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¿Eres dependiente al correo electrónico? ¿Qué tan malo podría ser?

Esta es una pregunta complicada. Aunque los investigadores han encontrado una correlación entre lidiar con el correo electrónico y el malestar (por ejemplo, sentirse estresado o emocionalmente agotado), esto no significa que el correo en sí mismo sea el culpable, tal vez es un horario de mucho trabajo lo que causa el estrés.

Existe otra posibilidad: ¿Acaso la frecuencia con la que revisas tu correo es la que podría causarte estrés? Después de todo, 3/4 de los trabajadores informan que contestan un correo una hora o menos después de haberlo recibido.

Esa pregunta motivó a investigadores a diseñar un experimento de campo durante dos semanas, cuyos resultados aparecerán en la edición de febrero de la revista Computers in Human Behavior.

Reclutaron una muestra de 124 adultos desde estudiantes y profesores hasta médicos y empleados de sistemas. Durante la primera semana del estudio, le pidieron a la mitad de los participantes (escogidos al azar) que revisaran su correo electrónico tan a menudo como pudieran todos los días, manteniendo sus bandejas de entrada abiertas y las notificaciones activadas.

Por otra parte, a los otros se les solicitó que revisaran su correo solo tres veces al día, manteniendo la bandeja de entrada cerrada y desactivando las notificaciones.

Durante la segunda semana invirtieron las instrucciones, de manera que quienes usaban más el correo ahora lo usarán menos y viceversa. Este diseño permitió comparar qué tan estresadas se sentían las mismas personas cuando revisaban más su correo, en comparación con cuando lo hacían menos.

Al final de cada uno de los días laborales, los participantes registraban cómo había sido su jornada en un rango amplio de mediciones. Para evaluar el estrés les preguntamos, por ejemplo: ¿Con qué frecuencia se sentían incapaces de controlar las cosas importantes de su vida? y ¿Qué tan a menudo les parecía difícil lidiar con todo lo que debían hacer ese día?

Aunque lo único que cambió en la vida de los participantes era la frecuencia con que revisaban su correo electrónico, observaron una reducción significativa del estrés cuando lo revisaban con menos frecuencia.

¿Cuánto menos estrés sentía la gente durante la semana de correo al mínimo en comparación con la semana de correo al máximo? La reducción de su estrés fue casi tan alta como el beneficio que obtienen las personas cuando aprenden técnicas de relajación (por ejemplo, respirar profundo o visualizar imágenes de tranquilidad).

En otras palabras, minimizar el uso del correo electrónico puede reducir el estrés en la misma medida que imaginarse a uno mismo nadando en las cálidas aguas de una isla tropical varias veces al día.

Revisar el correo con menor frecuencia puede reducir el estrés porque minimiza la necesidad de cambiar de tareas. Una desafortunada limitación de la mente humana es que no puede llevar a cabo dos actividades demandantes de manera simultánea, así que ir y venir de una a otra tarea distinta debilita los recursos cognitivos.

Como resultado, la gente puede volverse menos eficiente en cada una de las tareas que debe realizar. Además de proporcionar una fuente inagotable de nuevas obligaciones para nuestra lista de cosas por hacer, el correo electrónico también podría afectar nuestra eficiencia.

Sin embargo, para algunas personas revisar el correo electrónico con menos frecuencia simplemente no es una opción. Es muy probable que el corredor de bolsa que se pierde de un trato de un millón de dólares por no atender su correo se sienta más estresado que relajado.

Dicho eso, la mayoría quizá revisemos nuestro correo con más frecuencia de la que realmente se necesita para hacer nuestro trabajo. Una encuesta reciente encontró que el 55% de los trabajadores dijeron revisar su correo después de las 11:00 pm, y el 6% declaró revisarlo mientras sus esposas estaban dando a luz.

Lejos de ofrecer una cifra máxima que funcione para todos, nuestros hallazgos sólo sugieren que vale la pena hacer un esfuerzo por cerrar la brecha entre la necesidad y la compulsión.

FuenteThe New York Times ES

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