclerosis múltiple, constatando así que la enfermedad es, cuando menos en algunas de sus formas, hereditaria.

Como destaca Carles Vilariño-Güell, co-autor de esta investigación publicada en la revista Neuron, «este hallazgo es fundamental para nuestra comprensión de la esclerosis múltiple. Hasta ahora hemos sabido muy poco sobre los procesos biológicos que dan lugar a la aparición de la enfermedad, pero nuestro hallazgo tiene un potencial enorme para el desarrollo de nuevos tratamientos dirigidos a sus causas subyacentes, que no solo son los síntomas».

Las evidencias alcanzadas hasta el momento apuntaban que en torno a un 10-15% de los casos de esclerosis múltiple tenían un componente hereditario. Sin embargo, ningún estudio había sido capaz de identificar un solo gen relacionado con un mayor riesgo de aparición de la enfermedad.

Para llevar a cabo el nuevo estudio, los autores analizaron los datos del Proyecto Colaborativo Canadiense sobre la Susceptibilidad Genética para la Esclerosis Múltiple, trabajo en cuyo registro se almacena la información genética de más de 2.000 familias canadienses. Más concretamente, los investigadores se centraron en una familia que presentaba 5 casos de esclerosis múltiple en solo 2 generaciones, lo que permitió identificar la presencia de una mutación –en el gen ‘NR1H3’– relacionada con la enfermedad.

Posteriormente, los autores identificaron en la base de datos una segunda familia en la que también hubiera varios miembros con la enfermedad. Y una vez analizaron su información genética, volvieron a encontrar la misma mutación en el gen ‘NR1H3’. De hecho, todos los miembros de ambas familias que habían desarrollado esclerosis múltiple y presentaban la mutación padecían la forma progresiva de la enfermedad –es decir, esclerosis múltiple progresiva, en la que la neurodegeneración se produce de una forma rápida y para hoy en día no existe ningún tratamiento.

Finalmente, los investigadores utilizaron un modelo animal –ratones– genéticamente modificado para carecer del gen ‘NR1H3’. Y de acuerdo con los resultados, estos animales ‘knockout’ para el gen presentaban graves problemas neurológicos, incluido un notable descenso en la producción de mielina.

Como apunta Weihong Song, «la mutación ocasiona una pérdida de la funcionalidad de la proteína expresada por este gen ‘NR1H3’, llamada LXRA y que junto a otras proteínas de la misma familia controlan la transcripción de genes implicados en la homeostasis lipídica, la inflamación y la inmunidad innata. Y nuestros resultados muestran de forma clara que esta mutación tiene consecuencias en términos biológicos, así como que la proteína LXRA defectuosa conlleva al desarrollo de la esclerosis familiar».

Pero, si muchos de los miembros de las 2 familias evaluadas tenían esta mutación asociada a la esclerosis múltiple, ¿por qué no todos desarrollaron la enfermedad? Pues porque no se trata solo de los genes. También debe haber algún factor de riesgo ambiental que, todavía no identificado, desencadene su aparición.

Como refiere Carles Vilariño-Güell, «esta mutación coloca a la gente, por decirlo de alguna manera, al borde del precipicio. Pero todavía hay algo más que debe darles el ‘empujón’, que ponga el proceso de la enfermedad en marcha».

Sea como fuere, el riesgo de esclerosis múltiple que presentan las personas con esta mutación es muy significativo, cuando no crítico. Y es que como indican los autores, «la población portadora de esta mutación tienen un 70% de probabilidad de desarrollar la enfermedad». Además, la mutación, presente en hasta 1 de cada 1.000 pacientes con esclerosis múltiple, se asocia no con la forma remitente-recurrente de la enfermedad, mucho más común, sino con la forma progresiva, mucho más dañina y mortal.

Sin embargo, no todo son malas noticias. Una vez identificado el gen, es posible detectar a los portadores y tratar de evitar que desarrollen la enfermedad. Como concluye Anthony Traboulsee, co-autor de la investigación, «si una persona porta este gen, su detección nos ofrece una oportunidad precoz para ‘lanzar’ todo lo que tengamos contra la enfermedad con el objetivo de ralentizarla o, incluso, detenerla. Y hasta ahora no teníamos mucha base para hacerlo».

Fuente: ABC.ES

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