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A propósito del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Cuello Uterino

Independientemente de la prueba utilizada, la clave de un programa eficaz es llegar a la mayor proporción de mujeres con programas de cribado y tratamiento de calidad / Por Pedro Faneite

La Organización Mundial de la Salud (OMS) en su nota descriptiva 297 del mes pasado expresa que el cáncer en general es una de las principales causas de muerte en todo el mundo.

En 2012 hubo 8,2 millones de defunciones,  más del 60% de los nuevos casos anuales totales del mundo se producen en África, Asia, América Central y Sudamérica.

En estas regiones suceden el 70% de las muertes por cáncer por infecciones víricas en el mundo l, tales como  las hepatitis B (VHB) y C (VHC), o por el virus papiloma humano (VPH), ellos  son responsables de hasta un 20% de las muertes por cáncer en los países de ingresos bajos y medios.

Lamentablemente, se prevé que los casos anuales de cáncer aumentarán de 14 millones en 2012 a 22 millones en las próximas dos décadas. Enfatizan, que el cáncer cervico-uterino, causado por VPH, es una de las principales causas de defunción  en las mujeres de países de ingresos bajos, alcanza cifras cercanas a medio millón de mujeres.  (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs297/es/)

La mortalidad por cáncer del cuello uterino (C53), en los Anuarios de Mortalidad del Ministerio del Poder Popular para la Salud de Venezuela en los años 2009, 2010 y el 2011 -este último publicado hace dos meses-  muestran cifras ascendentes que van de 1199, 1238 y 1331 respectivamente ). Estas estadísticas están acordes con las estimaciones referidas anteriormente por la OMS. (http://www.mpps.gob.ve/index.php?option=com_phocadownload&view=category&id=11:anuarios-de-mortalidad&Itemid=915.)

Ahora bien, ¿cómo se puede reducir esta pesada carga por el cáncer del cuello uterino?

Se sabe mucho acerca de las causas de este cáncer y las intervenciones para prevenirlo y tratarlo. Es posible reducirlo y controlarlo aplicando estrategias con base científica destinadas a la prevención de la enfermedad, así como a la detección temprana y al tratamiento adecuado.

Más del 30% de las defunciones podrían evitarse modificando o evitando los principales factores de riesgo, como hábitos sexuales sanos, evitando la promiscuidad y en consecuencia  las infecciones por VPH.

Las estrategias de prevención deben incluir a los jóvenes que en nuestro país han iniciado vida sexual a temprana edad. Estamos ante una entidad que no da  signos y síntomas iniciales para facilitar el diagnóstico y el tratamiento antes de que la enfermedad alcance una fase avanzada. Por ello, los programas de diagnóstico temprano son particularmente importantes en entornos con pocos recursos.

A nivel mundial la estrategia de primera línea es el empleo de  la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH),  29 de 35 países miembros de la Organización Panamericana de la Salud ya la han incluido en su política de Salud Pública,  seis de esos países: Canadá, México, Panamá y Argentina, la ofrecen de forma gratuita y masiva. Venezuela está a la espera de la implementación de este importante y vital recurso preventivo.

Si bien el VPH es una enfermedad de transmisión sexual muy común, de la cual se conocen más de 100 tipos virales, hay 13 que son considerados de alto riesgo para el desarrollo de cáncer; estas  vacunas previenen los serotipos más agresivos u oncogénicos 16 y 18; hay estudios recientes que señalan que es muy probable que no se necesiten las tres dosis recomendadas para tener un efecto importante y duradero, lo cual abarataría los programas y facilitaría su implementación.

La segunda línea de acción se refiere al cribado, pesquisa o tamizaje,  que consiste en someter a pruebas diagnósticas a todas las mujeres anualmente, y en particular las de mayor  riesgo de padecer cáncer cervico-uterino, la mayoría de las cuales no presentaran ningún síntoma.

La finalidad es detectar cambios precancerosos en el cuello del útero que pueden provocar cáncer si no se dispensa el debido tratamiento. El cribado solo es eficaz si existe un sistema bien organizado de seguimiento y tratamiento.

Las mujeres a las que se detectan anomalías necesitan seguimiento, diagnóstico y –quizá- tratamiento, para evitar que el cáncer se desarrolle o para tratarlo en una fase inicial. Para detectar el cáncer del cuello del útero pueden utilizarse varias pruebas diagnósticas.

La prueba de Papanicolaou (citología), es la única que se ha utilizado en grandes grupos de población y se ha demostrado que reduce la incidencia de cáncer cervico-uterino y la mortalidad derivada. Otras pruebas, como la inspección visual con ácido acético o con solución de Lugol, o la detección del virus del papiloma humano son prometedoras pero todavía no se dispone de datos probatorios comparables de su eficacia. Se están realizando estudios de gran alcance sobre este tema.

Independientemente de la prueba utilizada, la clave de un programa eficaz es llegar a la mayor proporción de mujeres con programas de cribado y tratamiento de calidad. Lo entendemos como acciones organizadas, dirigidas por personal capacitado, evaluaciones periódicas y apoyo técnico permanente. (http://www.who.int/cancer/detection/cytologyscreen/es/)

Acerca de Pedro Faneite

Ginecobstetra-Perinatólogo. Prof. Titular Universidad de Carabobo. Miembro Correspondiente de la Academia de Medicina del Zulia- Venezuela. Miembro Correspondiente Nacional Academia de Medicina de Venezuela. Presidente Sociedad Obstetricia y Ginecología Venezuela 2008-2010. Vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Obstetricia y Ginecología. Publicaciones: 2 libros, 12 capítulos libros, 144 trabajos publicados en revistas nacionales e internacionales. Tres Premios Científicos Nacionales: Dr. Pastor Oropeza (MSAS), Dr. Luis Razetti (FMV) y SOGV.
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