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Apoyo integral al paciente con linfoma y leucemia

Dados los avances en el conocimiento de las repercusiones del diagnóstico de cáncer a nivel emocional, familiar e interpersonal surge una sub-especialidad de la oncología: llamada psicooncología

linfoma apoyo psicológico620x340Por: Liana Pérez, psicóloga

El diagnóstico de una enfermedad oncohematológica y sus tratamientos conllevan a múltiples cambios en la vida del paciente y su familia.  Esa  interrupción en la trayectoria de vida puede causar graves consecuencias físicas  y trastornos psicológicos.

Actualmente, dados los avances en el conocimiento de las repercusiones del diagnóstico de cáncer a nivel emocional, familiar e interpersonal surge una subespecialidad de la oncología, llamada psicooncología que se ocupa de estudiar:

(a) Las respuestas emocionales de los pacientes en cada etapa de la enfermedad oncológica, de sus familiares y del personal sanitario

(b) Los factores psicológicos, sociales y comportamentales que afectan el desarrollo y la evolución en la enfermedad

De esta manera, para prestar una atención eficaz al paciente es necesario un enfoque que se caracterice por ser:

(a) Multidimensional, se refiere al modelo de atención biopsicosocial que procura una atención integral con una visión globalizada, comprendiendo a la persona enferma en su realidad total.

(b) Interdisciplinar, consiste en lograr una atención con la participación de diferentes profesionales, con distintos modelos teóricos de intervención y desde múltiples perspectivas de la realidad, con la finalidad de lograr un cuidado holístico del paciente y su familia. Por ejemplo, Médico Oncólogo, Trabajador Social, Psicooncólogo, entre otros.

(c) Individualizado, se refiere a la valoración que realizan los pacientes sobre la satisfacción con su nivel de funcionamiento actual comparándolo con el que ellos creían como posible o ideal.

La atención integral toma en consideración todas las fases de la enfermedad oncológica cubriendo desde el diagnóstico, abarcando el tratamiento y llegando a los cuidados paliativos. Por lo tanto, los cuidados continuos son aplicables a lo largo de todo el proceso evolutivo del tratamiento y sus diferentes etapas.

FASE DE DIAGNÓSTICO

Durante la fase de diagnóstico, es de importancia conocer que la incertidumbre se ve agravada por un pronóstico incierto, por lo que el primer objetivo es recuperar el equilibrio emocional. Para ello, es necesaria la preparación de una entrevista de “acogida”, en cuyo encuentro se invita al paciente y a la familia, se evalúa la presencia o no de “conspiración al silencio”, proporcionándole un entorno de confianza, indagando lo que sabe de la situación y lo que ha entendido, y posteriormente se le facilita información adaptada al ritmo del paciente, identificando temores y preocupaciones.

La “conspiración al silencio” se define como una alteración de la información con acuerdo implícito o explícito de negar la situación del enfermo al propio enfermo. Existen dos tipo de “conspiraciones”: una adaptativa, el paciente evita la información o la niega y otra desadaptativa, el paciente quiere conocer su situación, pero la familia no quiere que se le proporcione.

Es importante que el profesional de la salud conozca la reacción desadaptativa en la familia, ya que debe respetar el tiempo de la misma en el manejo de la información y de esta manera caminar al compás y evitar estresores adicionales.

Posterior a ello, el paciente ingresa a la etapa de tratamiento en cuyo caso debe enfrentarse a otros estresores como son los efectos físicos y psicológicos que repercuten en su calidad de vida.

LA ANSIEDAD Y LA INCERTIDUMBRE

Debido a los múltiples efectos secundarios y a las características agresivas del tratamiento oncológico, en esta fase una de nuestras funciones es disminuir la ansiedad originada –generalmente- por el significado cultural que se le atribuyen a estos tratamientos y a la constante incertidumbre causada por el cuestionamiento acerca de la efectividad del tratamiento.

En esta línea, se trata de evaluar y promover mecanismos de afrontamiento adecuados a los cambios a los que se deberán enfrentar el paciente y su familia.  Algunos ejemplos: buscar redes de apoyo, promover la ventilación emocional, trabajar la autoestima, autoconcepto, autoimagen y la adaptación a la situación actual. Para lograr estos objetivos, se utilizan recursos psico-educativos, normalizando y evitando una ruptura brusca con la vida cotidiana.

Como sabe, el tratamiento produce cambios en la apariencia física de la persona que resultan, en ocasiones, difíciles de aceptar debido a la importancia de la estética en la sociedad. El papel del psicólogo a este nivel es relevante ya que el sistema sanitario, centrado en el análisis de costos-beneficios, enfatiza en la recuperación física del enfermo oncológico, ofreciendo escasas oportunidades para comprender junto al paciente el significado que la enfermedad impuso en sus cuerpos.

Aunque en un primer momento la intención del personal médico oncológico es curar, lo cierto es que por diversas variables, este objetivo muchas veces no es posible. Así, cuando la curación no es el objetivo se trata de dilatar los intervalos libres de enfermedad, mejorar la calidad de vida y aliviar los síntomas. En este caso, el papel del psicooncólogo se centra en detectar y suplir las necesidades psicológicas de la persona cuya condición física no admite ser curada y proporcionar tratamiento de soporte a nivel afectivo, emocional, desarrollando y manteniendo habilidades que le permitan trabajar por un buen vivir y eventualmente, por un buen morir a través de la elaboración del duelo tanto a nivel del paciente como de sus familiares y allegados.

Entre los tratamientos psicológicos utilizados con mayor frecuencia en todas las fases de la enfermedad se pueden mencionar:

  • Psicoeducación: consejo psicológico y orientación sobre estrategias para superar problemas de información y necesidades de comunicación y emocionales. Imprescindible la técnica del counselling.
  • Control de los estados de ánimo negativos: ansiedad, depresión, hostilidad, sentimientos de culpa, aislamiento, negación. Identificar emociones negativas, expresarlas. Estrategias para afrontarlas.
  • Tratamiento de trastornos asociados al cambio en la imagen corporal.
  • Solución de problemas y planificación de actividades.
  • Tratamiento grupal: tanto para los familiares como para los pacientes. Esta modalidad permite compartir experiencias, disminuir la sensación de indefensión y explorar recursos.
  • Intervención familiar y psico-educación: estrategias de ayuda y comunicación con el paciente. Afrontamiento de estados emocionales negativos. Resolución de problemas de la vida diaria.

Es importante mencionar que para realizar cualquier tipo de intervención con el paciente se deben controlar los síntomas físicos (como primordial el dolor).  Una vez realizado, es cuando el paciente se encuentra en posición de involucrarse en la intervención e identificar los asuntos que desea mejorar, así como asumir los temores más profundos y tratar de enfrentarlos, promoviendo una manera más adaptativa de confrontar la situación que vive.

 

Acerca de Liana Pérez, psicóloga

Licenciada en Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello. Magister Scientiarum en Psicooncología, mención de Excelencia en la Universidad Complutense de Madrid. Experiencia en atención a pacientes oncológicos hospitalizados así como a sus familiares, en centros de salud públicos y privados en España y Venezuela, con el enfoque cognitivo-conductual y del modelo de counselling. Docente en el 1er. Diplomado Avanzado en Psico-oncología en la Universidad Metropolitana. Miembro fundador de la Sociedad Venezolana de Psicooncología.
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