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Burnout o síndrome de desgaste profesional

Durante el comienzo de la década de los setenta, Herbert Freudenberger, psicólogo americano, fue el primero en utilizar el término “burnout” en el sentido de “desgaste profesional”

El sistema de salud no se escapa del mundo cambiante, exigente y competitivo, -en conclusión más estresante- que se vive hoy. A este sector se le suman, además, múltiples factores propios de las profesiones sanitarias que conllevan a hacer de esta comunidad un grupo con alta incidencia de desgaste profesional.

Durante el comienzo de la década de los setenta, Herbert Freudenberger,  psicólogo americano, fue el primero en utilizar el término “burnout” en el sentido de “desgaste profesional”. Investigó y estudió a un grupo de jóvenes voluntarios que trabajaban con toxicómanos en el Free Clinic en Nueva York (EE.UU).

En este centro de salud, Freudenberger, observó un deterioro en el desempeño de las actividades asistenciales, aspectos que posteriormente desarrollaría en su artículo “Staff Burnout”, en cuyo texto avanza en una primera aproximación sobre el síndrome.  En este texto, lo define como: “una sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada que resultaba de una sobrecarga por exigencias de energías, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador.” (Freudenberger, 1974).

Sin embargo, fue Christina Maslach (psicóloga estadounidense), quien definió  el concepto actual y hasta ahora en mayor uso: “Respuesta al estrés laboral crónico,  integrada por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado.” (Maslach, 1982).

De esta manera, describe las tres dimensiones componentes del síndrome:

1.- Despersonalización desadaptativa: Falta de sensibilidad y dureza, actitud crítica y sarcástica, uso de etiquetas despectivas, hacer sentir culpable a los demás, ideación de perjuicio.

2.- Baja realización personal en el trabajo: Disminución de la autoestima, sentimiento de incompetencia profesional, falta de satisfacción laboral, conflictos entre compañeros y superiores, evitación del contacto interpersonal.

3.- Agotamiento emocional y físico: No poder dar más de sí mismo, irritabilidad, ansiedad.

Para Maslach, este síndrome se produce exclusivamente en las profesiones de ayuda. Así, se debe tomar en cuenta que el prestar cuidados está asociado a múltiples factores causales que pueden generar “burnout”. Tal es el caso del trabajo de los oncólogos, entre los cuales podemos mencionar: continuo contacto con el sufrimiento, enfrentamiento con la muerte, ambigüedad de roles (cumplir diferentes demandas en un tiempo limitado),  sensación permanente de fracaso ante el bajo índice de remisión y cura en este tipo de pacientes, presión social de pacientes y familiares con expectativas irreales de remisión y de cura.

Además de estos factores, se suman posibles problemas de comunicación: debido a la falta de habilidades sociales del médico y/o paciente, características del mensaje (malas noticias) o por la necesidad de comunicarse con terceros interlocutores como los familiares del paciente.

Unas inadecuadas estrategias de auto-cuidado hacen más proclive a los profesionales el hecho de padecer desgaste profesional y por lo tanto se ve afectada la calidad de su trabajo.

Técnicas asertivas para su prevención

Para prevenir la aparición de este síndrome, el entrenamiento en técnicas de asertividad y comunicación es fundamental, así como la formación en la identificación de las propias emociones y elaboración de los propios duelos. Esto permitirá tomar una distancia emocional adecuada ante el paciente y evitar una excesiva identificación con el mismo o un distanciamiento excesivo.

El ajuste de las expectativas profesionales, también es un aspecto a trabajar, ya que al hacerlas más adaptativas y reales, proporciona mayor sensación de control. Esta postura se traduce en un mejor uso de los propios recursos.

El equilibrio en las diferentes áreas de la vida, debe estar presente, tomándose tiempo para sí mismo, liberando tensión con actividades gratificantes fuera del entorno laboral y entrenándose en técnicas reductoras del estrés (relajación, respiración, visualización, yoga).

Unos rígidos esquemas mentales acerca del autoconcepto profesional  y de la relación médico-paciente pueden generar desgaste. Ideas irracionales del tipo: “es una catástrofe cuando las cosas no van como los pacientes y la organización consideran que deben ir”, o “el médico puede solucionar todos mis problemas, incluso mis problemas sociales”, añaden cargas adicionales al rol e incrementan la sensación de ineficacia y soledad en el mismo.

Es relevante la integración con el equipo profesional, manteniendo reuniones constantes, discusión de casos difíciles y delegando las problemáticas de otra índole que pueden ser manejadas por otros profesionales sanitarios como los trabajadores sociales, psicólogos y personal de enfermería.

Referencias bibliográficas:

-Freudenberger, H. J. (1974) Staff Burnout. Journal of Social Issues; 30: 159-166

-Gálvez, M., Moreno, B. y Mingote, J.C. (2009) El desgaste profesional del médico: Revisión de buenas prácticas. Madrid: Díaz de Santos.

-González, M., Lacasta; M.A. y Ordónez, A. (2008) El síndrome de agotamiento profesional en oncología. Madrid: Panamericana.

-Maslach, C. (1982) Understanding burnout. En Payne S, editor. Job Stress and Burnout. Londres: Stage.

Acerca de Lic. Liana Pérez

Lic. Liana Pérez
Licenciada en Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello. Magister Scientiarum en Psicooncología, mención de Excelencia en la Universidad Complutense de Madrid. Experiencia en atención a pacientes oncológicos hospitalizados así como a sus familiares, en centros de salud públicos y privados en España y Venezuela, con el enfoque cognitivo-conductual y del modelo de counselling. Docente en el 1er. Diplomado Avanzado en Psico-oncología en la Universidad Metropolitana. Miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Psicooncología.

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